"Ver con los ojos cerrados" 18
El día treinta y uno, a las seis comenzaban a llegar al
comedor; Roberto se había quedado en los
alrededores esas dos horas tomando algo y haciendo tiempo. Del
almacén ya no quedaba nada que sacar, todo estaba repartido por encima de las
mesas y encimera, por lo que Roberto, a su llegada, ya les iba asignando el
sitio y labor que realizar.
Los iba distribuyendo, siempre dejando
libre el sitio de los fogones. Allí a su
lado quería tener las manos más preciadas.
El abuelo de Paco había estado de cocinero en los restaurantes más
valorados de Europa hasta que se jubiló y volvió a España a vivir con su hija y
sus nietos.
Ya estaban metidos en faena, cuando llegó
Arturo junto con su hija Josefa (abuelo y madre de Paco)
Roberto.- creo que están preparando todo lo que me pidió
Josefa.- tú tranquilo que alguna pega pondrá
Arturo.- yo no pongo pegas, pero si se pueden hacer las
cosas bien desde el principio, para que se van a hacer mal
Según iba dando la vuelta a la cocina,
en su cara se reflejaba la satisfacción de las cosas bien hechas, la limpieza
para él era lo más importante; aquellas
instalaciones estaban como los chorros del oro y se notaba que no era ningún
zafarrancho de última hora, si no algo habitual.
Roberto.- ¿contento?
Arturo.- súper orgulloso de estos muchachos, si hubiese
podido tener yo gente así a mi cargo en algunas ocasiones
Roberto.- pero usted ha estado con los mejores
Arturo.- calla, calla, que los hay muy guarros
Roberto.- pues cuando quiera empezamos
Arturo.- me vas a perdonar, pero sabes que el vicio no me
lo quito ni queriendo
Roberto.- pues debería ir pensando en dejarlo, pero
mientras tanto, salga un rato a la puerta y mientras le da unas caladas al
cigarro yo voy encendiendo los fuegos
Mientras iban haciendo las tareas
asignadas con tranquilidad, se contaban entre ellos historias de sus vidas,
momentos llenos de alegrías que les fueron haciendo olvidar los coscorrones
recibidos.
Verónica y Manuel, eran los que menos
hablaban, sentían una envidia profunda de la aptitud ante la vida de esos
padres a los que les había tocado aprender a vivir mirando las cosas de otra
manera.
-- Ya
se empezaba a oír bullicio en la puerta, faltaba poco pero aún no estaba todo
preparado — Roberto salió al comedor
Roberto.- Paco y Raúl, (hermano de Paco) prohibido entrar
en la cocina hasta que yo lo diga
Raúl.- hola Roberto
Roberto.- hola Raúl; Paco, vete pensando en cómo organizas
a estos según vayan llegando para en cuanto terminemos ir poniendo manteles,
vajilla, cubiertos y adornos
Paco.- tranquilo que yo me encargo
Raúl.- prohibido dar con la muleta si alguno hacemos
algo mal
Roberto.- tú dales sin miedo, que todo tiene que estar
perfecto
Raúl.- pues lo que hacía falta, que encima lo animases.
Al momento llegó Gervasio con su hermana
(Beatriz)
No tardó en entrar por la puerta Tomás,
como siempre dando voces, y Nerea, aparecía discutiendo con su hermano
(Fernando)
Fernando.- tienes un genio…
Nerea.- si es que no sabes ni empujar
Fernando.- pues empújate tú sola, coño, encima que le ayudo
Paco.- la culpa la tienes tú, no ves que es una
rezongona
Beatriz.- Nerea ¿y
cómo vienes ya arreglada y si te manchas?
Nerea.- no, porque no pienso hacer nada; ni tocar un plato
Raúl.- uf, mal empezamos
--Tomás, extrañamente, no quiso ni entrar en
la conversación—
Julia, se paraba en la puerta para oír
si había voces nuevas cogida del brazo de su hermana (Lucía). Justo
allí llegaba Carolina en su silla junto con Antonio que iba hablando con su
hermano (Pedro)
Julia.- oye Antonio, no han llegado todavía ¿verdad?
Antonio.- no, no veo a nadie desconocido
Julia.- ya me parecía a mí
Los trajes y vestidos para luego
arreglarse iban colgándose metidos en sus fundas de un perchero en la pared,
(todos menos el de Nerea que ya lo llevaba puesto).
Allí, sentados en los bancos, miraban con
curiosidad a la puerta, esperando la llegada de los hijos de Manuel y Verónica,
a parte de su edad, no tenían ni idea de cómo podrían ser y con qué ojos los
verían al enterarse de sus propias peculiaridades. Bueno siempre hay una primera vez, luego todo
cambia.
Roberto.- bueno chicos, nosotros hemos terminado, nos vamos
a tomar algo ahí enfrente mientras que vosotros colocáis todo para la cena, y
quiero que quede perfecto
Paco.- estamos esperando a los nuevos, cuando lleguen
empezamos
Tomás.- entra y dile a Manuel que salga un momento
Roberto.- Mira a ver Manuel, que salgas un momento a ver
qué tripa se le ha roto a Tomás.
