La una y media de la madrugada. Héctor regresaba del trabajo. Abría
la puerta de su domicilio con todo cuidado para no hacer ruido. El
comedor estaba desierto. En la habitación de invitados, solo una cama
ocupada por Charo.
–ya
ves, ayer le tocó a su madre y hoy a su hermana, mañana lo mismo le toca dormir
con Ángela a Julia.
Podía hacer varias cosas:
¿Acostarse en la cama de al lado
de su suegra? como que no. ¿Bajarse a la
caravana y estar tranquilo hasta el medio día? pero provocaría un mal rollo
innecesario. Habría que quedarse con la
tercera opción. Coger con sigilo el edredón de la cama no ocupada y al sofá.
Dejó la ropa doblada sobre el respaldo y se
enrolló cabeza y todo para que la claridad de la mañana no le molestase.
El reloj digital del equipo de música
mostraba las tres y diecisiete. Una mano templada, con suavidad destapaba su
rostro y unos labios después de besar los suyos le susurraban en el oído: pero
que haces aquí tontorrón.
Héctor.- ¿qué haces despierta?
Ángela.- he ido a abrazarte y allí en tu lado no había nadie
Héctor.- ¿y tu hermana?
Ángela.- vamos a la cama.
Carolina se queda a dormir con Julia, así le hace compañía y se levantan
juntas para ir a la tienda
Héctor.- ¿qué tal mi padre?
Ángela.- Ernesto, como siempre. Haciéndose el duro pero cuando me ha abrazado
no podía disimular los pucheros.
Héctor.- ¿se habrán quedado a cenar?
Ángela.- que va, ya sabes que es un caga prisas, enseguida le
ha dado la bobada y ha empezado a
protestar, que si a él no le gusta conducir de noche, que si tenía que madrugar
mañana, ya sabes como es.
Héctor.- que a gusto, por fin en nuestra cama
Ángela.- abrázame que me he quedado helada
Héctor.- ¿como está esa barriguita mía?
Ángela.- un poco más gordita que ayer, ja, ja,
Héctor.- pero que guapa estás, te quiero tanto
Ángela.- y que se te ocurra no quererme
Héctor.- hasta mañana cariño
Ángela.- duerme mi chiquitín, que vendrás cansado
La nueva vida seguiría creciendo con
normalidad.
La
imagen de la primera ecografía se utilizaba luminosa como salvapantallas en el
ordenador. Todo el tiempo del mundo
estaba dedicado al cuidado exhaustivo de aquel pequeño ser y de la persona que
lo portaba en su vientre.
Una noche del quinto mes de gestación,
Ángela notó como alguien le acariciaba con mucho mimo alrededor del
ombligo. Abrió lentamente las pestañas y
allí estaba ella, Clara, arrodillada junto a la cama. Hablándole bajito a su
pequeño bebé.
Clara.- hola Ángela, soy yo
Ángela.- ¿qué haces aquí?
Clara.- disfrutando un momento de vuestra felicidad
Ángela.- que guapa eres
Clara.- no estés nerviosa, todo va a salir bien
Ángela.- algo me dice que sí.
Si es niña, habíamos pensado en llamarla como tú
Clara.- me encantaría y que no se os olvide ir a enseñarle
la niña a mis padres
Ángela.- por supuesto, a tus padres y a ti
Clara.- claro, claro.
Bueno me tengo que ir
Ángela.- ¿no me vas a dar un beso?
Clara.- sí que te lo doy, voy a darle otro a Héctor antes
de marchar
Ángela.- adiós preciosa. –Pareció difuminarse su silueta a través
de la persiana entreabierta del balcón--.
--- Él, abrió los ojos entre sueños--.
Héctor.-
¿qué pasa?
Ángela.- Ssss. No
pasa nada, ha sido Clara
Héctor.- ¿Clara? ¿Qué dices? –parpadeando y agitando la cabeza para
despertar
Ángela.- despierta que te cuento
Héctor.- ya, ya estoy despierto ¿qué ha pasado ahora?
