Volvieron al jardín. La chiquillería se había ido.
El
silencio reinaba y las mesas se comenzaban a ocupar por matrimonios.
Weza.- nos
deberíamos ir a vestir decentemente
Samuel.- sí,
aquí ya no pintamos nada
Weza.- pero
antes de subir pasaremos por recepción
Cogieron unos trípticos de publicidad
del hotel para saber a qué actividades podían recurrir y pasar esos días
entretenidos.
Pero
si había de todo. En la planta
inferior tenían por el día gimnasio, sauna, masajes y a partir de las doce, dos
discotecas con distintos ambientes.
Pues nada, después de la cena, estarían
un rato en la habitación tranquilos y bajarían a escuchar un poco de música y
ver que gente se movía en la noche de aquella ciudad.
Según bajaron, en la planta -1, a unos metros del ascensor un
rótulo de neón y protegiendo la entrada dos señores elegantes.
Nada más entrar, advirtieron que
casi todo eran matrimonios, música
melódica, mesas demasiado bien adornadas
y mucha seriedad. Pero pensaron
–hombre todavía es muy pronto-
sentados se tomaron una copa y pasado un rato largo se dieron cuenta que
aquello no era de su agrado, además no se sentían cómodos por ciertas miradas
que parecían invitarlos a marchar.
Salieron de allí escopetados. Preguntaron a los señores de la entrada por
la ubicación de la otra discoteca.
. –Justo al fondo del
pasillo-
Aprovecharon para ir viendo donde se encontraba el gimnasio. Antes de que llegasen eso ya pintaba de
otra manera. La gente joven se
agolpaba en la puerta para entrar. La
música se oía con fuerza desde el pasillo
y un par de tipos con la cabeza afeitada y cuerpos musculados
controlaban el acceso.
Samuel.- mira
Weza, esos son como tú
Weza.- calla
canijo, yo soy especial
Samuel.- sí, -lo
miró de arriba abajo y añadió-
.-Sí,
tú eres negro
Weza echó mano al bolsillo y mostró
la llave de la habitación. Eso fue suficiente para que les brindasen la
opción de pasar sin esperar. Nada
más cruzar unas gruesas cortinas, una especie de bofetón sacudió sus ojos y
oídos, resoplaron y entre el bullicio fueron hacia una esquina de la barra,
donde estar tranquilos hasta hacerse al ruido y los destellos lumínicos.
Tras
unas copas, decidieron bailar un rato, nadie los conocía, por lo que se sentían
libres de todo, incluso de ellos mismos. Hicieron el ganso hasta que los pies
no aguantaban más. Weza, echó el brazo
por encima del hombro de Samuel para llevarlo a por la última antes de irse a
dormir.
En la esquina de la barra, pidieron otra copa
y entonces un chaval con pinta de macarra se acercó a ellos.
.- ¿os apetece algo? Speed, coca
Samuel al
ver la cara que puso Weza, se acercó a él y le dijo al oído: .-hoy no nos apetece, mejor otro día si eso hablamos.
-se alejó buscando otros
clientes-
Weza.- ¿qué le
has dicho?
Samuel.- nada
que no nos apetecía y punto
Weza.- mejor
vámonos, no sea que vuelva a insistir y haya que dar un tirón de orejas a ese
niñato
Samuel.- sí
vamos, que ya estoy cansado.
En aquel hotel de gente refinada e
hipócrita, donde el dinero tapaba las interioridades de cada uno, ya tenían
bastante de que hablar. A la mañana
siguiente eran la comidilla de refinados comentarios.
Ellos estaban a lo suyo, durmiendo a
pierna suelta, esperando la llegada de Ricardo que se presentó a media mañana
para llevarles algo más de ropa y hacer las fotografías para poner en la
documentación.
Weza.- pasa
Ricardo, ¿te apetece tomar algo?
Ricardo.- no,
nunca bebo, el alcohol es mala compañía
Weza.- perdona,
no tiene por qué ser alcohol
Ricardo.- no hay
nada que perdonar. Un zumito fresco sí
que me apetece
Samuel.- espera,
que pido un desayuno para tres, mira que ayer bebimos poco, pero tengo el
cuerpo hecho un asco
Weza.-vete a
duchar, que hueles a tigre. Ya voy
pidiendo yo el desayuno
Samuel.- sí,
mejor
Ricardo.- es buen
chaval este Samuel
Weza.- sí, ya
lo irás conociendo, es de los que nunca te fallan
Ricardo.- ya me
dijo D. Fernando que haríamos buenas migas.
A mí, todos me miran de reojo
pero me da igual, cumplo con mi trabajo y así mi madre no tiene que ir a
fregar, bastantes disgustos le di ya en mi adolescencia
Weza.- por eso
con nosotros no te preocupes, si en algo te podemos echar una mano, cuenta con
ella siempre
Samuel.- ¿de qué
habláis?
Weza.- de
nada, que dice D. Fernando que te falta un hervor
-Samuel puso un gesto de incomprensión- En
ese momento llamaban a la puerta para
dejar el desayuno. Prefería comer algo antes que plantearse las dudas del
porqué de ese comentario de D. Fernando.

Aquí continuamos siguiendo sus andanzas. Feliz lunes maese.
ResponderEliminarFeliz semana
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