Al amanecer, Weza subió a cubierta, se situó frente a la escotilla, puso el arma en el suelo junto a sus pies y
esperó paciente a que el resto apareciese.
Los hombres fueron saliendo y situándose frente a él cabizbajos, no
podían entender que después de tantos
años, Weza se hubiese saltado las normas.
Samuel intentó acercarse a su
amigo, pero dos de los hombres lo empujaron contra unas cajas.
Patrik.-
si te mueves de ahí te volvemos a tirar al mar
El último en aparecer fue Guzmán, con gesto serio y mal humorado.
Guzmán.-
No esperábamos esto de ti. Sabes las normas, elige un lugar donde abandonar el
Bahamas y comenzar de nuevo. Allí te
acercaremos a la costa y lloraremos tu partida.
Samuel intentó adelantarse al grito de: .-¡no es justo!
De un nuevo empujón volvió a caer
sobre las cajas.
Weza se agachó, cogió el arma y la tiró con fuerza al mar. En voz
alta dijo.- !España!. -Luego agachó la cabeza y se bajó a su
camarote a recluirse hasta que llegase el día de desembarcar-
Samuel se fue al encuentro de Guzmán, para intentar explicarle lo
sucedido.
Samuel.-
no tienes razón, él no ha hecho nada
Guzmán.-
déjame en paz, ya es demasiado duro para mí este momento como para darle
vueltas
Samuel.-
pero es que él, no ha hecho nada
Guzmán.-
¡que lo dejes! – dándole un manotazo
en el pecho para apartarlo de su camino –
Se fue
hasta la sala de maquinas, hoy allí los motores estaban apagados. Intento
explicarles lo ocurrido, pero tanto Tayyeb como Abbud hicieron oídos sordos.
.-déjanos en paz
Estaban demasiado contrariados con lo ocurrido
como para escuchar justificaciones sin sentido. Pensaban que solo era una artimaña de salvar a
Weza de ser expulsado.
A él,
lo mismo le daba comenzar en otro sitio, como si lo querían de nuevo tirar al
mar. Samuel haría cualquier cosa por su
genio y devolverle todo lo que había hecho por él, pero en este caso era una
obligación, solo él, era el culpable.
Era imposible hablar con nadie del tema. La cabeza parecía quererle explotar, al menos
tenía que hablar con Weza para que lo aclarase, pero en su camarote no
estaba. ¿Dónde se había metido? Recorrió el Bahamas palmo a palmo, no podía
ser que una cosa tan grande se hubiese esfumado.
Bajó las escaleras que conducían a la bodega. Se sentó en la penumbra pensando en
aquella injusticia que él mismo había provocado. Puso sus antebrazos sobre una caja y
barrió de un manotazo con todo aquello que se encontraba a su alcance.
Estaba derrumbado, necesitaba oír aunque fuese por última vez su frase
preferida -zagal esta noche toca- pero
el silencio era lo único que sus oídos percibían.
Con una tiza, sobre aquellas tabas comenzó a escribir la verdad de lo
sucedido. Alguien bajaría y al leerlo se daría cuenta del error, luego
cogería un bote y se dejaría a voluntad de las mareas hasta donde el destino
quisiese llevarlo.

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