martes, 30 de abril de 2013

¿Para Quién?



               Esta noche estoy desconocido, son las seis de la madrugada y aún no he sido capaz de conciliar el sueño; no estoy nervioso, ni nada parecido, únicamente me encuentro más despierto que incluso cualquier día.
           Puede ser que algo esté pasando en este momento, en algún sitio del universo, ya que Raquel también se acaba de dormir, estaba tensa, le dolía algo, o quizás tampoco se podía dormir y eso le ha hecho ponerse nerviosa, no sé, tonterías que se me pasan por la cabeza; yo he preguntado y no he recibido respuesta, como es normal.
          Me he levantado, ahora estoy frente al ordenador, es una manera como otra cualquiera de que el tiempo pase más rápido y así el aburrimiento de estar despierto mirando al techo, no se me haga eterno e insoportable. Aprovecharé para pensar y escribir sobre algo que tengo pendiente.

           Normalmente, cuando alguien me hace alguna pregunta o sugerencia, la escucho, la proceso un momento y la guardo en mi cabeza como borrador. Al cabo de unos días, la analizo y pienso en ella, al no tener clara la respuesta, me pongo una serie de ejemplos, los comparo entre si y escenifico un término medio, entre los más aceptables.
         Hace unos días mi hermano Ferdinando, me planteó que adaptase mi manera de escribir y editar el blog dependiendo de quien fuera el lector al que creía, debería ir dirigido.

Las preguntas que me hice en su momento:

                            *¿Quién va a leer este blog?

                            *¿Qué quiero publicar en él?

                            *¿Que pretendo conseguir?

          En un principio, debía de ser un blog anónimo, utilizarlo como un almacén en la red, donde guardar momentos, opiniones, historias, verdades y ficciones, a los que pudiera acceder cualquiera, pero solo unos pocos, supieran quien era el autor.
          Pronto me di cuenta, que me había equivocado en el enfoque primario, pensé en crear otro y dejar este en el olvido, pero no quería excluir a todos, por lo que quité el acceso directo desde otros blog, logrando así que solo entrase, aquel que se había preocupado de guardar mi dirección en favoritos.
          A partir de ese momento bajaron considerablemente las entradas, pensé en rebajarlas aún más, restringiendo el acceso solo a seguidores, pero no me pareció lo idóneo en ese momento, de todas formas me gustaría que todo el que entré y lo crea conveniente, se adjunte como miembro, por si un día me da la bobada.
           Para hacer participes de mis escritos a gente que realmente les pudiesen interesar, o personas que me gustaría lo leyesen (cada cual puede hacer luego lo que le venga en gana); cada vez que publico algo, lo comparto en Facebook y Twitter, sitios en los que tampoco acepto como amigos a todo perro pichichi.
              Al final resulta que escribo, para mi familia y amigos, a modo de diario, una manera de compartir colectivamente en la distancia, verdades maquilladas y ficciones que no dejar de tener algo de veracidad.
               Sé que con estas: opiniones, historias, relatos para mi familia, etc. conseguiré, o así lo pretendo, que la gente que me importa, vaya conociéndome un poquito más cada día, que pueda reírse de lo tonto que estoy en ciertos momentos y que se sientan recordados en algunas de mis palabras, porque la distancia, no me hace olvidarme de ellos.
            Tal vez, cuando pasen los años, los que ahora no tienen ganas de perder su tiempo leyendo lo que escribo (entre los que cuento a mi hija) debido a su juventud, se pregunten quien era aquel personaje del que oían hablar en su casa y del que les gustaría conocer alguna cosa más. Incluso yo, podré recordar los momentos en que escribí aquella pequeña gran melodía, o aquellas letras, para algún ser querido.
                   *¿Qué formato y lenguaje utilizar?           Ese sí que es un problema, he de reconocer que siempre he sido y soy, un poco (demasiado) perro a la hora de leer algo más allá de un par de folios, salvo excepciones puntuales que ni yo logro explicarme, debido a lo cual, no me planteo hacer ningún relato largo, o me perdería a medio camino.
        Es verdad que me gustaría escribir una novela, componer una obra de concierto, conducir un camión de esos americanos de morro largo y tener un cuerpazo divino de la muerte, pero al final, me conformo con ser como soy y mis limitaciones.         Soy un tipo normal, con problemas, preocupaciones, fantasías, obligaciones, errores y algún que otro acierto, aunque estos vayan emparejados a alguna casualidad, (en ese momento sonó la flauta), un ser como tantos otros, que quieren dejar algo a los demás, pero no poseen nada, excepto cosas que contar y muchas de ellas sin ningún interés.
            Así que ya sabéis. Cuando no tengáis otra cosa que hacer, podéis poneros a lavarle la cabeza a un burro, perderéis: agua tiempo y jabón. Pero seguro que al final, me conoceréis un poquito más y si hay algo que no entendéis, no debéis preocuparos, seguro que no sois los únicos; hay veces que no me entiendo ni yo.
                                       Ahora pensad un momento: ¿que habéis perdido por leer esto?
                Yo sé, que solo con pensar, ya habéis ganado algo, aunque no sepa deciros que.

lunes, 29 de abril de 2013

Mi querida niña mayor

  

          Hoy 29 de Abril, cumples ya 18 años y parece que no ha pasado el tiempo, sigues siendo nuestro bebé, eso sí, más gruñona, dejando escapar tu carácter rebelde, y la mala leche, que me imagino irá en tus genes por parte de ambos progenitores.


