El teléfono sonaba insistentemente.
Ángela.- ¿Diga?
Héctor.- cariño, la he encontrado
Ángela.- ¿encontrado? ¿A quién?
Héctor.- a Clara
Ángela.- ¿Dónde?
Héctor.- revisando las fotos de la acampada en el ordenador
Ángela.- ¿pero…? Si
no estaba en ninguna
Héctor.- está reflejada tímidamente en un cristal, como si se
estuviese asomando por la ventana de aquella caravana abandonada
Ángela.- hazme el favor de lavarte marrano, a ver si va a ser
una legaña
Héctor.- coño cariño, que la estoy viendo
Ángela.- anda bobo, no ves que es una broma, cuando llegue
intentamos ampliarla para verla mejor
Héctor.- ya lo estoy intentando, pero no se puede
Ángela.- bueno, a la hora de comer nos vemos
Héctor.- hasta luego, no tardes
Ángela.- que no, chao
Al llegar a casa, se dirigió directamente
al ordenador.
Ángela.- Héctor, ¿donde está Clara?
Héctor.- en la carpeta LAGO, la fotografía número veintiséis
Ángela.- yo no veo nada
Héctor.- espera que voy
Ángela.- yo solo veo una caravana entre matojos
Héctor.- aquí, estaba en este cristal
Ángela.- ¿estás seguro?
Héctor.- claro, yo la he visto
Ángela.- pues me alegro por ti
Héctor.- de verdad, te lo prometo
Ángela.- que sí, por lo menos la has visto, yo te creo
Héctor.- no sé, habrá sido mi imaginación, pero he estado por
lo menos media hora intentando que se viese más nítida
Ángela.- da igual, lo importante es que estaba ahí y la has
podido ver
Héctor.- no lo entiendo
Ángela.- no pasa nada, a mí también me pasa. Quien hambre
tiene con pan sueña
Héctor.- será eso, vamos la comida está en la mesa
Después de varias noches de sí, pero no sin
decir nada claro, ella por fin, se vio obligada a tomar la iniciativa de la
conversación.
Ángela.- Héctor ya está bien de rodeos, los dos queremos lo
mismo
Héctor.- sí
pero...
Ángela.- no hay peros, ¿quieres que volvamos a intentarlo?
Héctor.- por un lado me encantaría, pero me da
miedo volver a verte pasándolo tan mal como las otras veces
Ángela.- mañana mismo llamo a Satur, vamos, hablamos con él y a ver que nos dice
Héctor.- ¿quieres que lo llame yo?
Ángela.- no, déjame que lo medite durante la mañana
Héctor.- tampoco tiene que ser mañana
Ángela.- ahora a dormir, abrázame mi osito de peluche
Héctor.- hasta mañana, te quiero pequeñaja
Ángela.- y yo a ti
Tras su llamada, recibió contestación
inmediata. La enfermera de Ginecología les encontró un hueco libre a los dos
días y concertaron la cita.
En el despacho del ginecólogo privado
en la clínica de inseminación:
Satur.- ¿como viene esta pareja?
Héctor.- hola Satur, aquí estamos
Satur.- me he tomado la libertad de invitar a esta consulta
a Luis, el psicólogo del centro
Ángela.- sí, ya lo conocemos
Satur.- entonces estamos en familia
Luis.- Ángela, Héctor, ¿cómo os encontráis de ánimo?
Ángela.- bien
Satur.- yo no es que quiera desanimaros, pero sabéis lo duro
que puede llegar a ser. Por tus
antecedentes, piensa que tendrás que estar mucho tiempo en reposo absoluto, las
dos veces que conseguisteis que los embriones se fijasen, se desprendieron a
los tres meses. Las pautas de
alimentación que marque nuestro
nutricionista, deberán seguirse al pie de la letra, para no coger un peso
excesivo durante el embarazo y que más os voy a contar que no sepáis
Héctor.- Luis, como psicólogo ¿qué tal la opción de adoptar?
Ángela.- NO. Lo
intentamos de nuevo y si no sale bien pues nada ya veremos
Satur.- yo soy de la opinión de Luís y Héctor, pero viendo
tu fuerza quién dijo miedo, a la tercera va la vencida
Ángela.- eso digo yo
Satur.- pues ya sabes,
un botecito con la orina en ayunas y a la semana que viene, pasáis por
aquí, rellenamos todos los formularios, autorizaciones y al lío
Héctor.- ¿esperamos tu llamada?
Satur.- lo primero, mañana mismo aquí la muestra de orina
Ángela.- adiós, mañana se la traigo a la enfermera
Satur.- lo dicho
Luis.- ánimo, nos vemos, y para cualquier cosa sabéis donde
estoy
La ilusión y la incertidumbre se mezclaban
en la cabeza de Héctor. Ángela respiraba tranquila, satisfecha de su
decisión sin ilusionarse demasiado, pero sin ningún miedo a lo que les deparase
el futuro.
De regreso a casa pasaron por la zapatería.
Se había quedado Julia a cargo del negocio,
al entrar allí estaba disfrutando como una niña probándole unos mocasines a un
pequeñajo que no levantaba un palmo del suelo.
Julia.- ¿qué os han dicho?
Héctor.- nada, que volvemos a intentarlo
Julia.- ya veréis como de esta vez, todo sale bien, tenemos
que ir a rezarle a santa Águeda
Héctor.- ya sabes que nosotros esas cosas
Julia.- no os preocupéis, para eso está aquí la tita Julia
Ángela.- bueno, a casa, que ya me quedo yo
Julia.- de eso nada, los dos a casa y luego paso y comemos
juntos
Héctor.- es que te apuntas a todas
Julia.- anda tonto, que hoy friegas tú
Héctor.- encima
Ángela.- vamos, que al final va a ser lo que ella diga
Héctor.- como siempre
Julia.- run, run, deja de refunfuñar y piensa en que
preparar de comida
Ángela.- te esperamos
Julia.- Vamos fuera, fuera de aquí
Mientras Héctor adobaba unas pechugas para
hacerlas empanadas, ella se sentó de nuevo frente al ordenador, miraba la
fotografía insistentemente, pero no lograba ver a Clara. De
pronto sintió como si alguien le pusiese la mano sobre el hombro, junto a la
caravana una silueta parecía moverse lentamente, era ella, se dejó ver unos
segundos antes de desaparecer entre los arbustos.
Ángela.- Héctor, que la he visto
Héctor.- ¿qué pasa?
Ángela.- que estaba ahí, entre los arbustos
Héctor.- ¿quién?
Ángela.- coño Clara, quien va a estar si no
Héctor.- tranquila, no sabía de que estabas hablando
Ángela.- perdona, es que estaba ahí, la he visto como andaba
junto a la caravana
Héctor.- vamos, ayúdame en la cocina y estate tranquila
Ángela.- ya voy, espera
Héctor.- ven cariño, abrázame, si estás temblando
Ángela.- hay que ilusión me ha hecho verla
Héctor.- tranquila, que me pones nervioso a mí
Ángela.- esa foto será nuestro secreto, ¿vale?
Héctor.- será mejor así, si no queremos que nos tomen por
locos
La semana siguiente, otra vuelta más de
tuerca daría un nuevo giro en sus vidas tras la puerta del despacho de Satur.

Como la obsecion los hace ver a Clara,me imagino que hay ansiedad también. Pendiente.
ResponderEliminarEntre la intriga y el miedo me encuentro…
ResponderEliminarPues nada a seguir leyendo el próximo
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