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sábado, 22 de julio de 2017

Nueva vida "28"


     A las once y cuarenta un toc, toc, los ponía en guardia.

Weza.- adelante ¿ha venido usted solo?

Fernando.- hay cosas que se deben de hacer en privado

Samuel.- ¿le apetece tomar algo?

Fernando.- no gracias, vamos a sentarnos

Weza.- pues usted dirá

Fernando.- os voy a encargar un trabajo nada cómodo, con mucha responsabilidad y pocos amigos.

Weza.- perdón que le interrumpa.  Yo no importo, no tengo nada que perder.  Estaré seis meses o un año a su servicio si es necesario, pero a Samuel, búsquele un sitio sin riesgo y legal

Samuel.- a mi no me importa

Fernando.- tú calla.   Desde luego que será un trabajo legal, viniendo recomendados por Guzmán…  Mejor no correr riesgos

Weza.- ahora me quedo más tranquilo.    Con su permiso voy a coger un refresco

Samuel.- yo me pondré un coñac ¿Desea que le ponga algo?

Fernando.- no gracias.    Ay, ay Samuel, cuanto te queda por aprender

Samuel.- ¿a qué se refiere?

Fernando.- a nada, son cosas que solo enseña la edad

  -Weza movió la cabeza al tiempo que emitía un suspiro de: “Qué se le va hacer”-

   -Samuel lo miró con un gesto de disculpa y se agarró a un zumo, desechando la idea del coñac-

Fernando.- ¿os veis capacitados para realizar un trabajo de gran responsabilidad? Solo espero la mitad de la lealtad que profesáis a Guzmán.

Weza.- tiene mi palabra –besándose la uña del dedo pulgar-

Samuel.- y la mía –imitando el gesto-

Fernando.- bien, quiero que sepáis que tendréis en contra a todos esos trepas que estando trabajando en mi empresa durante años, siguen en el almacén o en las oficinas  y que se creen imprescindibles.   No sé, tal vez el único que se lleve bien con vosotros sea Ricardo, mi joven chófer,  al que también miran todos por encima del hombro.

Samuel.- ¿y por qué?

Weza.- caaalla

Fernando.- porque para ellos es un puesto de privilegio.

No tienen ni idea de lo que es estar las veinticuatro horas del día pendiente del teléfono, disponible en cada momento para cualquier  emergencia.

Samuel.- muchas gracias por aclarárnoslo, las apariencias engañan y he de reconocer que a mí me había parecido un niñato pijo

Fernando.- ¿Ricardo?   ¿Un niñato?     Pudiera ser, pero es buena  gente, de familia pobre y muy honrada.   Su abuela sirvió muchos años en casa de mis padres.   Una segunda madre para mí,  y yo intento ser un hombre agradecido.

Weza.- pues a mí me parece bien

 Fernando.- a lo que íbamos.  Vosotros dos viviréis en mi casa  y os alojareis en la zona del personal de servicio.

     Vuestra misión será la de acompañar a mis dos hijas y protegerlas como si de vuestras hijas se tratase.

Weza.- ¿pero que son, muy pequeñas?

Fernando.- ahí está lo malo.    Tienen quince y diecisiete años, y no quiero que se metan en cosas anómalas, bueno vosotros ya me entendéis.  Os tendréis que ir ganando su confianza, saber lo que hacen y conseguir incluso que os cuenten aquello que jamás me contarían a mí

Weza.- yo no le prometo que esto salga bien, su libertad debe de estar por encima de todo

Fernando.- me he debido explicar mal.     Quiero que sean libres, pero prudentes

Weza.- le advierto, si acaso llegásemos a conseguir que nos cuenten algo, cosa que dudo, tendrían mi palabra de que usted de mis labios no lo iba a saber y mi palabra es sagrada

Fernando.- lo entiendo, y por eso mismo quiero confiar en vosotros

Samuel.- tengo un jaleo en la cabeza que no me estoy enterando de nada  ¿Pero nosotros que tenemos que hacer?

Weza.- nada, solo hacernos amigos de dos adolescentes que seguro que están locas, como todas

Samuel.- puff, que follón. Bueno, bueno, por intentarlo.  Pero yo no lo veo claro

Fernando.- vosotros Intentarlo, con el intento me daré por satisfecho.  ¡AH!  Mañana se os harán las fotos para la documentación.  ¿Sabréis conducir?

-Los dos quedaron callados-

-Él se dirigió a la puerta-

Fernando.- bueno le diré a Ricardo que os de unas clases por el polígono industrial, una vez estéis documentados.

 


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