A las once y cuarenta un toc, toc, los
ponía en guardia.
Weza.-
adelante ¿ha venido usted solo?
Fernando.-
hay cosas que se deben de hacer en privado
Samuel.-
¿le apetece tomar algo?
Fernando.-
no gracias, vamos a sentarnos
Weza.-
pues usted dirá
Fernando.-
os voy a encargar un trabajo nada cómodo, con mucha responsabilidad y pocos
amigos.
Weza.-
perdón que le interrumpa. Yo no importo,
no tengo nada que perder. Estaré seis
meses o un año a su servicio si es necesario, pero a Samuel, búsquele un sitio
sin riesgo y legal
Samuel.-
a mi no me importa
Fernando.-
tú calla. Desde luego que será un trabajo legal, viniendo
recomendados por Guzmán… Mejor no correr
riesgos
Weza.-
ahora me quedo más tranquilo. Con su permiso voy a coger un refresco
Samuel.-
yo me pondré un coñac ¿Desea que le ponga algo?
Fernando.-
no gracias. Ay, ay Samuel, cuanto te queda por aprender
Samuel.-
¿a qué se refiere?
Fernando.-
a nada, son cosas que solo enseña la edad
-Weza movió la cabeza al tiempo que emitía un suspiro de: “Qué se le va
hacer”-
-Samuel lo miró con un gesto de disculpa y se agarró a un zumo,
desechando la idea del coñac-
Fernando.-
¿os veis capacitados para realizar un trabajo de gran responsabilidad? Solo
espero la mitad de la lealtad que profesáis a Guzmán.
Weza.-
tiene mi palabra –besándose la uña del dedo pulgar-
Samuel.-
y la mía –imitando el gesto-
Fernando.-
bien, quiero que sepáis que tendréis en contra a todos esos trepas que estando
trabajando en mi empresa durante años, siguen en el almacén o en las
oficinas y que se creen
imprescindibles. No sé, tal vez el
único que se lleve bien con vosotros sea Ricardo, mi joven chófer, al que también miran todos por encima del
hombro.
Samuel.-
¿y por qué?
Weza.-
caaalla
Fernando.-
porque para ellos es un puesto de privilegio.
No tienen ni idea de lo que es estar
las veinticuatro horas del día pendiente del teléfono, disponible en cada
momento para cualquier emergencia.
Samuel.-
muchas gracias por aclarárnoslo, las apariencias engañan y he de reconocer que
a mí me había parecido un niñato pijo
Fernando.-
¿Ricardo? ¿Un niñato? Pudiera ser, pero es buena gente, de familia pobre y muy honrada. Su
abuela sirvió muchos años en casa de mis padres. Una
segunda madre para mí, y yo intento ser un hombre
agradecido.
Weza.-
pues a mí me parece bien
Fernando.-
a lo que íbamos. Vosotros dos viviréis
en mi casa y os alojareis en la zona del
personal de servicio.
Vuestra misión será la de acompañar a mis dos hijas y protegerlas como
si de vuestras hijas se tratase.
Weza.-
¿pero que son, muy pequeñas?
Fernando.-
ahí está lo malo. Tienen quince y
diecisiete años, y no quiero que se metan en cosas anómalas, bueno vosotros ya
me entendéis. Os tendréis que ir ganando
su confianza, saber lo que hacen y conseguir incluso que os cuenten aquello que
jamás me contarían a mí
Weza.-
yo no le prometo que esto salga bien, su libertad debe de estar por encima de
todo
Fernando.-
me he debido explicar mal. Quiero que sean libres, pero prudentes
Weza.-
le advierto, si acaso llegásemos a conseguir que nos cuenten algo, cosa que
dudo, tendrían mi palabra de que usted de mis labios no lo iba a saber y mi
palabra es sagrada
Fernando.-
lo entiendo, y por eso mismo quiero confiar en vosotros
Samuel.-
tengo un jaleo en la cabeza que no me estoy enterando de nada ¿Pero nosotros que tenemos que hacer?
Weza.-
nada, solo hacernos amigos de dos adolescentes que seguro que están locas, como
todas
Samuel.-
puff, que follón. Bueno, bueno, por intentarlo.
Pero yo no lo veo claro
Fernando.-
vosotros Intentarlo, con el intento me daré por satisfecho. ¡AH! Mañana se os harán las fotos para la
documentación. ¿Sabréis conducir?
-Los dos quedaron
callados-
-Él se dirigió a
la puerta-
Fernando.-
bueno le diré a Ricardo que os de unas clases por el polígono industrial, una
vez estéis documentados.

Qué peligro tiene esto....jejejejeje
ResponderEliminarDivertida etapa comienza
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