miércoles, 28 de diciembre de 2016

Semilla de Amor Divino

Feliz Cumpleaños Querida...

lunes, 19 de diciembre de 2016

Enhebrando




   Por el ojo de una aguja
como hilo de fina seda
quisiste cruzar volando.
  Y se quebraron tus alas
de plumas color azahar
al pretender intentarlo.

    Se detuvieron los trinos
sobre los trigos dorados,
con el otoño la vida
te colma de desengaños.

     Dónde quedaron tus trenzas,
los zapatos de charol,
esa mirada inocente
y las nubes de algodón,
dónde los sueños quedaron
envueltos por la ilusión.

     Cierra los ojos, pequeña,
deja que vuele tu mente,
deja cantar a tus versos
igual que lo hiciste siempre,
duerme feliz esta noche
sin que nada te atormente.




viernes, 16 de diciembre de 2016

Epitafio


Alma Cofrade


Para tres hermanos:
     TOÑO, BELËN y JAVI. (Cuenca)
          Hijos de LOLO Ruiz



martes, 6 de diciembre de 2016

Relato de una noche de otoño.


.    Tras dar a conocer el último capítulo del relato. Un día por medio y a la carga sin más dilación. (O se volverán a pasar otros diez años)
.      Llega la noche, me siento frente a él.  La ilusión del reencuentro con mi viejo amigo, se mezcla con la incertidumbre de saber cuál será el importe acumulado en esta factura, después de estos años.
.      Los dedos al fin se deciden a posarse sobre él. Las yemas, quieren bailar con gracia entre sus blancas y negras teclas. Los tropezones se suceden. Mi mente intenta atenuar la velocidad para poder pensar en el movimiento de cada articulación, pero las manos se rebelan contra mí.   Quieren volar, recorrer de nuevo ese espacio tantas veces transitado, saltan de un estilo a otro, “bolero, tango, pasodoble” hasta que a codazos, se abre camino un vals.
.     Y me da pena oír la melodía que suena…  nostalgia de los tiempos de luz donde silbaban los vientos, convertidos ahora en nubarrones grises, que simplemente eructan truenos.
.    Dejo a un lado lo establecido, lo ya escrito.  He de contarle tantas cosas.   La coordinación entre la melodía y la armonía, parece revelarse. Demasiados minutos para dar forma a ocho simples compases, los cuales me cuesta repetir.  Mecánicos, sin sentimiento, suenan una y otro vez.
.     Los recuerdos de mi mente se trasladan a aquel fatídico año para hacerme ver la luz de nuevo.  Tras aquel accidente, donde mi amigo me dijo: Ven, yo te ayudaré a lograrlo.  Y si entonces pude, ¿Por qué no lo voy a lograr ahora?
.    Sé que pasará mucho tiempo, que tal vez la edad y la falta de horas, no me permita alcanzar la digitación deseada, pero no me cabe duda, de que él y yo, volveremos a comunicarnos, tal vez con paseos y frases más pausadas.   Habrá que echar mano del bastón y aprovechar el resguardo de los arbustos en ese banco para sentarse  a descansar, dejándose mimar por los suaves rayos de sol que alumbran las tardes de otoño. (Son las cosas que tiene el hacerse mayor)

.   ¿Cuándo podrán escuchar mi nueva composición?
.-     no lo sé
.    Ni si quiera si entenderán lo que pretenda expresar en ella.   Pero sé que para mí, será algo maravilloso, desde que empiece a componerla hasta que termine de gestarla para que vea la luz.  Cuando oiga ese dialogo en el que los dos, aportaremos anécdotas y vivencias de nuestro caminar de la mano.   Entonces, podré sentir, que he recuperado su amistad.




