Como por arte de magia, a la llamada de un fuerte silbido, toda la
tripulación se agolpaba en el pasillo, esperando a ver despierto a aquel
amasijo de huesos.
Por suerte, todos aquellos
variopintos maleantes de diferentes nacionalidades y con
el común denominador de ser proscritos cada uno en su origen, chapurreaban a su
manera cualquier idioma.
Weza se
acercó lentamente con un tazón en sus manos, tras sentarse en el camastro, estiró
sus fuertes brazos ofreciéndole de beber.
Samuel acerco sus débiles manos al tazón, pero todo quedó en el intento,
sus dedos no eran capaces de sujetarlo y llevárselo a la boca sin ayuda.
Weza enseñó de nuevo su dentadura esbozando una sonrisa – tranquilo, yo
te ayudo – un punto de inflexión entre ambos, que a Samuel le hizo dejar de
temer a aquella mole de piel azabache brillante.
Descorriendo la cortinilla, la luz entró en el camarote.
Samuel.-
¿Dónde estoy?
Weza.-
en el Bahamas, un barco sacado de un desguace, y dedicado a negocios turbios,
tripulado por intrépidos deshechos y al servicio de las personas honorables de traje
caro y corbata.
Samuel.-
no entiendo
Weza.-
ya lo entenderás. ¿Y tú? ¿Tú quien eres?
--Samuel se quedó pensando--.
Samuel.-
no lo sé. Soy a quién atacan las
gaviotas, una y otra vez
Weza.-
lo que tú digas ¿y cómo quieres que aquí te llamemos? ¿Tal vez Gaviota?
Samuel.-
no sé por qué, pero me gustaría que me
llamaseis Samuel
Weza.-
yo me llamo Weza y ahora descansa
Samuel.-
¿y esos?
Weza.-
son los compañeros, pero no te preocupes por ellos, ahí donde los ves, son
buena gente.
A los pocos días, por fin empezó a ingerir alimentos
sólidos. (Weza, se preocupaba de
partírselo en cachitos pequeños y luego tritúralo con un tenedor para que no le
costase tragarlo) Poco a poco, con el
tiempo, se lanzó a dar sus primeros pasos por el pasillo sin miedo a caer.
Aquel “genio”
lo sujetaba con la fuerza de un león y la ternura de una madre.
Había vuelto a nacer. Las gaviotas ya no atormentaban su sueño, pero
aún así las dudas, no le dejaban dormir tranquilo.
Samuel.-
oye perdona ¿Quién soy?
Weza.-
no lo sé, te encontramos en el mar moribundo. No estoy seguro si fue por
humanidad o aburrimiento, pero el caso es que dos hombres se lanzaron desde la
cubierta para rescatar tu cuerpo y ahí comenzó lo que conozco de tu historia.
Samuel.-
¿y si nunca consigo recordar quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Quién es mi familia?
La oscura mole dobló su antebrazo poniendo su puño cerrado en el pecho
como un gladiador romano.
Weza.-
eres Samuel, mi hermano y consigas recordar o no, así será siempre
Samuel.-
¿pero tú tendrás familia?
Weza.-
tú eres ahora mi familia, mis amigos los hombres que aquí viven y mi patria el
Bahamas. Vendemos nuestros servicios al mejor postor,
la amistad nuestra ley y para sobrevivir, tenemos que estar unidos.

La ley del pirata. La familia la del barco y las normas las que impone la mar. Buen relato, maese.
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