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miércoles, 26 de julio de 2017

Nueva vida "31" y "32"

 

“31” Nueva vida

La tarde anterior sin saberlo, habían sembrado la semilla de la que recogerían buenos frutos en el futuro.

        Después de comer, volvieron a la piscina  –esta vez intentando controlar la hora-  allí estaba la pandilla del día anterior dando guerra.

          Nada más sentarse, apareció un camarero con dos granizados de limón con un toque de menta y vainilla espolvoreada.

Camarero.- A esta consumición están ustedes invitados de parte de la juventud, por lo de ayer

Weza.- si no le molesta…      ¿podríamos poner varias mesas juntas?

Camarero.- en absoluto, yo mismo las coloco en un momento

Samuel.- entre los tres no tardamos nada

Camarero.- preferiría hacerlo yo.  Se lo agradezco, pero el jefe siempre está al acecho

Weza.- ¿que toman normalmente estos bichos?

Camarero.- les encanta la sandía con ron, pero solo cuando andan bien de dinero

Weza.- pues trae sandía para todos

Camarero.- son doce ¿les parece bien que traiga tres?

Samuel.- tendrá que traer doce

Camarero.- no se preocupe, con una para cuatro es bastante;   hasta demasiado diría yo.

    Las sandías fueron llegando a las mesas de una en una.  Efectivamente eran sandias grandes. Las habían vaciado y vuelto a rellenar con su pulpa bien batida con ron.

  De ellas, en su parte superior salían unas largas pajas adornadas con coloridas sombrillas de papel.

  -un silbido hizo volver la cabeza a la chiquillería-

Samuel.- chavales.  Vamos, venir a refrescaros

             -vinieron a la carrera, pero antes de sentarse...-

  .- no hacía falta, ayer ustedes fueron muy comprensivos con nosotros

   .- jolín, otros habrían puesto el grito en el cielo

Weza.- pero no nos llaméis de usted, que tampoco somos tan  mayores

     -se fueron sentando alrededor de las mesas, diciendo sus nombres-

Samuel.- bueno nosotros nos vamos, que tenemos una cita importante

Weza.- mañana nos vemos

            .- pero y vuestros nombres

Samuel.-  él es Weza  y yo Samuel, que no se os olvide

      .- hasta mañana y gracias  – dijeron todos a coro-

 

       Esa tarde D. Fernando llegó con Ricardo. Se sentaron los cuatro y se empezaron a poner papeles sobre la mesa.

Ricardo.- empezaremos por ti Wenceslao.

Weza.- ¿Wenceslao? Yo soy Weza

Fernando.- tú en la documentación eres Wenceslao y punto, luego que te llamen como quieran.

Ricardo.- toma el bolígrafo y empieza a firmar donde estén marcadas las cruces con lápiz

Samuel.- ¿yo también tengo que firmar todo eso?

Fernando.- no, tú vas a ser especial

      -mientras Ricardo iba pasando papeles a Weza, para su firma,  Samuel se acordó de algo-

Samuel.- una pregunta D. Fernando   ¿usted ha dicho que me falta a mí un hervor?

       -Ricardo y Weza, empezaron a reírse por lo bajo-

Fernando.- pues si lo he dicho no me acuerdo, pero pensarlo si que lo he pensado

                     -Samuel se quedó sorprendido-

Samuel.- ¿y por qué?

Fernando.-no te digo.   No te preocupes mucho que es una broma, tal vez quise decir que eras aún muy joven

Ricardo.- vamos que te toca firmar a ti

           -Samuel se fijo en el nombre y nacionalidad del carnet y comenzó a firmar.   -De ponto paró-

Samuel.- Weza, ahora resulta que soy colombiano

Ricardo.- que más das de donde seas, en un par de meses tendrás la nacionalidad Española

Samuel.- pero me dijeron que me habían recogido cerca de las costas españolas y es el único idioma que se hablar.   Yo ya soy español

Weza.- no seas pesado y firma, que esta gente tendrá más cosas que hacer.

         Una vez los documentos firmados,  D. Fernando se levantó y llamó al servicio de habitaciones.

Fernando.- por favor una botella de champange bien frio y cuatro copas

Ricardo.- ir haciendo las maletas que después de brindar  nos vamos

Samuel.- ¿ya? ¿Pero dónde?

Weza.- haz lo que te dicen y calla de una vez.  Me tienes negro

            -Hasta D. Fernando con lo serio que era, tuvo que saltar de carcajada-

 

“32”  Nueva vida 

       Los cuatro brindaron por una fructífera relación.

