Se
aproximaba la hora del nacimiento del nuevo vecino de Valdeluna.
Bernardo tenía claro que si era varón, le
pondría por nombre Gorgonio, como gratitud a aquel del que tantas veces había
renegado que fuera esposo de su madre en la infancia y a quien tanto le debía
en la vida.
Por su parte, Zoila,
quería que fuese niña y así llamarla Celsa, como su madre.
Tanto Gorgonio
como Celsa agradecían la buena intención pero intentaban convencerlos de que
depusiesen de su empeño. Mejor un nombre bonito y lleno de color, ellos dos apostaban por Flor, porque seguro
que sería niña.
Tarsicio, ya llevaba
varios días pendiente del esperado acontecimiento, en cualquier momento irían a
avisarlo. Se retrasaba demasiado, no era
buena señal por lo que estaba decidido a provocar el nacimiento de la criatura
si pasaba de esa noche.
En noche de luna
llena, cielo raso y bajo una helada negruzca que daba aún más brillo si cabe a
las estrellas; tras horas de lucha nació (no sin dificultad) una niña sonrosada
y hermosa con 12 libras de peso.
Tarsicio empapado en sudor quedó sentado en el suelo apoyando su espalda
en la pared; Zoila derrotada respiraba profundo
en la cama acompañada a ambos lados por Celsa y Andrea.
En la puerta de la
casa cubiertos con pesadas mantas esperaban expectantes todos los vecinos para recibir
la buena nueva. Bernardo salió con ella
y la alzó con sus brazos al hermoso
cielo provocando una leve lluvia de estrellas su desgarrador y embravecido
llanto.
El silencio como admiración
y los ojos como platos se tornaron en carcajadas, cuando Primavera, abriéndose paso llagó al lado de su hermano para
ver a su sobrinita de cerca. .- vaya bicho, como un ternero de grande.
Bernardo.- toma Primavera, cógela entre tus brazos y llévasela a Zoila
Primavera.- ¿y si la caigo?
Bernardo.- bien se yo que no la vas a caer
Juntas, Celsa y Andrea, preparaban en la
cocina un chocolate calientito para obsequiar a los agregados que parecían no
tener prisa por marchar.
Liberto y Gorgonio han entrado a la habitación; en un asiento
improvisado con una tabla y unos adobes miran inmóviles a Zoila derrotada por
el esfuerzo y a la criatura que ha dejado de berrear agarrándose con fuerza al pecho
de su madre.
El tiempo pasa
que vuela. Cada día amanece antes y tarda más en llegar
la noche. Las bandadas de pájaros vuelven a surcar los
cielos y con el lento pero incesante deshielo de las cumbres; el agua que nutre
al arroyuelo, ruje con fuerza en su caída libre desde las rocas dando forma a una cascada inmensa donde el arco iris parece perpetuo cada medio
día.
Aproniana y
Genaro van dando un paseo. Hablan sobre
los niños y sus habilidades manuales. Genaro
cree que Hipólito sería un buen pescador, es muy rápido, seguro en sus
movimientos y no le tiembla el pulso.
Aproniana, asiente con la cabeza a las explicaciones del que mejor los
conoce.
Al acercarse a la casa de Andrea, ven que la
puerta del cobertizo de madera, está abierta.
Aproniana.- ¿hay alguien aquí?
Primavera.- ¡hay! ¿Qué pasa?
Genaro.- nada, nada, que pasábamos por aquí y hemos pasado a ver que tienes
entre manos
Primavera.- pues… sí, precisamente estoy terminando un dibujo muy especial.
Aproniana.- ¿nos lo enseñas?
Primavera.- a usted sí, pero… bueno y a él también
Sus pupilas dilatadas intentaban vislumbrar
aquel jeroglífico. Como flotando se
encontraba un cuadrado, en su interior dos
grandes ojos, uno se encontraba en el
ángulo superior izquierdo y el otro al opuesto (inferior derecho) separados por
una hermosa sonrisa en diagonal y escorada a la izquierda.
En el centro del dibujo
un par de robustos muslos de ave sin plumas y unidos por su parte más estrecha.
Debajo, una gran
trenza rematada en su parte inferior por un gran lazo; tenía la forma de la
aleta caudal de un pez y bajo ella, aquello que debían ser los pies y habían
sido sustituidos por unas preciosas alas extendidas.
Primavera.- se han quedado pasmados ¿pero no lo ven?
Aproniana.- yo así, a primera vista, veo
un bebé.
Pero muy raro
Genaro.- sí bueno, podría ser un bebé
Primavera.- pues claro, es mi sobrina Flor
Aproniana.- ¿esta es Flor?
Primavera.- claro.
Genaro.- tranquila, no se preocupe que seguro enseguida nos lo aclara, ya verá
Primavera.- la explicación es sencilla.
Su inteligencia es especial, no comprensible por cualquiera, especial como estas tablillas y mis dibujos.
Su mirada
expectante y en contraposición refleja en sus ojos el infinito amor, el agua transparente de la verdad y el fuego de
la vida, la ingenuidad de la montaña, y la incomprensión entre la noche y el día.
Los labios son la expectativa de la
naturaleza, su sonrisa un universo donde se expresa la gratitud de su alegría a
aquellos que le muestran su comprensión ilimitada.
Sus
brazos son fuertes como las patas de un águila, pero están desnudos, sin
protección, sin garras con que defenderse.
Sus largas piernas trenzadas representan eso,
su dificultad de movimiento, como un árbol con las raíces hundidas en la
tierra, la dependencia de sus cuidadores que son el lazo. Y…. la
aleta de pez, junto con las alas, ilustran la referencia a su libertad. En sus sueños fantásticos, en las largas noches,
recorrerá los cielos azules como un pájaro y remontará las corrientes más
bravas como un pez.
Genaro y
Aproniana quedaron mudos, nunca jamás podrían haber imaginado aquella
definición tan perfecta de aquella criatura.
Una nube ocultó la luz del sol
para apagar el brillo de sus ojos y la pequeña Primavera pensó que mejor
debía haberse quedado callada.
Aproniana.- ¿te importaría regalármelo?
Primavera.- no sé, es que era para mi hermano
Aproniana.- esta tabla será nuestro secreto. La pondré junto a mi cama para cada mañana al
levantarme poder recordar tus palabras y así ofrecer lo mejor de mí vida a cada
persona, animal o planta de este valle
Genaro.- ¿tú quieres mucho a tu familia?
Primavera.- ¡claro!
Genaro.- entonces… Haz caso a nuestra anciana, que esto sea un secreto por
siempre; si viesen esta tablilla, aunque
se la explicases, no la podrían entender y si la entendiesen (sería menor que
no) invadirías de tristeza sus días con
tu premonición. Cuando los años pasen y ella lo crea
conveniente, Aproniana en persona y en tu nombre se la dará a tu hermano
Bernardo y a Zoila para que la tengan. Entre tanto creo que es mejor así.
Primavera, accedió siguiendo el sabio
consejo de los mayores…
.- que así sea.

Primavera tiene unas manos mágicas, capaces de desentrañar el universo. Aproniana y Bernardo, la sabiduría ancestral. Bendito Valdeluna.
ResponderEliminarSe me olvidó poner el nombre al comentario anterior, maese.
ResponderEliminarNo pasa ná
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