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martes, 1 de octubre de 2013

Trenzas doradas 01


        Después de unas horas de viaje, desde la carretera vieron un sitio perfecto donde acampar con su caravana. Se desviaron por un camino entre chopos, hasta llegar a aquel idílico paraje.    Una vez aparcada y calzada la caravana correctamente, se disponían a pasar un agradable fin de semana  junto a la orilla de aquel lago.

     El clima mañanero a la solana de finales septiembre, les permitía disfrutar de una mañana de pesca.  Oyeron que algo se movía entre los matorrales, eran unos niños agazapados que los miraban.   Él, se incorporó con la única intención de saludarlos, pero echaron a correr despavoridos, como alma que lleva el diablo.

  Tras la comida una corta siesta a la sombra de los chopos, para más tarde deleitarse del paisaje en un largo paseo hasta la puesta de sol.

    Aquel lugar era una ensoñación para disfrutar del fin de semana.   El entorno era espectacular, el agua clara dejaba ver las piedras del fondo hasta donde ya no alcanza la vista.  Resultaba muy extraño que en un sitio tan chulo, a un kilometro escaso de un pueblo cercano, junto al cual pasaba una carretera con bastante tráfico, no hubiese más gente acampada.

   Después de una cena fría a base de embutidos y ensalada, se recostaron en las hamacas plegables observando el cielo, hablando de sus ilusiones, proyectos y deseos por cumplir.

   Allá a las dos, una suave brisa empezaba a recorrer la orilla del lago, era la hora de irse a dormir y descansar unas horas para levantarse pronto y aprovechar las horas de sol al máximo.

    La brisa poco a poco fue in crescendo, tanto que tuvieron que salir a recoger el toldo y las tumbonas por temor a que terminasen en medio del lago.    De pronto el aire paro, no se movían ni las hojas, la tranquilidad era tal vez excesiva.

   Ya acostados, ella se levantó un momento sin un porqué,  se asomó brevemente a la ventana y creyó ver algo o alguien que se movía.  Una silueta parecía salir del agua en dirección a unos arbustos al tiempo que un escalofrío recorría de arriba abajo toda su espalda.     Bueno tampoco es que le diera demasiada importancia, se abrazó a su marido y quedo de nuevo dormida.

    Ya con la luz del alba, él se levanto en silencio para ver si el airón de la noche había causado algún desperfecto y al tiempo examinar un poco los alrededores.

          A unos cien,  o ciento cincuenta metros, entre maleza y ramas caídas, le pareció ver algo raro, se acerco para ver que podía ser. Allí se encontraba una destartalada y corroída auto-caravana que parecía abandonada hacia tiempo, tanto por su estado como por las plantas y maraña que había crecido acumulandose a su alrededor y que casi la cubría por completo.

    Prepararon el desayuno y luego se entretuvieron un rato buscando piedras planas para lanzarlas contra la superficie del agua a ver quién era capaz de lograr más saltos con ellas.

    Debido a la proximidad del pueblo, fueron andando para comprar algunos alimentos para su estancia.  Según llegaron allí estaban los niños jugando, que nada más percatarse de su presencia se pusieron de nuevo a correr.    Las mujeres que estaban barriendo sus puertas, se metían en casa a su paso con la cabeza baja, sin mirarlos.

    Por fin un cartel: Supermercado.

    Al entrar el recibimiento fue un buenos días frio y distante.  Se dirigieron hacia las estanterías a coger lo que necesitaban.

    En una de ellas había una antigua lata de cola-cao de aquellas rectangulares de chapa; ella la cogió y la metió en el carrito, (estaría caducada pero lo más importante era la lata que le traía tantos recuerdos de su niñez).

   A la hora de pasar por caja, solo unas escuetas y necesarias frases por parte de la señora, y tras dejar el ticket sobre el mostrador:

.-.-  La lata se la regalo, ya tenía ganas de perderla de vista.

 

    Que desagradable era todo el mundo, no les extrañaba que allí no acampase nadie.   Al salir vieron que al fondo había otro cartel: BAR.   Pero decidieron ni acercarse, ya se harían ellos el café un su infernillo sin tener que ver malas caras.

    Siempre que abandonaban la caravana, tenían la manía de poner a su alrededor unos cuantos cachos de sedal para saber si alguien se había aproximado a merodear por allí; era cosa normal que algunos niños se acercasen a asomarse por las ventanas.   Ningún hilo parecía estar descolocado.   Entraron a colocar la compra dejando la caja de cacao en la mesita de la entrada;   se reían esperando ver la sorpresa de lo que dentro encontrarían, seguro un mazacote duro e indisoluble solo apto para comida que echar en cachitos a los peces.

     Un viento acelerado y ruidoso pasó junto a la puerta unos segundos.  El tiempo suficiente para desplazar bruscamente la lata al suelo, a unos metros de donde se encontraba.