lunes, 5 de diciembre de 2016

Dónde Marchaste cap.- 7º - Final


-------- Dónde marchaste -----
----- Capítulo 7º - Final----

        El 5 de junio De 1973, justo el día en que cumplía sus 75 años, moría solo, como había vivido los últimos años.
    Tan solo la gente del vecindario acudió a despedirlo.
    En el cementerio descansa por fin su alma atormentada. Sus poemas de otra vida, alcanzaron laureados galardones, mientras él, vivió pobre pero feliz, regalando sus letras, por no encontrar quien pagase por ellas.
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   Un 16 de agosto de 1936, en la querida España, llamaban a su puerta.
    Atrás quedaban los días de gloria.    Algunos de aquellos que hasta entonces, habían sido adeptos de sus escritos y reflexiones, ahora lo vilipendiaban, por reaccionario, por pensar en voz alta, por su sexualidad o simplemente por envidia.

          Un señor, amigo de la familia, vestido de uniforme y dos estrellas en la manda de la chaqueta, la noche del 19, lo empujaba a una cuneta, en el transcurso del último paseo,  poco antes de llegar a la altura del cortijo  Gazpacho.
     Allí pasó toda la noche agazapado por el miedo.  
    El sonido de los disparos de un pelotón de fusilamiento en un sitio cercano, retumbaría dentro de su mente toda la vida.

         De madrugada, un desconocido pasó a buscarlo.
     Lo mandó subir al coche, hecho un cuatro y cubierto por mantas,  permaneció en el maletero durante todo el día y parte de la noche, hasta llegar a un lugar desconocido para él.

      Allí debería esperar en soledad la próxima señal.

    En la habitación de aquella pensión, donde había estado escondido los últimos días, una maleta prestada, atada con cuerda de esparto como cierre y asa.      Que solo contenía   cuartillas escritas en la penumbra de su pena,  envueltas en una camisa de cuello de tira y un pantalón, esperaba en la noche el sonar de un doble claxon;   señal de que era hora de partir.

      Abandonaba la habitación, en que había estado alejado del mundo.       Tras la frontera, debía encontrarse con compatriotas que se habían adelantado en su exilio.

  Mirando hacia delante, nada quería ver.  Al volver la vista atrás, imaginaba el resplandor de las granadas de mortero, que empezaban a asolar su paria, cubriéndola de sangre, desolación y muerte.
      En la parte trasera de ese vehículo lleno de lágrimas, tan solo un lápiz sobre un papel hablaba.       Contaba la contradicción no entendida.   La cobardía de la mano, que no se veía con fuerza para empuñar un arma que no fuera su pluma para defender sus ideas.
 La impotencia subyugada por la consternación de perder todo aquello que había conseguido.
                Miedo a ser encarcelado, a que destruyesen sus últimos escritos y después de un tiempo, acompañar a sus compañeros en la fosa común de los olvidados.
    Él, que había elegido el estar cerca de los suyos, se veía obligado a marchar sin siquiera despedirse.

     Los minutos interminables, formaban parte de las horas de despedida, atrás quedaban los recuerdos, la infancia y la juventud.
          La familia que lo recordaría bajo aquel olivo andaluz donde se sentaba a escribir.
     El sol y la luna, ya no serian iguales y los poemas de luz, serían sombras difusas en la niebla.
   
        A lo lejos, otra bandera tricolor, le daba la bienvenida a un nuevo país, a una nueva vida, a un destino cargado de incertidumbre donde poder cantar a la libertad.

   El largo viaje tocaba a su fin. Se adentraban en la ciudad de Toulouse. En una esquina discreta y solitaria se apearon los viajeros, con un simple hasta siempre camarada, partió de nuevo aquel coche llevándose dentro su maleta.

   De su bolsillo sacó un papel, en él, apuntada la dirección donde se debía dirigir junto con el nombre de esa persona por la cual debía preguntar.
   No manejaba el idioma, fue enseñando esas letras a unos y otros, intentando entender sus indicaciones.

