“33” Transición
Los días pasaban y D. Fernando no daba
señales de vida.
Desde la ventana del salón veían el
trasiego de gente entrando y saliendo del local. El escaparate tapiado y la puerta de madera se
habían convertido en dos grandes cristaleras empapeladas por su interior, para
que nadie pudiese ni imaginar su nuevo aspecto.
La curiosidad les hacía intentar mirar de
reojo cuando pasaban por la puerta y esta estaba entreabierta, pero tenían
orden de ni siquiera asomarse o hablar con los operarios que allí
trabajaban. D. Fernando quería darles
la sorpresa con la satisfacción de ver sus caras y ese día sentiría pagada
parte de la deuda que tenía con Guzmán.
Internet les ayudó a ponerse al día de lo que pasaba en el mundo y sentados en el sofá, frente al televisor del salón, no faltaban nunca a la hora de los informativos.
Por fin llegó la hora esperada. Muy temprano
llamaron al timbre. Eran ellos, D. Fernando y Ricardo.
Juntos bajaron al portal. Sin cruzar la calle, vieron como subían y
anclaban, un gran cartel luminoso que cubría toda la parte superior de la
fachada:
--- ASESORÍA FINANCIERA BAHAMAS
---
Los operarios quitaron los papeles que
cubrían los cristales, pero los ojos de Samuel y Weza, estaban empañados, no
podían ver, ni aun habiendo cruzado la calle. Era tal la emoción, que lo que sentían
recordando ese nombre, les impedía incluso respirar.
Entraron al interior. Dos mesas en forma de ola de colores azul y
verde, eran suficiente para llenar todo el espacio. Sobre ellas, una pantalla de ordenador en su lado
derecho. Centrado, un gran
portafolios. Al lado izquierdo, una reproducción en
miniatura del Bahamas con un nombre inscrito: Guzmán. Y al lado, la placa de metal sobre una
pequeña peana de madera labrada, en la que se podían leer sus nombres y el
cargo:
“director
ejecutivo”
Un archivador, sobre el que reposaba
un ancla de cerámica, dormía junto a una columna. Las paredes en blanco, totalmente
vacías. Tan solo un cuadro en la pared que
estaba justo a su espalda presidia el local. Una ampliación en sepia. Dos hombres jóvenes que se estrechaban la
mano con el mar de fondo. No les hizo
falta preguntar quienes eran. El
parecido no se había distorsionado con los años. Solo
se acercaron a Don Fernando y dijeron:
Gracias.
D. Fernando, en silencio dejó las llaves
sobre una mesa y se marcho junto a Ricardo dejándolos solos. No tenía
derecho a romper aquel momento con palabras inútiles que a la vista estaba que
sobraban.
Samuel y Weza ni fueron a comer ese
día, cuando D, Fernando Y Ricardo volvieron por la tarde, allí seguían, sentados cada uno en su
sillón, de espaldas a la mesa con el pequeño Bahamas entre sus manos y mirando aquella fotografía.
Ricardo.- buenas
tardes
-los dos se giraron
sobresaltados-
Fernando.-
tranquilos que somos nosotros
Samuel.- gracias
D. Fernando, de lo que recuerdo, creo que este ha sido el día más feliz de mi
vida
Fernando.- pues
aún no hemos acabado, claro, que el resto seguro que ya no tiene comparación.
Ricardo.- vamos a
la calle
Fernando.- tomar
esto son vuestros carnet de conducir y ese es vuestro coche
-Allí
aparcado, un todo terreno gris metalizado, recién salido del concesionario les
esperaba.
Ricardo.- vamos,
a que esperáis para probarlo
Samuel.- ¿no la
liaremos?
Femando.- tranquilos,
Ricardo va con vosotros
Weza.- ¿y
usted?
Fernando.- le
tengo mucho aprecio a la vida; yo me
vuelvo a casa con mi coche. Divertiros y
mucho cuidado con beber
Weza.- por eso
no se preocupe
Fernando.- os dejo
en buenas manos pero cuidado no volváis muy tarde, mañana a primera hora estoy
aquí.
Esa
tarde/noche, Ricardo los llevó por todos los sitios de moda. Desde los locales
donde los trabajadores tomaban unas cervezas con amigos, hasta esos lugares que solo la gente de alto
standing se permitían el lujo de frecuentar.
Rozando el amanecer, tras dejar a Ricardo en
casa, abrían la puerta del piso para descansar un poco. A las
diez en punto “como marcaba el cartelito”
la puerta del local debía estar abierta.
