Cuando se disponía a llevar a cabo su plan,
una mano se posó en su hombro apretando con unos fuertes dedos.
Abbud.-
musaso yo decir bajar abajo y tu insistir en estar bajo estrellas
Samuel.-
déjame Abbud, yo sé lo que hago
Abbud.-
yo también saber lo que tú haces
Con un golpe seco en la nuca, Samuel cayó desplomado al suelo. Cuando volvió en sí, estaba atado con las
muñecas a la espalda sujeto a un poste de hierro situado a los pies de la
hamaca.
Samuel.-
¡desátame ahora mismo!
Abbud.-
callar y dejar dormir o yo tapar la boca
con trapo lleno de grasa. Prometo, mucho
asco
Samuel.-
te vas a acordar de esto
Tayyeb.-
si no dejar dormir, tú sí que recordar muchos
años esta noche
Estaba claro que esa batalla estaba
perdida y que si seguía en su empeño iba a ser peor. No le quedó más remedio que callarse y dormirse.
Cuando despertó, se vio rodeado
por todos con Guzmán al frente.
Casio.-
¿Qué pensabas hacer? No nos gusta la gente que hace las cosas a escondidas ¿te quieres ir? Vete,
aquí nadie está prisionero, pero solo las ratas abandonan el barco
cuando la cosa se pone fea.
Samuel.-
intenté hablar con vosotros y nadie quiso escucharme
Berto.-
los hombres no escapan llorando
Samuel.-
lo primero que hice ayer, fue escribir en la bodega la verdad de lo sucedido,
eso que no quisisteis escuchar.
Lo desataron y bajaron para leer lo que había escrito. Sus letras en
tiza estaban borrosas, alguien había pasado algo sobre ellas dejándolas
ilegibles para cualquiera excepto para él.
Guzmán.-
esto no hay quien lo lea
Samuel.-
yo os lo leeré
- En ese momento una sombra negra
salió de entre las cajas –
Weza.-
no hay nada que leer, él solo quiere protegerme
Samuel.-
eso es mentira. El arma la robé yo. Yo la lleve a esa isla y solo yo pensaba
utilizarla contra aquellos desalmados, pero él me la arrebató de las manos
Weza.-
eso es mentira ¡demuéstralo si puedes!
-Los dos se enzarzaron en una
discusión –
.- ¡Basta YA! -gritó Guzmán- Los dos juntos quedareis confinados en la
bodega hasta que toméis la decisión de
decir la verdad. Y que a nadie se le
ocurra bajarles agua o comida.
Con los ojos llenos de cólera, cada uno de ellos se fue a un rincón
oscruro apretando sus puños y farfullando improperios hacia todo lo habido y
por haber bajo la capa del cielo. Sin
dirigirse ni una palabra estuvieron varias horas, ninguno de los dos iba a
permitir que el otro cargase con las culpas.
Samuel.-
ya está bien ¿por qué haces esto? Este es tu sitio, tu familia y yo soy un
extraño, que no tiene ni pasado. A
saber quién soy. Tal vez alguien que no
dudaría en delataros a la mínima oportunidad.
Weza.-
cállate de una vez, eres mi hermano ¿Si
te fueras de aquí donde irías? No sabes
nada ni siquiera recuerdas tu verdadero nombre. Serías carne de presidio en
cuanto pusieras los pies en tierra
Samuel.-
¿y tú que serás? Lo mismo
Weza.-
sí, puede que tengas razón, pero yo ya lo conozco y sé cómo vivir en ese sitio
Samuel.-
me da igual, porque no voy a permitir que cargues con culpas que no te
pertenecen
Weza.-
está bien, entonces nos iremos los dos, pero dime ¿Porqué tuviste que coger esa pistola?
Samuel.-
no lo sé, por si acaso algún día teníamos que defendernos de alguien. Ya ves, de hecho gracias a ella, estamos todos a bordo sanos y salvos
Weza.-
no lo entiendes, es que tú no lo entiendes.
Eres un zoquete. Lo importante
es cómo vivimos. Así nuestra vida
tiene sentido. Si no es así, mejor estar muertos
Samuel.-
vamos a contar la verdad y que hagan con nosotros lo que quieran. Según tú esa
es la justicia del Bahamas y eso es lo que tiene que ser para que la vida tenga
una razón de ser. Pues adelante, respetemos este modo de vida, sus decisiones y sus consecuencias.

Mundo de piratas, caracolas y sirenas con la nariz empolvada. Seguimos la historia de un barco en el Caribe que sorprende con las historias marineras o no...
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