      Por fin, se encontraba frente al portal, la puerta abierta lo invitaba a entrar y un señor le preguntaba en castellano afrancesado:

Anciano.- ¿qué desea usted?
Federico.-  ¿Cómo sabe que soy español?
Anciano.- no pregunte, salta a la vista.
Federico.- me dijeron que pregunte por Lemaítre
Anciano.- en el segundo piso, habitación nueve

    Las escaleras de madera crujían a cada paso y el ladrido de un perro, parecía esperarlo en el rellano.

Lemaítre.- s’assoir Pierre
Federico.-  ¿es usted Lemaítre?
Lemaítre.- tranquilo, no hace nada, pero el paso firme no tiene porqué oírse, si la carcoma de la madera despierta, al final termina destruyendo las vigas y hace que el edificio se derrumbe.
Federico.- yo soy…
Lemaítre.- silencio.  Tú, ya no existes. En esta semana han pasado muchas cosas.
Federico.- pero…
Lemaítre.-  no hay peros.  A Federico lo fusilaron bajo un olivo en el camino que lleva de Viznar a Alfacar, junto a un maestro ateo y dos banderilleros anarquistas.
         A partir de ahora serás un obrero, llegado de España buscando un mejor trabajo.  Estos son tus documentos.
      Manuel de la Torre Ríos.   Este es tu nombre.
Federico.- ¿Y mis obras?
Lemaítre.-  Tus obras, con el tiempo… Ten por seguro que serán…    Lo que merezcan ser.





F I N



      
      

domingo, 4 de diciembre de 2016

Metaforía Isabelina

En el reloj, sonaron las doce campanadas.

   Amiga, poeta, señora.  Permítame la osadía de en este preciso día, representar en usted, a esas personas (hombres y mujeres) inmersas en un proceso demasiado habitual en estos últimos tiempos.
   En los próximos días, semanas, meses años…
Seguiremos escribiendo,  color verde esperanza, y nuestros poemas hablaran de rojos, azules y amarillos.  De otoños y primaveras. De amores a la luz de luna. 
Y eso será gracias a Ustedes (seres admirables a los que le sobra la fuerza, alegría y determinación, que tal vez nos falta a los que vemos la feria desde la terraza.
   Gracias por ser y estar.
            Y a ti. Isabel Suarez Mtnz-Cruz…..

                                    FELIZ CUMPLEAÑOS.





sábado, 3 de diciembre de 2016

Dónde Marchaste cap.-6º


-------- Dónde marchaste -----
----- Capítulo 6º -----

 Thierry.--    Tranquilo Manuel, aquí nadie se acordará de ti, serás un sobrino mío que ha venido para quedarse.  En estos tiempos hay mucho desplazado.
 Tengo amistades en la iglesia, te harán una documentación nueva y serás un ciudadano francés, como cualquier otro.
    En estos años se han destruido muchos archivos y nadie echará de menos tu pasado.
Manuel.- pero… ¿y la gente que me conocía?
Thierry.- por esos no hay cuidado.     A tu amigo Reinhad, lo mataron y perdona, pero bien merecido lo tenía.  Delató a la mitad de los jóvenes, chavales imberbes que no tenían ni edad ni ideas, solo por envidia, era un ser despreciable.
   Una noche, mientras paseaba con su mujer, un coche los atropelló;    de él se bajaron unas personas y en el suelo los remataron con un disparo en la cabeza, para asegurar que no delataban a nadie más.
     Un mes después, sus padres se fueron a vivir a Bremen de donde descendían. Dicen que allí casaron a su hermana, Ilse, (con la que paseabas del brazo los domingos), con un tal Rudolf Fischer, que dicen tenía la graduación de Mayor y estaba destinado en un acuartelamiento por Wurzburgo.
Manuel.-  ¿está seguro?
Thierry.- sí claro, eso dijeron
Manuel.- no puede ser. Entonces…
Thierry.- entonces qué
Manuel.- nada, nada, tal vez un día le contaré una historia

   Manuel comprendió entonces que Ilse, había reconocido sus poemas y caligrafía desde el primer día.
          Tal vez por esa razón, el mayor le ayudó a escapar y entonces…  la persona que ardió dentro del coche era ella y él sin saber nada. Si lo hubiera sabido…
      
  En un par de semanas tenía todos los papeles arreglados. Thierry, entró por la puerta sonriente con un sobre en las manos, dentro su nueva identidad.