              Recogieron sus pertenencias y salieron del hotel dirección a una calle cercana al puerto.

       Pararon frente a un pequeño local con el escaparate tapiado, la fachada llena de grafitis hechos con spray, y una puerta vieja de madera que se hubo de forzar para conseguir abrirla.

          Dentro, cuatro paredes de ladrillo visto y un suelo lleno de cascotes.    El techo adornado con telarañas, que colgaban de las vigas de hormigón junto a un casquillo sin bombilla, suspendido de un cable y su otro extremo reposando  en el suelo con los hilos pelados.     Hasta el enchufe faltaba.

       No les asustaba tener que acondicionar aquello para hacerlo su vivienda, pero había algo raro teniendo en cuenta que pretendía el día anterior llevarlos a vivir a su propia casa.

Fernando.- aquí pondremos en funcionamiento un negocio de asesoramiento en importaciones, solo será una tapadera de momento, mañana mismo estarán aquí los albañiles para ponerlo decente.

                -Salieron y cruzaron la calle-

Fernando.- vamos, aquí en el primer piso es donde vais a vivir, para que veáis que yo escucho las sugerencias que se me hacen.  Poco a poco ya iréis poniendo el mobiliario a vuestro gusto

Ricardo.- aquí a la vuelta hay un supermercado, luego os digo donde

          -Tras abrir la puerta, en un momento Samuel había recorrido todas las habitaciones-     Era un piso chulísimo y con mucha luz, además justo enfrente del local.   Lo que no terminaba de entender era que iban a importar y exportar ellos.

Samuel.- y digo yo ¿Qué vamos a exportar nosotros?

Fernando.- vosotros nada.  Yo contrataré los servicios de esa empresa para que me asesore en las importaciones más rentables del mercado en cada momento.

Samuel.- pues como se fie de nosotros, va a la ruina

Weza.- es que…  Mira que no puede estar callado

Samuel.-pues si no entiendo algo, lo pregunto

Ricardo.- déjalo, tendremos que acostumbrarnos

Fernando.-Mañana cuando venga, vendrán conmigo dos señores para que firméis el resto de papeleo.   Delante de ellos, ni una palabra.  Buenos días, adiós y el resto está de más

Weza.- de acuerdo, no se preocupe

Ricardo.-También en la esquina hay un bar donde se come muy bien y barato, es para gente trabajadora y el dueño es un gran cocinero.

         Cada uno escogió un dormitorio de los tres con los que contaba el piso.    En dos de ellos, una gran cama de matrimonio. Tanto elegir y elegir, para al final, terminar durmiendo en una habitación en la que había dos camas con una mesita en medio.      Weza echaba de menos el hablar en sueños de Samuel y a este le fablaba la música de fondo de los resoplidos nocturnos de su genio.

           Trascurridas dos semanas desde su desembarco en tierras españolas, sus vidas habían cambiado, eran unas personas nuevas,  ahora sí que ya, su pasado no existía.

  Solo un futuro al que ya no tenían miedo; todos los papeles estaban arreglados y las clases de conducir con Ricardo iban por buen camino.

   La obra del local parecía no tener prisa, los encargados de la misma llegaban, medían y se volvían a ir.    Estaban organizando todo para que en el momento en que la luz de obra estuviese enganchada, ponerse manos a la obra.

    Cada mañana a primera hora, Samuel y Weza salían a comprar y a conocer la zona.   De su hombro, siempre un bolsito colgado en el que tan solo  llevaban las llaves, la cartera con su identificación extranjera y un dinerillo junto a un móvil que solo contenía dos contactos.

          Poco a poco iban haciéndose al entorno portuario, gentes y costumbres.     En el salón, un ordenador nuevo, a la espera de que viviesen a darle acceso a internet.  Allí frente él, pasaban horas investigando cómo funcionaban los programas que venían preinstalados de fábrica.

          Muchas veces se acordaban de sus compañeros del Bahamas, pensando en cómo se podrían comunicar con ellos, aunque solo fuera hablar por radio con Guzmán.

                  Claro, pero para eso habría que esperar a que D. Fernando lo creyese conveniente.   Este era reticente a la sugerencia, les había dicho que ese contacto podía hacer más daño que ilusión a los que estaban a bordo.

  Se habían tocado muchos palillos, llamado a muchas puertas y también pedido muchos favores, para legalizarlos a ellos dos y en aquel barco había mucha gente que querría los mismos privilegios y no sin razón, algunos de los que allí seguían, fueron de los primeros que se unieron a Guzmán.





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