Ángela.- me he despertado y Clara estaba acariciándome la
tripita. Hemos hablado un rato, me ha
dicho que todo va a salir bien. Antes
de irse se ha acercado a tu lado de la cama para darte un beso y el roce de sus
labios te ha despertado
Héctor.- que pena no haber despertado antes
Ángela.- le he dicho que si es niña le pondríamos su nombre y
me ha dicho que no se nos olvide ir a enseñársela a sus padres
Héctor.- tienes razón. Antes de irse a casa aquella noche, el padre
me pidió que por favor volviéramos por las mismas fechas otra vez, que nos estarían esperando
Ángela.- esa es la prueba de que es verdad, no estamos locos
Héctor.- pues claro que no estamos locos. Ahora a dormir
La sensación de tranquilidad que había
dejado la presencia de Clara en esa habitación era inmensa. Ahora
ella estaba segura de que todo iba a salir perfectamente y la nueva Clara los
iba a hacer muy felices.
Cada fin de semana se juntaba toda la
familia, la hora de comer del domingo era un tira y afloja continuo.
Charo.- pues deberíamos bautizarla en el pueblo
Amparo.- se va a llamar Claudia como mi abuela
Carolina.- no se os ocurra comprarle todo rosa
Julia.- mejor ponerle Julia como yo
Cada vez que alguien sugería algo, las
miradas se cruzaban desafiantes. Ya se
habían acostumbrado a aquella situación. Ellos, de vez en cuando con cualquier
pretexto, se levantaban de la mesa e iban a la cocina. Allí se abrazaban y se reían bajito. –Dijeran lo que dijeran, ellos harían lo que
les viniese en gana. Solo intervenían
para mediar cuando estuviera a punto de llegar la sangre al rio. Ella pronunciaba la frase mágica: ¡Ay, se está
moviendo! Todos se levantaban de sus
sillas y se acercaban con celeridad a ver si notaban algo y la conversación
anterior se olvidaba por completo.
Un
ratito de tranquilidad y otra vez, vuelta la borrica al trigo.
Llegó el momento de la última revisión,
faltaba solo una semana para la fecha fijada.
Satur.- Ángela,
habéis superado lo peor, ahora no podemos correr riesgos innecesarios. Luis y yo hemos estado viendo posibilidades y
creemos que deberías de ingresar esta misma tarde y así tenerte controlada en
todo momento.
Ángela.- pero si todo va a salir bien
Satur.- si ya lo sabemos que va a salir bien, pero que te
cuesta evitar cualquier eventualidad no deseada
Ángela.- mira que sois cagones, si estoy mejor que nunca
Héctor.- cariño, tienen razón. Que es una semana si nos queda toda una vida
por delante
Satur.- esta
niña ya es algo personal, solo por la guerra que nos has dado. Nos lo debes
Ángela.- me vais a hacer sentir culpable de no haber tenido
un bebé antes
Satur.- no, no, yo no he dicho eso
Ángela.- no intentes arreglarlo ahora. Vale me quedo
Satur.- pues esta tarde ingresas
Héctor.- por favor, decirle a la familia que en la
habitación, hasta el parto, excepto su marido solo se puede permanecer de cinco a siete de la tarde, para no
estresar a la niña. Que confíen en
ustedes es algo muy importante
Luis.- que cabrón. Perdón, se me ha escapado
Satur.- tampoco seré yo quien discuta lo dicho, pero
entiendo perfectamente a Héctor
Luis. - ja, ja, que así sea. Yo me encargo de hablar con
ellos
Héctor.- gracias, pero llévate el látigo o mejor una flauta
que la música amansa a las fieras
Ángela.- a que al final cobras y le digo a mi madre que se
quede ella
Héctor.- no le digas nada, prefiero cobrar
Ángela.- si se lo digo ibas a cobrar sí o sí
Luis.- vamos a lo que íbamos, esta tarde después de comer
paso yo por vuestra casa y de allí, a ingresar.
Satur.- hasta la tarde pareja

Ya se acerca la hora de parto. Que emoción.
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