Thierry.- vamos siéntate y abre este sobre, ya tengo ganas de saber cómo he de llamarte a partir de ahora.
Manuel.-  ¿cree usted que me da miedo?
Thierry.- miedo de qué.      ¿De que se te reconozca como persona?    Has cargado demasiado tiempo con un nombre tan falso y pesado, como las monedas de plomo.
Manuel.- sí pero…
Thierry.- ¡ábrelo ya!

      Despegó la solapa sin romperla.      De dentro sacó un librito y dio la vuelta a la tapa delantera para ver la primera hoja.    
    Allí estaba su nuevo nombre,  y la fecha de nacimiento:

                        Frederick…………. 5 JUIN 1998

Thierry.- que ironía, después de todo lo que has pasado y que me fuiste contando, que te vayan a poner un nombre de origen germánico y que además celebra su onomástica,   (Frederick de Utrecht)  el 18 de Julio. Será para que nunca olvides ni a Hitler ni a Franco.   Bueno, ni a Lorca

         Un intervalo de silencio.  Cogió las manos de Thierry y las besó.

Frederick.- gracias, muchas gracias
Thierry.- ¿entonces te gusta?
Frederick.- gracias, muchas gracias
Thierry.- vamos, pon los platos y vamos a comer

           A los pocos días ya con su documentación en regla, empezaría de nuevo a trabajar en los archivos pendientes de la catedral.  Thierry le iría enseñando paso a paso como realizar  el cuidado y conservación de aquel monumento.

Por fin terminó la guerra. Europa había quedado destruida, los hombres y mujeres trabajaban en su reconstrucción.
        Sin tener un título en sus manos, fue requerido, como profesor de arte y de literatura, pero su constancia seguiría estando tras aquellos gruesos muros de piedra.
     
Thierry.-  ¿por qué haces esto?    No te das cuenta de que ahora tienes una gran oportunidad
Frederick.- mi gran oportunidad es estar a su lado, aquí siempre aprendiendo
Thierry.- pero si eres profesor, serás valorado, mira, algún día publicaras tus poemas, relatos y ensayos, porque tienen algo especial, son muy buenos
Frederick.- para usted es muy bueno todo lo que yo hago. Pero queda mucho que aprender y tengo el mejor maestro
Thierry.- yo que te voy a enseñar, si apenas aprendí a leer
Frederick.- no se da cuenta que si usted hubiese estudiado en los libros, tal vez no tendría nada que enseñarme.
 Lo  que me enseña, nadie lo escribió, eso quiero aprender
Thierry.- estás muy loco, pero eso me da igual.   Hagas lo que hagas, siempre podrás contar con migo y el día que tú decidas marchar, será para bien
Frederick.- lo sé, pero no marcharé.

         Con los años el anciano, se vio postrado, demasiadas penurias para aquellos frágiles huesos que ya pedían tierra.
    Él lo cuidó como si de su mismo padre se tratase.    
          Noches en vela a su lado controlando no le faltase el aliento, jamás le faltó una caricia de sus manos, ni los más dulces besos de ese hijo que nunca tuvo.

     El día en que Thierry murió, Frederick, heredó todo lo que le pertenecía:
    La casa, el trabajo, incluso su apellido llevaba puesto en sus documentos.
          Nunca olvidaría sus últimas palabras:
       …---- nunca dejes de escribir poesías, ni de adornarlas con gracia en tus caligrafías.   
Sigue regalándolas a las personas de bien y tendrás la mejor recompensa.   Ver su felicidad.

       En el interior de la tapa de la caja de madera, mientras los conocidos lo velaban, escribió las más sentidas letras y las adorno con todo tipo de orlas de color, como exclusivo pago a todo lo que por él había hecho.

