La tarde caía, ese día el Bahamas
parecía un barco fantasma, ni un ruido, ni partida de cartas, ni siquiera la
comida o la cena habían sido servidas. Todos
acostados, ocultos en sus camarotes recordando cosas que ninguno quería
recordar, imágenes turbias de un tiempo pasado que había dejado de
atormentarlos y ahora regresaban a sus mentes.
Samuel esperaba paciente junto a la barandilla a que la noche cerrada le
marcase el camino de su penitencia. Las hamacas ya estaban atadas. Tayyeb y Abbud
de pie junto a ellas, cuchicheaban mirando hacia el sitio donde estaba
Samuel.
Abbud.-
musaso, tú ya bajar a camarote
Samuel.-
no tengo sueño
Abbud.-
yo decir que bajar y tú hacer caso
Samuel.-
estoy mirando al mar, luego bajo
Tayyeb.-
el mar no solución, la noche mala consejera
Samuel.-
la noche al menos me escucha, vosotros no
Abbud.-
callar y bajar dormir, mañana yo oír lo que tu querer decir
Samuel se bajo a los camarotes. Recorrió todo el pasillo hasta llegar al de
Weza, seguía vacío ¿Dónde estaría escondido? ¿Habría abandonado el barco sin
decir nada? No podía ser, él no era así.
Se echó en su camastro y al
rato quedo dormido, derrotado por la impotencia y de nuevo fue atacado por las
gaviotas. Intentó quitárselas de encima
una y otra vez, se despertaba
aterrorizado y al volver a cerrar los ojos, los pájaros volvían a atormentar
sus sueños ¿Qué querrían decirle? Un
enigma imposible de descifrar.
Unos pasos recorrían el pasillo hasta llegar a la puerta de su camarote.
Sus gritos de sobresalto habían roto el
sueño de Guzmán, que con cuidado se
asomó a ver qué pasaba.
Guzmán.- ¿Qué te pasa? ¡Eh resucitado! ¿Te pasa algo?
Samuel.-
no, solo es un sueño
Guzmán.-
venga duérmete que mañana va a ser un día largo
Samuel.-
oye Guzmán, hoy has cometido una injusticia
Guzmán.-
ya te dije esta mañana que no quiero hablar de ese tema. Olvídalo.
Samuel.-
al menos dime donde puede estar Weza
Guzmán.-
tú siempre dices que es como un genio, pues busca la lámpara y frótala. Ahora a
dormir.
O todos eran muy listos, o él, era muy tonto ¿porqué no podían hablar
claro? ¿A qué escondrijo del barco le llamarían la lámpara? Sería una frase
tonta de Guzmán.
Subió
de nuevo las escaleras sin hacer ruido.
Entreabrió la puerta que daba a la cubierta y salió con sigilo para no
despertar a los árabes.
Allí, apoyado en la barandilla sabía que con solo tocar un bote, estos
se despertarían. Tan solo un chaleco,
le daría la oportunidad de no fenecer en el intento.
La
playa de un pequeño islote no estaba
demasiado lejos y en tierra firme ya se las ingeniaría para sobrevivir.
En la red había los suficientes corchos para fabricarse uno.
Decidido; bajaría a la bodega y
en silencio haría una larga cadena
flotante con la que envolver su pecho y antes del amanecer ataría un cabo a la
barandilla por donde descender sin ser visto y así no hacer ruido al caer al
agua. Cuando despertasen, él ya
estaría oculto entre la vegetación.

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