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jueves, 5 de diciembre de 2024

El resurgir - Cap.- 18

 

"Ver con los ojos cerrados" 18

 

 

    El día treinta y uno,  a las seis comenzaban a llegar al comedor;  Roberto se había quedado en los alrededores esas dos horas tomando algo y haciendo tiempo.    Del almacén ya no quedaba nada que sacar, todo estaba repartido por encima de las mesas y encimera, por lo que Roberto, a su llegada, ya les iba asignando el sitio y labor que realizar.

     Los iba distribuyendo, siempre dejando libre el sitio de los fogones.  Allí a su lado quería tener las manos más preciadas.   El abuelo de Paco había estado de cocinero en los restaurantes más valorados de Europa hasta que se jubiló y volvió a España a vivir con su hija y sus nietos.

    Ya estaban metidos en faena, cuando llegó Arturo junto con su hija Josefa (abuelo y madre de Paco)

Roberto.- creo que están preparando todo lo que me pidió

Josefa.- tú tranquilo que alguna pega pondrá

Arturo.- yo no pongo pegas, pero si se pueden hacer las cosas bien desde el principio, para que se van a hacer mal

       Según iba dando la vuelta a la cocina, en su cara se reflejaba la satisfacción de las cosas bien hechas, la limpieza para él era lo más importante;  aquellas instalaciones estaban como los chorros del oro y se notaba que no era ningún zafarrancho de última hora, si no algo habitual. 

Roberto.- ¿contento?

Arturo.- súper orgulloso de estos muchachos, si hubiese podido tener yo gente así a mi cargo en algunas ocasiones

Roberto.- pero usted ha estado con los mejores

Arturo.- calla, calla, que los hay muy guarros

Roberto.- pues cuando quiera empezamos

Arturo.- me vas a perdonar, pero sabes que el vicio no me lo quito ni queriendo

Roberto.- pues debería ir pensando en dejarlo, pero mientras tanto, salga un rato a la puerta y mientras le da unas caladas al cigarro yo voy encendiendo los fuegos

       Mientras iban haciendo las tareas asignadas con tranquilidad, se contaban entre ellos historias de sus vidas, momentos llenos de alegrías que les fueron haciendo olvidar los coscorrones recibidos.  

        Verónica y Manuel, eran los que menos hablaban, sentían una envidia profunda de la aptitud ante la vida de esos padres a los que les había tocado aprender a vivir mirando las cosas de otra manera.

    -- Ya se empezaba a oír bullicio en la puerta, faltaba poco pero aún no estaba todo preparado — Roberto salió al comedor

Roberto.- Paco y Raúl, (hermano de Paco) prohibido entrar en la cocina hasta que yo lo diga

Raúl.- hola Roberto

Roberto.- hola Raúl; Paco, vete pensando en cómo organizas a estos según vayan llegando para en cuanto terminemos ir poniendo manteles, vajilla, cubiertos y adornos

Paco.- tranquilo que yo me encargo

Raúl.- prohibido dar con la muleta si alguno hacemos algo mal

Roberto.- tú dales sin miedo, que todo tiene que estar perfecto

Raúl.- pues lo que hacía falta, que encima lo animases.

       Al momento llegó Gervasio con su hermana (Beatriz)

      No tardó en entrar por la puerta Tomás, como siempre dando voces, y Nerea, aparecía discutiendo con su hermano (Fernando)

Fernando.- tienes un genio…

Nerea.- si es que no sabes ni empujar

Fernando.- pues empújate tú sola, coño, encima que le ayudo

Paco.- la culpa la tienes tú, no ves que es una rezongona

Beatriz.-  Nerea ¿y cómo vienes ya arreglada y si te manchas?

Nerea.- no, porque no pienso hacer nada;  ni tocar un plato

Raúl.- uf, mal empezamos

     --Tomás, extrañamente, no quiso ni entrar en la conversación—

       Julia, se paraba en la puerta para oír si había voces nuevas cogida del brazo de su hermana (Lucía).     Justo allí llegaba Carolina en su silla junto con Antonio que iba hablando con su hermano (Pedro)

Julia.- oye Antonio, no han llegado todavía ¿verdad?

Antonio.- no, no veo a nadie desconocido

Julia.- ya me parecía a mí

     Los trajes y vestidos para luego arreglarse iban colgándose metidos en sus fundas de un perchero en la pared, (todos menos el de Nerea que ya lo llevaba puesto).

      Allí, sentados en los bancos, miraban con curiosidad a la puerta, esperando la llegada de los hijos de Manuel y Verónica, a parte de su edad, no tenían ni idea de cómo podrían ser y con qué ojos los verían al enterarse de sus propias peculiaridades.  Bueno siempre hay una primera vez, luego todo cambia.

Roberto.- bueno chicos, nosotros hemos terminado, nos vamos a tomar algo ahí enfrente mientras que vosotros colocáis todo para la cena, y quiero que quede perfecto

Paco.- estamos esperando a los nuevos, cuando lleguen empezamos

Tomás.- entra y dile a Manuel que salga un momento

Roberto.- Mira a ver Manuel, que salgas un momento a ver qué tripa se le ha roto a Tomás.

