Samuel se puso a colocar todo lo que estaba tirado por la bodega. El resto del Bahamas estaba cuidado, limpio
y ordenado, pero aquello parecía la cueva de Alí-Babá.
A cada cosa que encontraba, más le
sorprendía. Valientes traficantes de
cualquier mercancía ilegal.
Cada vez que volcaba una caja, para examinar lo que había en su
interior, retumbaba como si de una bomba se tratase y él, más fuerte cantaba
para mitigar el gran estruendo en sus oídos.
-la curiosidad hizo que Tayyeb se
asomase a la escalera haber que andaba haciendo-
Tayyeb.-
musaso loco ¿qué hacer ahí?
Samuel.-
♫♫♫-
♬♬ Se queres a boa moza
non vaias por ela á feira,
vaina buscar á súa casa
o día da sementeira ♬♫-﴿
Tayyeb.-
eh, musaso, ¿no oyes?
Samuel.-
baja Tayyeb y échame una mano
Tayyeb.-
no, no. Yo mejor ruido de motores, que oírte canturrear
Faltaban pocas jornadas para llegar al punto donde deberían recoger la
nueva carga. Cuando abriesen las recién
engrasadas trampillas del techo, aquello iba a estar irreconocible.
Pintó un gran cuadro en el suelo.
En su interior varias cajas boca
abajo (como si fueran mesas) donde tenía colocados los utensilios para
reparar la red.
–
Zona prohibida –
Que a nadie se le ocurrirá ni pisar en
ella.
Ninguno de los compañeros tenía idea de lo que estaba haciendo, aunque la
mayoría suponían sus intenciones y se sentían orgullosos de la iniciativa.
A media tarde, Samuel en soledad miraba el mar. Aburrido, haciendo nada
por hacer algo.
Casio.-
resucitado ¿hace una partida?
Samuel.-
yo no entiendo de naipes
Patrik.-
a esto se aprende fácil
Samuel.-
¿Cuál es la apuesta?
Casio.-
garbanzos
Samuel.-
¿y algo más?
Berto.-
vale, si pierdes no pasa nada, por ser la primera vez, pero si ganas, nos
mandas hacer algo en la bodega.
-Las grandes manos dieron un golpe sobre la mesa –
Weza.-
NO, aquí nadie manda nada, si queréis ayudar, en vuestra mano está
Samuel.-
tienes razón, perdona ha sido culpa mía. Venga vamos a echar unas partidas y
así pasamos un rato. Pero esperar un momento
-Samuel bajo hasta la bodega y volvió con una caja pequeña en sus manos -.
Samuel.-
mirar lo que me encontré ayer, un dominó totalmente nuevo ¿os apetece?
Casio.-
buena idea
Berto.-
¿Quién apunta?
Patrik.-
yo mismo
Pusieron sobre la mesa unas botellas para
engrasar la garganta y dieron vueltas a las fichas. Estaba en juego la honrilla moral. Nadie
se sienta para perder, aunque nada material se juegue.
(Quién ganó, no merece la pena reseñarlo. Pasaron un buen rato y luego
se fueron a cenar algo, antes de irse a dormir).

Un barco la mar de curioso, El Bahamas.
ResponderEliminar