    Por la ventana pudieron observar que los niños estaban de nuevo tras los arbustos y sin ninguna explicación aparente de pronto salieron corriendo, atemorizados, iban gritando:

.-.- ¡Está ahí!

    Salieron a ver qué pasaba, una niña de trenzas rubias había recogido la caja y la estaba posando sobre la mesita, solo los miró y se alejó orilla adelante caminando y sin mediar palabra.

Ella.- Qué guapa es, que cara más dulce, parece triste pero su mirada parecía alegrarse con nuestra presencia.

    Era temprano para comer, se acercaron a ver la caravana que él había encontrado a primera hora.    Los cristales de metacrilato eran tan opacaos que no permitían ver nada de su interior, la puerta estaba carrada, era una pena que alguien hubiese abandonado aquella bonita casita en aquel lugar.

     Cuando regresaron, alguien había estado allí, había cogido un vaso, el cartón de leche y una cuchara para hacerse un cacao con el contenido de la caja.    Allí había dejado el vaso manchado sobre la mesa junto a la bolsa recién abierta;   por su contenido parecían no haber pasado los años, permanecía en perfecto estado.   ¿Quién habría sido? ¿Tal vez la niña de las trenzas?  No les importó lo más mínimo, sus corazones se llenaron de ternura imaginando a aquella chiquilla con el vaso entre sus manitas y  berretes marrones cubriendo el labio superior. 

Él.- Hagámonos uno nosotros. 

   Tenía un sabor excelente, a cada sorbo cerraban los ojos y a su mente venían recuerdos de la niñez, de su casa, sus hermanos, la mirada de su madre con una sonrisa de felicidad al ver como los pequeños se relamían los labios al terminar.

     Cada uno comentaba sus recuerdos, eran tan parecidos, la sensación de aquel sabor no se olvidaba fácilmente, aunque ya hubiesen pasado tantos años.

    A media tarde les pareció ver a un matrimonio paseando cerca de la caravana abandonada.

     El suelo comenzó a temblar.   Las copas de los arboles parecían querer enredarse unas contra otras, pero no había viento.   El agua calmada del lago empezó a formar un bravío oleaje.

   Estaban tranquilos, como si no ocurriera nada.  Algo los indujo a volver la mirada hacia el otro lado y allí estaba la niña mirándolos, sin decir nada.    Muy lentamente ella se levantó, entró dentro y preparó un gran vaso de cacao para ofrecérselo a aquella preciosidad.

Niña.- ¿no tenéis miedo? (Mientras con la mirada agradecía aquella deliciosa merienda).

Él.- ¿miedo? ¿De qué?

Niña.- de mí

Ella.- de un ángel no se debe tener miedo

Niña.- ¿y por qué dices que soy un ángel?

Ella.- solo un ángel puede ser tan hermoso como tú

Niña.- gracias señora,   ¿y sus niños?

Él.- no tenemos niños, no podemos.  Ven siéntate con nosotros.

Niña.- ¿y nunca vais a poder tener niños?

Ella.- nunca; mi marido y yo lo hemos intentado todo, pero el resultado siempre ha sido negativo

Niña.- pues.... a mí no me importaría ser vuestra hija

Él.- pero tú ya tienes unos padres, y seguro que te quieren mucho

Niña.- sí, pero me gustaría marcharme de aquí, aquí nadie nos quiere

Ella.- es que esta gente es muy rara, peor para ellos

Él.- perdona un momento.  Yo me llamo Héctor, mi mujer Ángela,    ¿y tú?

Niña.- yo soy Clara

Él.- pues bien Clara, te hago un trato, esta noche os invitamos a cenar a ti y a tus padres, y seguimos hablando, que está anocheciendo y se van a preocupar si no estás en casa

Niña.- no se

Ella.- díselo, nos apetece conocerlos

Niña.- vale, pero no tengáis miedo

Él.- uuhhhh, que miedo, ja, ja, ja, ¿miedo de qué?

Ella.- hasta luego Clara, os esperamos

Él.- que niña más guapa y educada, ojalá pudiéramos tener una nosotros

Ella.- ya, pero no podemos

Él.- ¿y si adoptamos de una vez?

Ella.- tranquilo Héctor, disfrutemos de estos momentos de tranquilidad

Él.- tienes razón, perdona ¿pero?

Ella.- vamos, cobardica el último que se quite la ropa y se meta al lago

 Él.- vale, pero que sepas que estás loca

 Ella.- si ya lo sé, pero a ti, te gusta

  Se quitaron la ropa empujándose entre sí para hacerse caer, corrieron al agua, desnudos y cogidos de la mano.

 


4 comentarios:

  1. Buen comienzo. Intrigante. Qué pasa en ese pueblo? Jejejeje

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  2. Un comienzo emocionante,esperar como se va desarrollando la trama. Pendientes.

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  3. Me atrapó !! también espero el desenlace 👏🏻🤔

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