“31” Nueva vida
La tarde
anterior sin saberlo, habían sembrado la semilla de la que recogerían buenos
frutos en el futuro.
Después de comer, volvieron a la
piscina –esta vez intentando controlar
la hora- allí estaba la pandilla del día
anterior dando guerra.
Nada más sentarse, apareció un
camarero con dos granizados de limón con un toque de menta y vainilla
espolvoreada.
Camarero.- A esta
consumición están ustedes invitados de parte de la juventud, por lo de ayer
Weza.- si no le
molesta… ¿podríamos poner varias mesas juntas?
Camarero.- en
absoluto, yo mismo las coloco en un momento
Samuel.- entre
los tres no tardamos nada
Camarero.-
preferiría hacerlo yo. Se lo agradezco,
pero el jefe siempre está al acecho
Weza.- ¿que toman
normalmente estos bichos?
Camarero.- les
encanta la sandía con ron, pero solo cuando andan bien de dinero
Weza.- pues
trae sandía para todos
Camarero.- son
doce ¿les parece bien que traiga tres?
Samuel.- tendrá
que traer doce
Camarero.- no se preocupe, con una para cuatro es bastante; hasta demasiado diría yo.
Las
sandías fueron llegando a las mesas de una en una. Efectivamente eran sandias grandes. Las habían
vaciado y vuelto a rellenar con su pulpa bien batida con ron.
De ellas, en su parte superior salían unas
largas pajas adornadas con coloridas sombrillas de papel.
-un silbido hizo volver la cabeza a la
chiquillería-
Samuel.-
chavales. Vamos, venir a refrescaros
-vinieron a la carrera, pero antes
de sentarse...-
.- no hacía falta, ayer ustedes fueron muy
comprensivos con nosotros
.- jolín, otros habrían puesto el grito en
el cielo
Weza.- pero no
nos llaméis de usted, que tampoco somos tan
mayores
-se fueron sentando alrededor de las mesas,
diciendo sus nombres-
Samuel.- bueno
nosotros nos vamos, que tenemos una cita importante
Weza.- mañana
nos vemos
.- pero y vuestros nombres
Samuel.- él es Weza
y yo Samuel, que no se os olvide
.-
hasta mañana y gracias – dijeron todos a
coro-
Esa
tarde D. Fernando llegó con Ricardo. Se sentaron los cuatro y se empezaron a
poner papeles sobre la mesa.
Ricardo.-
empezaremos por ti Wenceslao.
Weza.-
¿Wenceslao? Yo soy Weza
Fernando.- tú en
la documentación eres Wenceslao y punto, luego que te llamen como quieran.
Ricardo.- toma el
bolígrafo y empieza a firmar donde estén marcadas las cruces con lápiz
Samuel.- ¿yo
también tengo que firmar todo eso?
Fernando.- no, tú
vas a ser especial
-mientras Ricardo iba pasando papeles a
Weza, para su firma, Samuel se acordó de
algo-
Samuel.- una
pregunta D. Fernando ¿usted ha dicho que me falta a mí un hervor?
-Ricardo y Weza, empezaron a reírse por
lo bajo-
Fernando.- pues si
lo he dicho no me acuerdo, pero pensarlo si que lo he pensado
-Samuel se quedó sorprendido-
Samuel.- ¿y por
qué?
Fernando.-no te
digo. No te preocupes mucho que es una
broma, tal vez quise decir que eras aún muy joven
Ricardo.- vamos
que te toca firmar a ti
-Samuel se fijo en el nombre y nacionalidad
del carnet y comenzó a firmar. -De ponto paró-
Samuel.- Weza,
ahora resulta que soy colombiano
Ricardo.- que más
das de donde seas, en un par de meses tendrás la nacionalidad Española
Samuel.- pero me
dijeron que me habían recogido cerca de las costas españolas y es el único
idioma que se hablar. Yo ya soy español
Weza.- no seas
pesado y firma, que esta gente tendrá más cosas que hacer.
Una vez los documentos firmados, D. Fernando se levantó y llamó al servicio de
habitaciones.
Fernando.- por
favor una botella de champange bien frio y cuatro copas
Ricardo.- ir
haciendo las maletas que después de brindar nos vamos
Samuel.- ¿ya?
¿Pero dónde?
Weza.- haz lo
que te dicen y calla de una vez. Me
tienes negro
-Hasta D. Fernando con lo serio que era, tuvo que saltar de carcajada-
“32” Nueva vida
Los cuatro brindaron por una fructífera
relación.