Manuel.- que quieres pesado
Tomás.- que nos digas como se llaman tus hijos para
cuando lleguen
Manuel.- ¿pero no han llegado todavía?
Tomás.- ¿los ves tú aquí?
Manuel.- no
Tomás.- pues eso es preguntar a lo tonto
Manuel.- no creo ya que tarden; se llaman Samuel y Lourdes
--Los mayores se fueron al bar y Paco
enseguida se puso a mandar a unos y otros lo que debían de ir sacando y
colocando—
Carolina.- yo creo que debíamos de esperar a estos dos, para
poder saludarlos y presentarnos como se merecen
Nerea.- yo ya te he dicho antes, qué no pienso tocar nada
Paco.- esperamos un poco y si no llegan nos ponemos a
colocar
Gervasio.- yo tengo una bata larga en el almacén; yo que tú
me la pondría para que no te manches
Nerea.- que os he dicho que no
Tomás.- dejarla, no veis que siempre tiene que ser la
misma
Fernando.- venga, cuando vengan te pones la bata y se acabó
la tontería, ya te dije en casa que era una bobada el venir arreglada, además
cuando más puedes mancharte es durante la cena
Nerea.- bueno Gervasio, ve a por la bata, que se están
poniendo pesados
Fernando la sujetó de pie, para que
se pusiese la bata bien, y en esos momentos entraban por fin por la puerta los
dos hermanos.
Samuel.- buenas tardes ¿es aquí donde se cena?
Aquel desparpajo con el que entraba, se
convirtió en incógnita cuando los vio.
Cogió la mano de Lourdes y la apretó con fuerza; (nada más subir el escalón,
ya había metido la pata).
Paco.- no, aquí es donde ya mismo tenemos que empezar a
poner la mesa
Tomás.- ya nos han dicho que os llamáis Samuel y Lourdes.
Así que me imagino que Samuel eres tú y ella será Lourdes
Paco.- mira que es tonto, siempre igual
Tomás.- a callarse, que yo os presento:
.- Aquí, Paco y su hermano Raúl; este es Gervasio y ella su hermana Beatriz; en esa silla Nerea, con el último grito en
moda de vestir y al lado su hermano Fernando.
Nerea. Qué gracioso eres
Tomás.- calla que sigo
.- la
de la silla motorizada es Carolina; Julia es esa guapetona que no ve, pero cuidado
que escucha hasta el volar de una mosca y al lado, de su brazo, Lucía que es su
hermana; aquí tenemos a Antonio y
Pedro, que no se parecen, pero que también son hermanos; y yo me llamo Tomás. Bueno,
falta Roberto, ese solo tiene un brazo, es el cocinero, y los padres de todos
que se han ido al bar.
Paco.- pues hechas las presentaciones a poner la mesa,
dejar las fundas con los trajes en el perchero y vamos que se hace tarde.
Lourdes.- entonces todos sois…
Paco.- los que estamos normalmente aquí, sí
Tomás.- tú tranquila, que no pasa nada, cada uno de una
madre
Nerea.- vamos alegría, lo de hablar más tarde
Lucía.- que dice mi hermana que si podéis venir un
momento
Los dos se pusieron frente a Julia. Lucía
llevó la mano de su hermana hasta el rostro de Samuel.
Julia.- muy bien, recién afeitadito, se nota que vas de
fiesta esta noche. Eso te lo digo para
que no estés tan serio, que no te voy a comer
Samuel.- no tranquila
Julia.- que ojos más bonitos, tienes unas pestañas largas
como las de tu madre, pero en la nariz has salido a tu padre
Samuel.- un poco de cada uno
Julia.- pero no te pongas nervioso
Samuel.- no, si no me pongo nervioso
Julia.- anda Lourdes, acércate tú que a tu hermano se le
sale el corazón
Lourdes se acercó y le cogió la mano para
acercarla a su rostro.
Estuvo
deslizando sus dedos por su frente, ojos, mejillas, nariz, labios y barbilla
sin decir ni palabra. Luego los
entrelazó suavemente con su largo pelo.
Julia.- que bonita eres, no es de extrañar que tengas un
hermano y unos padres tan excepcionales
--Lourdes empezaba a emocionarse.
Julia.- pero no hagas pucheros, me alegro mucho de
conoceros. Ya veréis que bien vais a estar aquí esta noche en la cena
Nerea.- qué, vais a ayudar u os pensáis que aquí se viene a mesa puesta
Lucía.- vamos que se enfada el bicho
--Según se dirigían a la cocina--
Lourdes.- oye Lucía, no habremos metido la pata en algo
Lucía.- no, en absoluto. Esta gente se sabe reír del
mundo
Samuel.- es que no sabíamos nada
Lucía.- ¿pero no os había dicho nada vuestro padre?
Samuel.- ni una palabra
Lourdes.- nos lo han tenido oculto todo el tiempo
Lucía.- pues mira mejor, así os han conocido tal y como
sois, sin nada preconcebido
Nerea.- vamos que nos pilla el toro
Fernando.- hoy te doy en el morro, deja de protestar.

Feliz y Santa Cena la que se da entre brasas de corazones limpios.
ResponderEliminarBesiños
EliminarLigero y ameno. Me gusta
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