      Solo, en aquella pequeña casa, vivía esperando a que nadie llamase a la puerta, para qué.  Siempre que alguien había llamado su vida se había visto truncada.

     Cada noche, junto a la ventana, mientras veía a la gente caminar, escribía versos y los adornaba, para a la mañana siguiente darlos a la primera persona con la que se cruzaba por la calle camino al trabajo.  Trabajadores y trabajadoras que le pagaban con la mejor moneda:    las gracias con una sonrisa y un abrazo.

      En la catedral, enseñaba el tesoro a los visitantes, luego junto a ellos hacía un recorrido por todas las dependencias, explicando cada una de las obras de arte, se paraba en cada columna, en cada adorno, hasta llegar al altar mayor.
               Allí, se acababa la visita.  De rodillas rezaba unos minutos y en su oración, rogaba en voz baja por el alma de su gran maestro. Finalmente siempre reservaba un instante de silencio para recordar a esa que Jamás olvidó…
     …Su España.





jueves, 1 de diciembre de 2016

Dónde Marchaste cap.-5º


-------- Dónde marchaste -------
----- Capítulo 5º -----

        La lluvia empezó a caer.   Los motoristas llegaron a la zona del siniestro.   El vehículo continuaba ardiendo. 
    Allí dejarían los cuerpos tendidos a merced de las alimañas.   Como prueba de su hallazgo, arrancaron los distintivos del uniforme del Mayor y emprendieron camino de regreso.

       El dolor infringido por las mordeduras de un zorro en su pierna desnuda, hizo despertar a Manuel.
 Sintió frío, a gatas se aproximo hasta el cadáver del Mayor para despojarlo de sus ropas y vestirse con ellas.
       En el interior del coche, aun quedaban restos de calor.
   Junto a la puerta abierta, sin querer mirar la desagradable imagen que albergaba, fue recuperando el aliento.  Después, a cierta distancia de la carretera para no ser visto, caminó hasta llegar a una ciudad.
      Por suerte no estaba lejos, los edificios eran alcanzados por su vista antes del atardecer.  Aprovecho para descansar hasta bien entrada la noche.
          Oculto por la oscuridad,  de esquina en esquina, fue buscando algún lugar abandonado donde guarecerse.

        Frente a él, las puertas de un cementerio, (que mejor compañía que aquellos que ya nada pueden hacer) allí, al menos los muros lo resguardarían del viento.
 Al fondo dentro de una caseta, se dejaba ver el resplandor de una fogata. Sigilosamente se fue acercando con cuidado. Por la rendija de la puerta, pudo ver tres mendigos al lado de unos pocos palos ardiendo.
     Abrió la puerta para entrar.   Ellos quedaron inmóviles, pálidos ante su presencia.     Al percatarse estos de que iba solo, uno de ellos grito en francés.
       ..--- ¡a por él, que no escape!
       Manuel en aquel mismo idioma, replicó.
      .---  tranquilos, tranquilos, soy amigo
      Claro, él no se había percatado de las circunstancias.
Iba vestido con un uniforme del ejército del reich.
Manuel.- buenas noches, ¿quiénes sois?
Pierre.-  personas perseguidas por los nazis
Florián.-  ¿de dónde has sacado esas ropas?, ¿las has robado?     
                Manuel les contó lo sucedido en el accidente, sin extenderse en detalles que a nadie le importaban.
Gastón.-  pues tienes suerte, estás vivo y con ropa de abrigo
Manuel.- ¿y lleváis aquí mucho tiempo?
Pierre.- no, solo dos días, estamos esperando a que pase un tren que siempre va sin vigilancia,  transporta carbón y nos llevará hasta cerca de la frontera francesa
   
    Manuel conocía bien aquel tren y donde tenía su parada.

