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domingo, 31 de enero de 2016

Valdeluna cap.- 17 y FIN


 

                     Primavera y el párroco, eran tal para cual.

        Ella siempre preguntando cosas, y él,  intentando responder sin tapujos, pero en un lenguaje llano que comprendiera, aunque en ciertas cuestiones se sentía cohibido y desbordado.

      Por las mañanas a primera hora tocaba repique de campanas y luego tras la misa, mientras ella iba al colegio, Claudio limpiaba la casa y preparaba la comida.     Ella tenía una gran obligación:   Estudiar.

         A las tres, habian terminado de comer, y antes de ponerse a hacer los deberes fregaba los cacharros (si había algo que Claudio no perdonaba, era la bendita sienta)

     A las seis o así, salían normalmente a dar una vuelta por el campo;   él se empeñaba en hacerle comprender la existencia de Dios, y ella en enseñarle las cualidades de la naturaleza.   Por lo que ninguno de los dos prestaba mucha atención a las palabras del otro.

     Antes de que anocheciese, a cenar, tras lo cual veían un rato la tele y a dormir, así día tras día excepto los sábados por la tarde, que se pasaban todo el tiempo discutiendo a cuenta de las feligresas que iban a limpiar y adornar la iglesia para el oficio del domingo.

       Llegaban las vacaciones para todos los niños y niñas del pueblo, se acababan las clases y el mismo Claudio se encargaría de que no olvidase lo aprendido.

     Durante el verano, Primavera disponía de demasiado tiempo libre, por lo que se dedicaba a dibujar sobre todas sus inquietudes.  Aquellas láminas que solo ella comprendía le hacían reflexionar sobre la conveniencia de seguir allí. 

      Los habitantes de aquel lugar eran personas a las que no llegaba a entender;  para Claudio, "según ella" solo era una carga y motivo de enemistad con sus vecinos.

   Extendió los dibujos sobre la cama y los analizó uno a uno antes de tomar una decisión.

      Con tristeza pensaba:  Maltratan la madre naturaleza diezmando sus montes, ensuciando sus ríos, dejando las mejores tierras perdidas por no trabajarlas.

        Reniegan del sol, la luna y las estrellas;  a cambio de una egoísta devoción a lo intangible.  A algo o alguien de quien solo se acuerdan cuando tienen que solicitar una ayuda inexistente, un imposible,  para pasado un tiempo renegar de aquello tan venerado por algo que el párroco denomina falta de fe.

 Poseen armas, con las que salen al campo a masacrar por entetenimiento y vuelven con los animales colgados de su cintura con el único afán de demostrar su supremacía sobre el resto de especies.

      La pantalla del televisor es un nido de arpías donde criticar posibles defectos, en vez de ensalzar virtudes.

   Los informativos (lo que más le gusta ver a Claudio) un simple  muestrario de hambre, destrucción y muerte, denostando a aquellos que parecen distintos, dejando constancia de la prueba del poder establecido y de su superioridad.

      Desde pequeños se les fomenta en la codicia “quien más tiene, es quien más vale”.   La educación es un simple proceso que prescinde del respeto elemental  a todas las cosas y la cultura no se vasa en conocimientos, tan solo en lo que se aprendió el día anterior y mañana ya estará olvidado.

        Convierten a sus mayores en muebles arrinconados hasta que llega su muerte y entonces, con llantos estrafalarios y un ataúd ornamentado con flores, interpretan el acto del sufrimiento por su pérdida y ensalzan sus supuestas cualidades como tributo póstumo.

  Las palabras dar, compartir, hace tiempo cayeron en desuso.

      La propiedad de las cosas es el bien más deseado, los billetes y monedas son la única forma de trueque entre personas y el valor de los objetos solo lo dispone la oferta, la demanda y el deseo de todo aquello que poseé el de enfrente.

         No conocen el sabor a barro, ni el aroma del fuego de encina.   Beben en vasos de cristal, utilizan cucharas y tenedores de metal.   Cocinan en ollas rápidas sobre un fuego artificial y desprecian los alimentos que quedaron de sobra, tirándolos a la basura, quitándole importancia al valor de aquello que es tan imprescindible.

        El tiempo lo miden en minutos y horas.   Con los días forman semanas, meses y años.   Tienen prisa por llegar a ningún sitio,  por saber lo que hay detrás del horizonte sin preocuparse de mirar debajo de sus pies.   El pensar que lo importante solo es aquello de lo que uno carece, o no llega a entender o conocer.      Sobre todo esto le hizo recordar a Primavera el día en que levantó el vuelo.

       Seis meses habían pasado.     A mediados de aquello que ellos llamaban septiembre, antes de que el frio llegase y las nieves cubriesen las cumbres se dio cuenta que era ya hora de regresar a casa.

Primavera.- Claudio, llegó la hora de marchar

Párroco.- ¿tan pronto?