Recogieron sus pertenencias y
salieron del hotel dirección a una calle cercana al puerto.
Pararon frente a un pequeño local con el
escaparate tapiado, la fachada llena de grafitis hechos con spray, y una puerta
vieja de madera que se hubo de forzar para conseguir abrirla.
Dentro, cuatro paredes de ladrillo
visto y un suelo lleno de cascotes. El
techo adornado con telarañas, que colgaban de las vigas de hormigón junto a un
casquillo sin bombilla, suspendido de un cable y su otro extremo reposando en el suelo con los hilos pelados. Hasta el enchufe faltaba.
No les asustaba tener que acondicionar
aquello para hacerlo su vivienda, pero había algo raro teniendo en cuenta que
pretendía el día anterior llevarlos a vivir a su propia casa.
Fernando.- aquí pondremos
en funcionamiento un negocio de asesoramiento en importaciones, solo será una
tapadera de momento, mañana mismo estarán aquí los albañiles para ponerlo
decente.
-Salieron y cruzaron la calle-
Fernando.- vamos,
aquí en el primer piso es donde vais a vivir, para que veáis que yo escucho las
sugerencias que se me hacen. Poco a poco
ya iréis poniendo el mobiliario a vuestro gusto
Ricardo.- aquí a
la vuelta hay un supermercado, luego os digo donde
-Tras abrir la puerta, en un momento
Samuel había recorrido todas las habitaciones-
Era un piso chulísimo y con mucha luz, además
justo enfrente del local. Lo que no
terminaba de entender era que iban a importar y exportar ellos.
Samuel.- y digo
yo ¿Qué vamos a exportar nosotros?
Fernando.-
vosotros nada. Yo contrataré los
servicios de esa empresa para que me asesore en las importaciones más rentables
del mercado en cada momento.
Samuel.- pues
como se fie de nosotros, va a la ruina
Weza.- es que… Mira que no puede estar callado
Samuel.-pues si
no entiendo algo, lo pregunto
Ricardo.- déjalo,
tendremos que acostumbrarnos
Fernando.-Mañana
cuando venga, vendrán conmigo dos señores para que firméis el resto de papeleo.
Delante de ellos, ni una palabra. Buenos días, adiós y el resto está de más
Weza.- de
acuerdo, no se preocupe
Ricardo.-También en la esquina hay un bar donde se come muy bien y barato, es para gente trabajadora y el dueño es un gran cocinero.
Cada uno escogió un dormitorio de los
tres con los que contaba el piso. En
dos de ellos, una gran cama de matrimonio. Tanto elegir y elegir, para al final,
terminar durmiendo en una habitación en la que había dos camas con una mesita
en medio. Weza echaba de menos el
hablar en sueños de Samuel y a este le fablaba la música de fondo de los
resoplidos nocturnos de su genio.
Trascurridas dos semanas desde su
desembarco en tierras españolas, sus vidas habían cambiado, eran unas personas
nuevas, ahora sí que ya, su pasado no
existía.
Solo un
futuro al que ya no tenían miedo; todos los papeles estaban arreglados y las
clases de conducir con Ricardo iban por buen camino.
La obra del local parecía no tener prisa,
los encargados de la misma llegaban, medían y se volvían a ir. Estaban organizando todo para que en el
momento en que la luz de obra estuviese enganchada, ponerse manos a la obra.
Cada
mañana a primera hora, Samuel y Weza salían a comprar y a conocer la zona. De su
hombro, siempre un bolsito colgado en el que tan solo llevaban las llaves, la cartera con su
identificación extranjera y un dinerillo junto a un móvil que solo contenía dos
contactos.
Poco a poco iban haciéndose al
entorno portuario, gentes y costumbres.
En el salón, un ordenador nuevo,
a la espera de que viviesen a darle acceso a internet. Allí frente él, pasaban horas investigando
cómo funcionaban los programas que venían preinstalados de fábrica.
Muchas veces se acordaban de sus
compañeros del Bahamas, pensando en cómo se podrían comunicar con ellos, aunque
solo fuera hablar por radio con Guzmán.
Claro, pero para eso habría que esperar a que
D. Fernando lo creyese conveniente. Este
era reticente a la sugerencia, les había dicho que ese contacto podía hacer más
daño que ilusión a los que estaban a bordo.
Se
habían tocado muchos palillos, llamado a muchas puertas y también pedido muchos
favores, para legalizarlos a ellos dos y en aquel barco había mucha gente que
querría los mismos privilegios y no sin razón, algunos de los que allí seguían,
fueron de los primeros que se unieron a Guzmán.

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