Gastón.- en un par de días pasa y en los últimos vagones, nos subiremos e iremos tumbados sobre el carbón sin ser vistos.
Manuel.- no se os ocurra montar en ese tren
Florián.- es el más seguro de todos
Manuel.-  si, con destino al infierno
       (Les explicó donde paraba y lo que allí sucedía).
     Después de escuchar aquella historia, decidieron seguir su camino campo a través.   Sabían que Francia a igual que toda Europa estaba ocupada, pero intentarían llegar hasta el norte de España y allí en cualquier puerto enrolarse en algún barco que los llevase a América.
    Cada vez que  avistaban alguna población, esperaban a la noche para robar y abastecer sus zurrones, prosiguiendo camino antes de amanecer.
    En una de aquellas noches, se vieron sorprendidos por una patrulla motorizada haciendo ronda.     Antes de que disparasen sobre ellos,  Manuel,  erguido,  con el brazo en alto, gritó;
     .--- Heil Hirler! Con voz alta y clara
        Cuando se acercaron confiados, se abalanzaron sobre ellos golpeándolos hasta quedarlos sin sentido, después los despajaron de sus uniformes y armas.
    Los cuatro envalentonados por su hazaña, montaron en las dos KS-750, con ellas llegarían a las inmediaciones de Saint-Avold, donde la gasolina dijo que no daba para más.
         Metz, no quedaba lejos de allí, Manuel pensó que tal vez encontraría a algún conocido que pudiera dar refugio, cama y comida por unos días.
    Al llegar, Manuel se cambió la ropa con Gastón y se fue en busca de un antiguo conocido, mientras ellos esperaban escondidos en una arboleda cercana.

      Cuando abrió la puerta, lo reconoció al instante.
…--- entra, entra. Date prisa.
             Una visita tan inesperada, como agradecida.

         Thierry, un anciano que ya desde niño, con su padre, había estado encargado de la conservación de la catedral, le había cogido mucho aprecio a ese exiliado delgaducho de gran sensibilidad por el arte y buen trabajador que ahora se acercaba a saludarlo de nuevo.

 El lugar estaba dividido entre perseguidores y perseguidos, él no pertenecía a ninguno de ellos, por su avanzada edad, no les interesaba a los señores de la guerra.
Thierry.- cuanto tiempo, cómo te he echado de menos
Manuel.- yo, también a usted
Thierry.- pero cuenta, cuenta
Manuel.- poco hay que contar, alegrías ninguna y de las calamidades para que hablar
Thierry.- pasa a asearte y quitarte esas barbas, guardo ropa en el armario de cuando era joven que te quedará bien y mientras te haré una sopa caliente que te entone el cuerpo.
Manuel.- no se moleste
Thierry.- no es ninguna molestia, todo lo contrario

     La camisa, el traje y los zapatos de Thierry, le quedaban como anillo al dedo.     Saboreaba la sopa de pan cerrando los ojos (le recordaba a aquella tan rica que comían en su casa cuando era niño) de repente miró por la ventana y se levantó de la silla sobresaltado.

Thierry.- qué te pasa
Manuel.- me sentía tan a gusto en este sueño, que se me había olvidado
Thierry.- se te había olvidado qué
Manuel.- en la arboleda, me esperan tres compañeros de fatigas, si nos pudiese esconder un día, luego seguiríamos con nuestro viaje
Thierry.- pero, cómo no lo has dicho antes, todo el que venga contigo, es bienvenido en esta casa.   
 Tú vete a buscarlos y yo prepararé unos colchones en el sótano donde estarán seguros.     Pero antes termínate la sopa.

