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jueves, 20 de julio de 2017

Nueva Vida "26"


      Al hotel entraron por la puerta de atrás y subieron a su habitación en el ascensor de servicio.

Ricardo.- yo que vosotros, me pondría el albornoz si llamáis al servicio de habitaciones.  Todo está pagado, mañana se os traerá ropa con la que no desentonar; creo que me equivoqué, con esta más bien, parecéis gente de pensión cutre.

              -El chófer se fue sin más explicaciones-

Samuel.- este tío en imbécil

Weza.- un poco sí que parece

-oyeron voces en el pasillo, se asomaron discretamente-

Samuel.- coño, no me extraña, que lujo. Si nos ven con estas pintas, directamente nos echan o llaman a la policía

Weza.- nos damos un baño, nos vestimos con el albornoz en plan cómodo y llamamos que nos traigan algo, tengo el estomago pidiendo algo a gritos

Samuel.- fíjate que cacho camas, televisor y mueble bar; esto tiene que costar una pasta

Weza.- voy a echar un vistazo mientras te bañas

Samuel.- mira Weza, esta bañera es más grande que un bote del Bahamas.  ¿Para qué serán tantos frascos? Champú, gel, sales.

    -una vez aseados y bien afeitados, leyeron la carta que había sobre las mesitas-

Samuel.- aquí no hay quien se entere

Weza.- ¿Qué te apetece?

Samuel.- unos huevos fritos con chorizo

Weza.- no fastidies, algo más chic, espera ya llamo yo

                 -weza descolgó el teléfono-

Samuel.- quieto, ¿cuál es el número de habitación?

Weza.- no sé, sal al pasillo y lo miras

Samuel.- quinientos doce

Weza.- vale.    ¿Servicio de habitaciones?       Suban a la quinientos doce dos revueltos de setas con gambas, un solomillo a la pimienta y merluza en salsa verde

          .- ¿algún vino en especial?

               -Weza se quedó sin saber que decir-

Weza.- el vino lo dejo a su elección.

            Pasado un rato llamaron a la puerta.     Un joven vestido de pingüino, entraba empujando un carro y tras dejarlo junto a la mesa cruzaba sus manos a la espalda

 Samuel.- ¿qué esperas?

 Camarero.- a que se sienten para servirles

Samuel.- no, no, ya nos servimos nosotros

          -el joven se acercó a la puerta y allí se volvió a parar de nuevo-

Samuel.- ¿y ahora qué pasa?

Weza.- ya lo voy entendiendo;  lo siento, perdona, solo manejamos billetes de quinientos, así que mañana por la tarde subes y te llevarás una buena propina

 Camarero.- muchas gracias      –y por fin los dejó solos-

 

      Con cara de satisfacción se sentaron frente a frente a la mesa, levantaron las tapaderas de aquellas inmensas bandejas y su gesto tornó en decepción.

Weza.- ¿y esto?

Samuel.- bonito queda, pero aquí deben de pensar que somos pajarillos

Weza.- mucha bandeja, pero poca comida

Samuel.- bueno esperemos que al menos esté rico

      -Buenamente se repartieron aquellos cachitos de arte abstracto y se sirvieron una gran copa de vino-

Samuel.- ¿Qué te parece?

Weza.- prefiero la cocina de Patrick, ese sí que sabe hacer la salsa verde, contundente, esto parece agua de fregar

Samuel.- al menos el vino está cojonudo

Weza.- pues habrá que probar una cosa

Samuel.- ¿a qué te refieres?

Weza.- ya verás, luego te cuento

       -En cinco minutos las bandejas estaban que no hacía falta ni fregarlas-

 Weza.- y ahora el postre

Samuel.- se nos olvidó pedir postre

Weza.- allá en la cárcel,  coincidí con un españolito,  decía que era de la mancha.  Siempre de postre cogía el vino (por llamarlo de alguna manera) y se echaba cachos de pan en el vaso.   Decía que se llamaban angelillos y que estaba buenísimo

Samuel.- pues vamos a ver, todo sea por llenar la barriga

       Efectivamente estaban buenos aquellos angelillos y habían servido para aplacar el hambre.

Weza.- voy a echarme un rato, le voy a dar una paliza a este colchón…

Samuel.- vamos a poner el televisor a ver qué pasa en el mundo

        -Samuel iba pasando los canales de uno en uno-

Samuel.- si ves algo que te guste lo dices

Weza.-para, para, déjalo ahí

Samuel.- ¿esto? Pero si esto es de niños

Weza.-  ¿de niños? Tú que sabrás, no hay nada como los dibujos animados.  Yo es que me parto, que bestias.

 


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