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martes, 25 de julio de 2017

Nueva vida "30"


         Volvieron al jardín.   La chiquillería se había ido.

El silencio reinaba y las mesas se comenzaban a ocupar por matrimonios.

Weza.- nos deberíamos ir a vestir decentemente

Samuel.- sí, aquí ya no pintamos nada

Weza.- pero antes de subir pasaremos por recepción

       Cogieron unos trípticos de publicidad del hotel para saber a qué actividades podían recurrir y pasar esos días entretenidos.

   Pero si había de todo.    En la planta inferior tenían por el día gimnasio, sauna, masajes y a partir de las doce, dos discotecas con distintos  ambientes.

       Pues nada, después de la cena, estarían un rato en la habitación tranquilos y bajarían a escuchar un poco de música y ver que gente se movía en la noche de aquella ciudad.

   Según bajaron, en la planta -1, a unos metros del ascensor un rótulo de neón y protegiendo la entrada dos señores elegantes.

             Nada más entrar, advirtieron que casi todo eran matrimonios,  música melódica,  mesas demasiado bien adornadas y mucha seriedad.    Pero pensaron  –hombre todavía es muy pronto-  sentados se tomaron una copa y pasado un rato largo se dieron cuenta que aquello no era de su agrado, además no se sentían cómodos por ciertas miradas que parecían invitarlos a marchar.

   Salieron de allí escopetados.  Preguntaron a los señores de la entrada por la ubicación de la otra discoteca.

                   . –Justo al fondo del pasillo-

     Aprovecharon para ir viendo donde se encontraba el gimnasio.     Antes de que llegasen eso ya pintaba de otra manera.     La gente joven se agolpaba en la puerta para entrar.  La música se oía con fuerza desde el pasillo  y un par de tipos con la cabeza afeitada y cuerpos musculados controlaban el acceso.

Samuel.- mira Weza, esos son como tú

Weza.- calla canijo, yo soy especial

Samuel.- sí, -lo miró de arriba abajo y añadió-

     .-Sí, tú eres negro

          Weza echó mano al bolsillo y mostró la llave de la habitación.   Eso fue suficiente para que les brindasen la opción de pasar sin esperar.       Nada más cruzar unas gruesas cortinas, una especie de bofetón sacudió sus ojos y oídos, resoplaron y entre el bullicio fueron hacia una esquina de la barra, donde estar tranquilos hasta hacerse al ruido y los destellos lumínicos.

        Tras unas copas, decidieron bailar un rato, nadie los conocía, por lo que se sentían libres de todo, incluso de ellos mismos.  Hicieron el ganso hasta que los pies no aguantaban más.  Weza, echó el brazo por encima del hombro de Samuel para llevarlo a por la última antes de irse a dormir.

  En la esquina de la barra, pidieron otra copa y entonces un chaval con pinta de macarra se acercó a ellos.

                    .- ¿os apetece algo?  Speed, coca

Samuel al ver la cara que puso Weza, se acercó a él y le dijo al oído:  .-hoy no nos apetece,  mejor otro día si eso  hablamos.

                    -se alejó buscando otros clientes-

Weza.- ¿qué le has dicho?

Samuel.- nada que no nos apetecía y punto

Weza.- mejor vámonos, no sea que vuelva a insistir y haya que dar un tirón de orejas a ese niñato

Samuel.- sí vamos, que ya estoy cansado.

 

          En aquel hotel de gente refinada e hipócrita, donde el dinero tapaba las interioridades de cada uno, ya tenían bastante de que hablar.    A la mañana siguiente eran la comidilla de refinados comentarios.

           Ellos estaban a lo suyo, durmiendo a pierna suelta, esperando la llegada de Ricardo que se presentó a media mañana para llevarles algo más de ropa y hacer las fotografías para poner en la documentación.

Weza.- pasa Ricardo, ¿te apetece tomar algo?

Ricardo.- no, nunca bebo, el alcohol es mala compañía

Weza.- perdona, no tiene por qué ser alcohol

Ricardo.- no hay nada que perdonar.  Un zumito fresco sí que me apetece

Samuel.- espera, que pido un desayuno para tres, mira que ayer bebimos poco, pero tengo el cuerpo hecho un asco

Weza.-vete a duchar, que hueles a tigre.  Ya voy pidiendo yo el desayuno

Samuel.- sí, mejor

Ricardo.- es buen chaval este Samuel

Weza.- sí, ya lo irás conociendo, es de los que nunca te fallan

Ricardo.- ya me dijo D. Fernando que haríamos buenas migas.    A mí, todos me miran de reojo pero me da igual, cumplo con mi trabajo y así mi madre no tiene que ir a fregar, bastantes disgustos le di ya en mi adolescencia

Weza.- por eso con nosotros no te preocupes, si en algo te podemos echar una mano, cuenta con ella siempre

Samuel.- ¿de qué habláis?

Weza.- de nada, que dice D. Fernando que te falta un hervor

       -Samuel puso un gesto de incomprensión-     En ese momento  llamaban a la puerta para dejar el desayuno.  Prefería comer algo antes que plantearse las dudas del porqué de ese comentario de D. Fernando.

 



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