Primavera.- ya sé quien quiero ser y donde he de vivir el resto de mis días

Párroco.-  ¿Puedo ir contigo?

Primavera.- no, ese, al que llama su Dios, le necesita aquí

Párroco.- después de este tiempo a tu lado, no tengo yo muy claro para qué

Primavera.- alguien ha de cuidar de ese campanario, el que con alegría recibe al que viene y solemnidad dobla a quien se va.

      Esa noche aprovecharon el tiempo sentados junto a la mesa, dieron buena cuenta de tazones de cacao con leche y la caja de pastas.  Rememoraron cada momento que habían compartido.   Cambiaron la desolación de la despedida por la alegría del recuerdo; una experiencia que nunca olvidarían y no les importaría, tal vez pasado un tiempo, volver a repetir.

         Al amanecer, primavera abrió la bolsa que tenía en el armario y se atavió con las ropas propias de su aldea.

Párroco.-  ¿no te llevas la ropa? Es tuya

Primavera.- así vine y así me he de ir

Párroco.- sé que es bobada insistir, pero cuando tengas un ratito, al acostarte, reza como te he enseñado

Primavera.-allá donde voy tendré todo lo que necesito, nada he de pedirle a quien llama Dios

Párroco.- no pidas para ti, pide por mí

Primavera.- entonces sí, le prometo que lo haré, aunque no sé si me atenderá

Párroco.- tú hazlo… seguro que sí

Primavera.- no alarguemos más este momento, mi decisión es irreversible

Párroco.- adiós mi pequeña, cuídate mucho y no cambies, no cambies nunca

Primavera.- hasta siempre padre

             -Claudio se subió al campanario para despedirla con aquel repique de campanas que la atrajo hasta allí-.

       Primavera se fue alejando por la misma calle por la que había entrado aquel lejano día.  Llegó a la curva y se sentó hasta que las campanas dejaron de sonar.   Sin volver la vista atrás se dirigió carretera adelante hasta el pie de la montaña para ascenderla de nuevo.

               Una vez en la cima, descansó en aquella piedra tan recordada, donde tantas veces, sentada miró el horizonte de lo desconocido.      Con una vara, dibujó unas líneas en el suelo.   Miró a un lado, al otro y entendió que hay ciertas cosas que son incompatibles.    Nadie había sabido de la existencia del bello y pequeño poblado de Valdeluna y nadie debía saber de lo ocurrido al otro lado de aquellos muros naturales que encerraban la inigualable forma de vida de aquel valle.

 

 

VALDELUNA...

 

 

Reina la naturaleza

como madre de las cosas

en mi aldea imaginaria.

Insectos, pájaros, vientos,

que transportan las semillas

todas ellas necesarias.

Algunas imprescindibles

como la lluvia y el sol

que empujan a despertarlas.

 

Las manos encallecidas,

áspero astil de madera,

ayudan a que los frutos

broten de la madre tierra.

Trabajo, sudor  y polvo

han curtido su riñón.

El respeto, la paciencia,

los consejos del abuelo,

son nido en su corazón.

 

La palabra paz, no existe,

pues nunca existió la guerra.

Tampoco existen los pobres,

pues nadie añora riqueza.

 

No hay nadie que se cuestione

su libertad personal.

Para qué quieren justicia

si no conocen el mal.

Para que tener un Dios

que te premie con el cielo,

sin conocer un demonio

que te castigue al infierno.

Dejemos girar la rueda,

el calor para el verano

y el frio para el invierno.

 

Un equilibrio constante,

entre la noche y el día.

Tendrá que existir la muerte,

para que nazca la vida.

Valdeluna, sí que existe,

pero...  La tengo escondida.

 

                       Mi próxima historieta sucederá en otro sitio, otros personajes, otras circunstancias.

       Entre tanto Valdeluna seguirá allí, tranquila, ajena a inmundicias que azotan esta desequilibrada sociedad.

 

 

F I N

Boceto terminado  el 31 de enero de 2016

N.º de registro: 9yCtofmS-2021-06-29T12:33:55.850

Carlos Torrijos C.a.r.l. (España)

 



6 comentarios:

  1. Impresionante, C.A.R.L, me ha hechizado el relato y el poema. Crack, eso eres poeta.

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    1. Gracias ISA, el último capítulo siempre da pena.echaré de menos a mis actores, pero creo que es el momento adecuado.

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  2. Bellísima historia que me ha atrapado desde el principio y. Gracias Carlos por compartir esa imaginación y darnos tantos detalles que cogemos cariño a los personajes.Mucha verdad para reflexionar en esta historia. 😘

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  3. Una historia que te lleva en volandas de principio a fin. Dejemos a Valdeluna seguir llevando su plácida pero inigualable existencia. Gracias por un relato que ha amenizado mis mañanas. Besiños maese y bienvenida Primavera.

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