Al hotel entraron por la puerta de atrás y subieron a su habitación en
el ascensor de servicio.
Ricardo.-
yo que vosotros, me pondría el albornoz si llamáis al servicio de
habitaciones. Todo está pagado, mañana
se os traerá ropa con la que no desentonar; creo que me equivoqué, con esta más
bien, parecéis gente de pensión cutre.
-El chófer se fue sin más
explicaciones-
Samuel.-
este tío en imbécil
Weza.-
un poco sí que parece
-oyeron voces en el pasillo, se
asomaron discretamente-
Samuel.-
coño, no me extraña, que lujo. Si nos ven con estas pintas, directamente nos
echan o llaman a la policía
Weza.-
nos damos un baño, nos vestimos con el albornoz en plan cómodo y llamamos que
nos traigan algo, tengo el estomago pidiendo algo a gritos
Samuel.-
fíjate que cacho camas, televisor y mueble bar; esto tiene que costar una pasta
Weza.-
voy a echar un vistazo mientras te bañas
Samuel.-
mira Weza, esta bañera es más grande que un bote del Bahamas. ¿Para qué serán tantos frascos? Champú, gel,
sales.
-una vez aseados y bien afeitados, leyeron la carta que había sobre las
mesitas-
Samuel.-
aquí no hay quien se entere
Weza.-
¿Qué te apetece?
Samuel.-
unos huevos fritos con chorizo
Weza.-
no fastidies, algo más chic, espera ya llamo yo
-weza descolgó el teléfono-
Samuel.-
quieto, ¿cuál es el número de habitación?
Weza.-
no sé, sal al pasillo y lo miras
Samuel.-
quinientos doce
Weza.-
vale. ¿Servicio de habitaciones? Suban a la quinientos doce dos revueltos de
setas con gambas, un solomillo a la pimienta y merluza en salsa verde
.- ¿algún vino en especial?
-Weza se quedó sin saber que
decir-
Weza.-
el vino lo dejo a su elección.
Pasado un rato llamaron a la
puerta. Un joven vestido de pingüino,
entraba empujando un carro y tras dejarlo junto a la mesa cruzaba sus manos a
la espalda
Samuel.-
¿qué esperas?
Camarero.- a que
se sienten para servirles
Samuel.-
no, no, ya nos servimos nosotros
-el joven se acercó a la puerta y
allí se volvió a parar de nuevo-
Samuel.-
¿y ahora qué pasa?
Weza.-
ya lo voy entendiendo; lo siento,
perdona, solo manejamos billetes de quinientos, así que mañana por la tarde
subes y te llevarás una buena propina
Camarero.-
muchas gracias –y por fin los dejó solos-
Con cara de satisfacción se sentaron frente a frente a la mesa,
levantaron las tapaderas de aquellas inmensas bandejas y su gesto tornó en
decepción.
Weza.-
¿y esto?
Samuel.-
bonito queda, pero aquí deben de pensar que somos pajarillos
Weza.-
mucha bandeja, pero poca comida
Samuel.-
bueno esperemos que al menos esté rico
-Buenamente se repartieron aquellos cachitos de arte abstracto y se
sirvieron una gran copa de vino-
Samuel.-
¿Qué te parece?
Weza.-
prefiero la cocina de Patrick, ese sí que sabe hacer la salsa verde,
contundente, esto parece agua de fregar
Samuel.-
al menos el vino está cojonudo
Weza.-
pues habrá que probar una cosa
Samuel.-
¿a qué te refieres?
Weza.-
ya verás, luego te cuento
-En cinco minutos las bandejas estaban que no hacía falta ni fregarlas-
Weza.-
y ahora el postre
Samuel.-
se nos olvidó pedir postre
Weza.-
allá en la cárcel, coincidí con un
españolito, decía que era de la mancha. Siempre de postre cogía el vino (por llamarlo
de alguna manera) y se echaba cachos de pan en el vaso. Decía que se llamaban angelillos y que estaba
buenísimo
Samuel.-
pues vamos a ver, todo sea por llenar la barriga
Efectivamente estaban buenos aquellos angelillos y habían servido para
aplacar el hambre.
Weza.-
voy a echarme un rato, le voy a dar una paliza a este colchón…
Samuel.-
vamos a poner el televisor a ver qué pasa en el mundo
-Samuel iba pasando los canales de uno en uno-
Samuel.-
si ves algo que te guste lo dices
Weza.-para,
para, déjalo ahí
Samuel.-
¿esto? Pero si esto es de niños
Weza.- ¿de niños? Tú que sabrás, no hay nada como
los dibujos animados. Yo es que me parto,
que bestias.

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