Los dos, clavaron sus ojos en un par de mujeres que estaban apoyadas en la
barra. Estas se acercaron al momento amablemente.
Camille.-
¿no os apetece pasar un buen rato?
Pianista.-
eso mismo les estaba yo diciendo ahora mismito. Vamos jovenzuelo, que no hay tiempo que perder
Samuel.-
¿y usted?
Pianista.-
que joven más atento. Yo me voy a la
cama, pero solo. Mi cuerpo lo que
quiere es dormir.
Las dos parejas subieron a las habitaciones del primer piso mientras
Guzmán y el viejo pianista, quedaron charlando, apurándose la jarra de cerveza.
En el pasillo, Weza ya empezó a desprenderse
de la camisa, Samuel esperaba que fuera
ella quien le quitase el traje nuevo, sin prisas.
No era algo que estuviese al alcance de su mano todos los días y sabía
que pasaría mucho tiempo hasta que se le volviese a presentar una ocasión como
esta.
Pasado un rato, Weza, abotonándose el pantalón salía de la
habitación
Weza.-
vamos zagal que a este paso se te va a hacer de día. Yo te
espero abajo
-De nuevo se sentó en la mesa de al lado del piano-
De pronto, alguien llamó a la puerta del local y el dueño se acerco a ver
quién era. Unos indeseables empapados en alcohol, que querían entrar para echar la última copa.
Dueño.-
lo siento, esto es una fiesta privada – aclaro con toda educación-
De un empujón, la puerta lo
desplazó cayendo el dueño al suelo y dejando la entrada libre.
Guzmán, junto a otros se apresuraron a atenderle y el resto se pusieron
frente a la puerta.
Abbud.-
creo será mejor, dar la vuelta y marchar
.- ¿nos vas a echar tú? - le
contestó en mas farruco de todos-
A Tayyeb no le pareció nada bien que a su amigo se le diera aquella contestación. Dio un paso al frente y lanzó el brazo con
tal fuerza que su puño hizo caer desplomado al bocazas.
Comenzó una bronca y con ella los puñetazos, los gritos y el volar de
objetos. Weza sin saber porqué se puso de brazos
cruzados al lado de la cortina que cubría la puerta por la que se accedía al
piso de arriba y a las habitaciones; mientras
sus compañeros daban y recibían golpes a destajo.
Al oír el barullo, Samuel a
medio vestir bajó como una centella.
Al abrir la cortina vio como algunos de aquellos individuos echaban mano
de sus navajas de gran tamaño. Sus compañeros echaron un paso atrás.
.- de aquí no vais a salir vivos –
amenazo uno de los intrusos-
Samuel echo mano a la parte trasera de su pantalón y sacó una pistola
(que había sustraído del cargamento) Weza, estuvo atento. Con su mano izquierda le agarró la muñeca, con
la derecha le quitó el arma de entre sus dedos antes de que nadie se percatase
de lo sucedido y la guardó en su bolsillo.
Luego solo, sin miedo se abrió paso entre la multitud y se puso al frente.
Weza.-
guardad las navajas, hoy aquí podría haber muerto alguno de vosotros – empuñó la pistola y les apuntó – tantos como
balas tiene este cargador y os garantizo que tengo muy buena puntería.
Todos retrocedieron a regañadientes y se marcharon.
Se acabó la fiesta. Sin decir
palabra. Asombrados de que un compañero
tuviera un arma. Los tripulantes del Bahamas recorrieron en silencio la calle hasta el embarcadero, y tras montar en los botes y se dirigieron al barco.
Una vez, todos a bordo, solo se oyó la voz enfadada de Guzmán.
.- Señores a dormir. De lo
ocurrido esta noche, ya hablaremos mañana.

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