“34” Transición
Después de desayunar, abrían al público.
Samuel.- ¿y
ahora qué?
Weza.- ahora a
esperar a que entre algún cliente
Samuel.- si
entra alguien lo atiendes tú
Weza.-
tranquilo, que yo lo atiendo
Samuel.- ¿pero
tú sabes de asesoramiento financiero?
Weza.- de toda
la vida
-Samuel se
quedó mirándolo con gesto de incredulidad-
Con cara de aburrido se entretenía
dibujando con un lápiz sobre un folio doblado a la mitad.
Weza, atento a la pantalla del ordenador,
demostrando interés y anotando datos.
Cosas sin sentido. Vamos por
hacer algo
Samuel.- ¿Qué
haces?
Weza.- viendo
los productos que más suben y bajan en la bolsa
Samuel.- ¿bolsa?…
menuda bolsa estás tú echo
Weza.- nadie
dice que trabajes; hombre, pero al menos
que lo parezca
Samuel.- vale,
voy a buscar algún restaurante con buena pinta en los alrededores la ciudad
Weza.- lo tuyo
tiene guasa
Samuel.- solo es
por si viene algún cliente y hay que llevarlo a comer ¿O vas a ir con él, al bar de la esquina?
- En esto el jefe entraba por la
puerta-
Fernando.- ¿Cómo
va la mañana?
Samuel.-bien, no
damos abasto
-en una carpeta llevaba un montón de papeles
que iba sacando sobre la mesa-
Fernando.- aquí
está el registro y el alta de la empresa
.- altas de la seguridad social
.- cuenta bancaria y tarjetas de
gastos de empresa
.- cartillas personales con tarjetas
de débito
-Una
vez guardadas las tarjetas en el bolso y los papeles en un cajón, D. Fernando mostró otra carpeta-
Fernando.-
bueno. Aquí tenéis una fotos de mis hijas y sus amigos,
esta es Susana, la mayor y esta Judit la pequeña.
Samuel.- anda,
pero si esta pandilla son amigos nuestros
Weza.- claro
los de la piscina
-D. Fernando comenzó a reír sin
poder parar-
Fernando.-
perdonar, pero… –la risa no le permitía ni hablar-
Samuel.- ¿qué le
pasa?
Fernando.- lo
siento, esperar
Weza.-tranquilo
que le va a dar algo. Samuel, marcha a
por un botellín de agua al bar
Fernando.- ya se
me pasa, tranquilos, ya se pasa
Samuel.- anda
qué… vaya risa más tonta le ha entrado
-ya empezaba a respirar con normalidad, pero al alzar la vista y mirarlos
de frente, la risa volvió con más fuerza-
Fernando.-uf, ya,
ya, que mal
Samuel.- ¿pero
que le ha pasado?
Fernando.- ósea
que entonces, vosotros sois esa parejita tan agradable
Weza.-
¿nosotros parejita?
Fernando.- eso es
lo que me dijeron, bueno sois famosos en todo el hotel
Samuel.- ya
decía yo
Weza.- ¿ya
decías tú, qué?
Samuel.-nada,
nada
Weza.- por eso
nos miraban y se sonreían cada vez que nos saludaba alguien
Samuel.- anda
que ¿si supieran esto en el Bahamas?
Fernando.-
vosotros veréis lo que hacéis. Pero
bueno, ya tenéis ganados a los amigos y
amigas de mis hijas, solo tenéis que
seguirles el juego y saber dónde van y lo que hacen, para estar cerca y evitar
que se metan en líos.
-Samuel con acento sudamericano en el
hablar, puso postura de modosito-
Samuel.- ay, mi
amol, ya te veo vestidita de blanco
Weza.- como
suelte la mano del revés, te voy a vestir yo a ti de monaguillo
Fernando.-
perdonar pero… ¿Qué
hicisteis para dar esa impresión a todo el mundo?
Weza.- que yo
sepa nada
Samuel.- lo
habrán descubierto en tu mirada
Weza.- a que
te llevas un bofetón
Fernando.- no te
enfades, si es gracioso
Weza.- pues
usted perdone, pero hace un rato que dejo de hacerme gracia el chiste
Fernando.-venga
vale, que ya está bien. La próxima vez, mirar que bañadores os comparáis. A mí no me importa como lo hagáis, yo solo
valoro los resultados.

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