Manuel.- que quieres pesado

Tomás.- que nos digas como se llaman tus hijos para cuando lleguen

Manuel.- ¿pero no han llegado todavía?

Tomás.- ¿los ves tú aquí?

Manuel.- no

Tomás.- pues eso es preguntar a lo tonto

Manuel.- no creo ya que tarden; se llaman Samuel y Lourdes

 

         --Los mayores se fueron al bar y Paco enseguida se puso a mandar a unos y otros lo que debían de ir sacando y colocando—

Carolina.- yo creo que debíamos de esperar a estos dos, para poder saludarlos y presentarnos como se merecen

Nerea.- yo ya te he dicho antes, qué no pienso tocar nada

Paco.- esperamos un poco y si no llegan nos ponemos a colocar

Gervasio.- yo tengo una bata larga en el almacén; yo que tú me la pondría para que no te manches

Nerea.- que os he dicho que no

Tomás.- dejarla, no veis que siempre tiene que ser la misma

Fernando.- venga, cuando vengan te pones la bata y se acabó la tontería, ya te dije en casa que era una bobada el venir arreglada, además cuando más puedes mancharte es durante la cena

Nerea.- bueno Gervasio, ve a por la bata, que se están poniendo pesados

          Fernando la sujetó de pie, para que se pusiese la bata bien, y en esos momentos entraban por fin por la puerta los dos hermanos.

Samuel.- buenas tardes ¿es aquí donde se cena?

   Aquel desparpajo con el que entraba, se convirtió en incógnita cuando los vio.  Cogió la mano de Lourdes y la apretó con fuerza; (nada más subir el escalón, ya había metido la pata).

Paco.- no, aquí es donde ya mismo tenemos que empezar a poner la mesa

Tomás.- ya nos han dicho que os llamáis Samuel y Lourdes. Así que me imagino que Samuel eres tú y ella será Lourdes

Paco.- mira que es tonto, siempre igual

Tomás.- a callarse, que yo os presento:

  .- Aquí, Paco y su hermano Raúl;  este es Gervasio y ella su hermana Beatriz;  en esa silla Nerea, con el último grito en moda de vestir y al lado su hermano Fernando.

Nerea. Qué gracioso eres

Tomás.- calla que sigo

   .-  la de la silla motorizada es Carolina;  Julia es esa guapetona que no ve, pero cuidado que escucha hasta el volar de una mosca y al lado, de su brazo, Lucía que es su hermana;   aquí tenemos a Antonio y Pedro, que no se parecen, pero que también son hermanos; y yo me llamo Tomás.   Bueno, falta Roberto, ese solo tiene un brazo, es el cocinero, y los padres de todos que se han ido al bar.

Paco.- pues hechas las presentaciones a poner la mesa, dejar las fundas con los trajes en el perchero y vamos que se hace tarde.

Lourdes.- entonces todos sois…

Paco.- los que estamos normalmente aquí, sí

Tomás.- tú tranquila, que no pasa nada, cada uno de una madre

Nerea.- vamos alegría, lo de hablar más tarde

Lucía.- que dice mi hermana que si podéis venir un momento

     Los dos se pusieron frente a Julia. Lucía llevó la mano de su hermana hasta el rostro de Samuel.

Julia.- muy bien, recién afeitadito, se nota que vas de fiesta esta noche.  Eso te lo digo para que no estés tan serio, que no te voy a comer

Samuel.- no tranquila

Julia.- que ojos más bonitos, tienes unas pestañas largas como las de tu madre, pero en la nariz has salido a tu padre

Samuel.- un poco de cada uno

Julia.- pero no te pongas nervioso

Samuel.- no, si no me pongo nervioso

Julia.- anda Lourdes, acércate tú que a tu hermano se le sale el corazón

      Lourdes se acercó y le cogió la mano para acercarla a su rostro.

Estuvo deslizando sus dedos por su frente, ojos, mejillas, nariz, labios y barbilla sin decir ni palabra.  Luego los entrelazó suavemente con su largo pelo.

Julia.- que bonita eres, no es de extrañar que tengas un hermano y unos padres tan excepcionales

   --Lourdes empezaba a emocionarse.

Julia.- pero no hagas pucheros, me alegro mucho de conoceros. Ya veréis que bien vais a estar aquí esta noche en la cena

Nerea.- qué, vais a ayudar u os pensáis que  aquí se viene a mesa puesta

Lucía.- vamos que se enfada el bicho

      --Según se dirigían a la cocina--

Lourdes.- oye Lucía, no habremos metido la pata en algo

Lucía.- no, en absoluto. Esta gente se sabe reír del mundo

Samuel.- es que no sabíamos nada

Lucía.- ¿pero no os había dicho nada vuestro padre?

Samuel.- ni una palabra

Lourdes.- nos lo han tenido oculto todo el tiempo

Lucía.- pues mira mejor, así os han conocido tal y como sois, sin nada preconcebido

Nerea.- vamos que nos pilla el toro

Fernando.- hoy te doy en el morro, deja de protestar.




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