Un susurro se deslizaba desde lo alto de la escalera detrás de la
puerta.
Abbud.-
musaso sube.
Los dos aprovecharon sus últimos resquicios de aliento para escalar los
empinados peldaños.
Apoyado en la puerta, un trozo
de hielo se deshacía lentamente al sol, dejando entrar por la rendija del suelo
unas gotas de agua que les darían el sustento necesario para llegar a la mañana
siguiente con vida.
Pasaron las largas horas, una vez anocheció,
el calor insoportable, se convirtió en un frío aterrador.
Weza.-
lo entiendes ahora; por eso te dije que te quitases toda la ropa. No te la pongas aún, aprovecha una
prenda para secarte bien todo el cuerpo
y después ponte el resto
Samuel.-
no había pasado tanto calor y tanto frío en mi vida, y menos el mismo día
Weza.-
ahora ayúdame
- puso un gran cajón boca arriba-
Weza.-
vamos hay que llenarlo hasta la mitad con estas gruesas redes.
Aquel amasijo de cuerdas le servirían como colchón.
Weza.-
ahora trae tus redes, que son más finas y menos pesadas
Samuel.-
¿y qué más da?
Weza.-
tú hazme caso
-una vez estaban las redes junto al
cajón-
Weza.-
vamos adentro, bien juntos para darnos calor
Una vez dentro, se echaron por encima aquel amasijo de cuerda fina y
corchos. Los fuertes brazos del “genio” se abrieron
paso entre los nudos y rodearon el cuerpo de Samuel apretando la frágil espalda
contra su pecho.
Weza.-
tranquilo, pronto entrarás en calor
Samuel.-
tú no eres mi hermano, eres igual que una madre
Weza.-
lo siento, pero no tengo tetas
-Una risa escandalosa iluminó la desoladora oscuridad-
Weza.-
ánimo zagal, que mañana tenemos que pescar
Samuel.-sí,
mañana echaremos las redes y te voy a sacar un pez que no vas a ser capaz de
terminarlo
En
cuanto que entró en calor, se quedó dormido.
El frio había dejado de atenazar sus
articulaciones y la tensión de sus músculos se convertía en flacidez.
Weza con sus ojos entreabiertos vigilaba que ningún mal sueño perturbase
su descanso. Susurrando con dulzura
cerca de su oído, contaba historias de amor entre intrépidos piratas y afables sirenas,
allá en las profundidades. Rodeados
de corales cubiertos los barcos embrujados, cofres abiertos, tesoros hundidos donde joyas legendarias de dorado metal
engarzando rubíes, zafiros, esmeraldas y diamantes, resplandecían iluminadas
por los rayos de luz que surgían del tridente del Rey Neptuno. Allá,
en el fondo, donde ninguna gaviota le pudiera molestar.
Al run, run, el buen genio fue perdiéndose en
su historia volviéndose él protagonista de la misma, agasajado por bellas doncellas con rostro angelical y largas
melenas se dejó engullir por la lámpara maravillosa donde el tiempo no tiene
dimensión, donde el vapor de incienso embauca los sentidos más placenteros y
los colores del arco iris se funden en los labios de la joven amada
proporcionando un sabor a cielo en cada beso.
El sol no se quedó dormido. Puntualmente
asomó en el horizonte y la rotundidad de unos puñetazos sobre las
chapas, pusieron fin a la tranquilidad.

Eres un gran escritor... me leído de un tirón hasta acá, y espero terminarlo dentro de un rato.. La verdad es una emocionante aventura , sensible , emotiva y te engancha por a dinámica de la narración ! Es muy ameno y ágil cada capítulo .. Me gusta mmuhisimo ! EnhorBUENA Carlos !!!
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