             Un rato más tarde…

Pierre.- mirad, por ahí viene Manuel
Gastón.- pero si viene hecho un pincel
Florián.-  nadie diría que se ha pasado todo este tiempo en el monte
Gastón.- trae cara de buenas noticias
Pierre.- espero que sí, o se me olvidará lo que es dormir bajo techo
Florián.- a mí ya se me olvidó
Manuel.- todo arreglado en cuanto anochezca nos vamos
Gastón.- ya nos tenías preocupados, pero veo que has aprovechado el tiempo
Florián.- ¿tendrá la culpa alguna señorita?
Pierre.- o tal vez algún señorito
Manuel.- dejaros de bromas, vamos a la casa de un señor mayor. Por favor, no me defraudéis
Florián.- tranquilo, en esta vida hay que saber agradecer y lo que hace este señor con darnos cobijo, en más de lo que podremos pagar

     Tras la ventana, esperaba atento para abrirles la puerta.

Thierry.- vamos pasar, voy a cerrar la ventana y sentaros a la mesa que vendréis hambrientos
Pierre.- no se preocupe usted
Thierry.- poca cosa tengo, pero lo suficiente para que no os vayáis a dormir con el estómago vacío
Gastón.- no tenemos con qué pagarle
Thierry.- con acompañar hasta aquí a Manuel, me doy por pagado
Manuel.-  muchas gracias Thierry

Los cinco platos de la mesa, se colmaron de papas cocidas.   Sal, un poco de pimentón picante, una cucharada de aceite ya usado como condimento rápido y a cenar.   
           De todas formas…  tampoco, había otra cosa.

Pierre.- está rico, nunca había probado esto así
Thierry.- es una receta que me enseñó Manuel, entonces me hice con un poco de esto rojo y aún me dura
Manuel.- siempre fue mi plato preferido
Thierry.-  cada vez que se le daba el antojo decía:    ¿le apetece que comamos juntos?, y yo siempre le respondía afirmativamente.   Si estaba deseando que me lo dijese.
Gastón.-  Manuel es todo un señor y se hace querer

       En un abrir y cerrar de ojos los platos estaban vacios.

Thierry.-  solo hay dos habitaciones, así que para vosotros tres hay preparados unos colchones en el sótano, abajo no hace frio y podréis estar tranquilos,   pero antes de bajar a dormir quitaros esos cinturones,   no pernito armas en mi casa, las esconderé en sitio seguro y cuando llegue la hora os las devolveré.

       Los tres se bajaron a descansar, Manuel y él, tenían de muchas cosas de las que hablar.

        Pasaron varios días, Thierry como viejo les aconsejó.
 Después de pensarlo bien, ya en territorio francés, los tres decidieron seguir camino.   Cada uno se dirigiría a su lugar de origen a comenzar de nuevo.     Para irse a las Américas tiempo habría. 
     Siempre encontrarían a alguien que los escondería hasta finalizar la guerra.

Manuel, no estaba seguro de querer volver a España y por otro lado estaba deseando de cruzar los pirineos, dirigirse hacia despeña-perros y después su Andalucía. Pero…

Thierry.- no tengas prisa Manuel, aquí estarás muy bien, piénsalo.
Gastón.- tiene razón el viejo, te queda un largo camino ¿Qué más te da, unos días más o menos? 
       Thierry, tiró de fondo de armario y les sacó ropa para que se vistiesen decentemente, más tarde, ya se encargaría él de quemar aquellos uniformes tan peligrosos.

Thierry.- aquí no os conoce nadie, podéis estar tranquilos, así que os cambio vuestras pistolas, por un poco de dinero que tengo guardado.  Al medio día, pasa un transporte que va a París
Florián.- no eso no, no podemos aceptar su dinero
Thierry.- ¿y cómo pensáis llegar a París? Luego desde allí ya cada uno a su destino
Gastón.- esto me parece excesivo
Thierry.- considerar que es un préstamo que os hago con una condición,   tendréis que volver a devolvérmelo en el plazo de cinco años. ¿De acuerdo?
Pierre.- tenga usted por seguro que volveré a cumplir con el acuerdo
Thierry.- tranquilos, siempre confío en la palabra de un hombre

    Se despidieron con pena, como si se conociesen de toda la vida. 
      En la puerta agitando la mano, quedaron el viejo Thierry y el ya no tan joven Manuel.