            Últimamente, parece que hemos acertado (más bien mami que es la que siempre acierta) en el juego al que nos vemos obligados a jugar (adivina, adivinanza), los dolores parecen haber remitido un poco, lo que hace que el miedo a que te toquen vaya desapareciendo.

            Qué bien, por un lado tú y por otro mi mejoría emocional, permite que al cambiarte, pueda hacerte bobadas, balanceándote de un lado a otro, mis voces y tus carcajadas, por fin otra vez juntas, cosquillas, mordiscos en la tripa y masajes con mis manos en tu espalda, van recuperando algo que nunca se debió perder.

             Del tiempo perdido, prefiero sacar la parte positiva, si es que la tiene, lo mejor es que ahora al mirarte, al ver a tu hermana a tu lado, ya no me pregunto: ¿si no hubiera pasado nada? No.   Creo que he aprendido que es más importante disfrutar a tu lado, dejar las incógnitas angustiosas aparcadas, para que mi tranquilidad te tranquilice.

            Sabes que durante mucho tiempo, me sentí culpable de no haber sabido vengar aquel error y los posteriores, que han sido varios, pero ya está bien de recordar el pasado para justificar el presente. Hoy los dos juntos, nos situamos en linea de salida para comenzar una nueva carrera, con calma, sin prisa, con la única finalidad de tener cada día la meta un poco más cerca, ¿Cuál será la meta? No importa si vamos cogidos de la mano.

Felicidades Raquel

domingo, 28 de abril de 2013

La estrella fugaz


La estrella fugaz

     Llega el día de vuestro cumpleaños y no puedo dejar de pensar en que escribiros, es difícil, no quiero repetirme, pero mis aptitudes como escritor no dan para más.  En fin, habrá que intentarlo:

         Queridísimas hijas, ya cumplís 18 y 14 años,  os voy a contar la historia de un señor que vivía rodeado de magnificas realidades que pasaban inadvertidas, nubladas por un deseo irrealizable: tocar una estrella.

         Hace años, muchos, muchos años;  un niño, subió a una montaña en una tarde de verano, el cansancio y el calor, le hizo quedarse dormido a la sombra de un arbolito que se hallaba en todo lo alto.

    Al despertar, había caído la noche, ante sus ojos, un cielo despejado lleno de lucecitas, junto a ellas el gran contorno de una luna menguante en su punto extremo antes de pasar a ser nueva.

   Embelesado con aquel espectáculo, su corazón latía tímidamente, su cuerpo y mente en estado de reposo, dejaba correr el tiempo, hasta que algo extraño, muy brillante, cruzaba el firmamento dejando una estela de luminosidad y desapareciendo en el resplandor de las luces de la gran ciudad que estaba situada allá  a lo lejos, al fondo, en el valle que formaba el cauce de un gran rio.

       En ese momento volvió a la realidad, era demasiado tarde, se olvidó del camino y bajó campo a través, dando tropezones, esquivando piedras y matojos hasta su casa, que estaba sumida en una arboleda, abrió la puerta.   De la cocina salió una voz enfurecida: .- ¿de dónde vienes a estas horas? ya hablará mañana con tigo tu padre.

    Jadeando, sin aliento, con la voz entrecortada:

.- perdona mamá, es que me he entretenido viendo el cielo como nunca lo había visto.

.- el cielo, el cielo, cuando  se levante mañana tu padre, te va a dar cielo.

.- si mamá, y he visto caer una estrella.

.- si, pues lo mismo las vuelves a ver, pero del guantazo que te vas a llevar como no te calles;   y ahora a la cama sin cenar,  a ver si con el hambre ves caer un pollo.

   Toda la noche estuvo pensando en esa estrella, ¿donde haría caído? ¿Quien la habría encontrado? lo que le gustaría haber sido él, y si algún día encontrase una ¿qué haría con ella?.......

      A la mañana siguiente, cuando empezaba a amanecer:

   .- Vamos, arriba, que se te van a quitar las ganas de trasnochar, mientras esperamos a ver si cae otra estrella, doblas los riñones con la azada, que seguro que entre las patatas encuentras alguna.

    Salieron de casa, durante todo el camino, permanecieron callados, se dirigieron al huerto, donde trabajaron toda la mañana sin mediar ni una sola palabra.

    Llego la hora de regresar a casa para comer, su padre no le había dado un momento de respiro, extasiado, avanzaba por el sendero arrastrando las zapatillas, solo quería llegar y dejar su cuerpo dolorido caer sobre la silla, sin importarle lo que pudiera haber en el plato.

    Al entrar, el padre preguntó:

.- ¿Qué tenemos hoy de comida?

La madre con una sonrisa burlesca, asomándose a la puerta de la cocina le contesta:

.- pá nosotros potaje, al mozalbete, le he preparado una sopa de estrellas.

Mientras el padre soltaba una carcajada, la abuela sentada ya a la mesa, se mordía el labio inferior con un gesto de indignación y rabia contenida, no le parecía bien tanta guasa.

     Comieron tranquilamente, hasta dejar todos los platos vacios, excepto el suyo, el cansancio le había cerrado la boca del estomago.

  Después, como cada día, su padre se fue a echar una siesta, su madre recogió la mesa y se puso a fregar los cacharros, él y la abuela se sentaron en torno a una mesa camilla que estaba cerca de la ventana.

.-a ver pequeño, ¿Qué pasó anoche?

.-nada abuela, que me quedé embobado mirando el cielo, y, y además, vi caer una estrella.

.- ¿Qué viste caer una estrella?

.- si, cayó en la ciudad

.- eso es que algún hombre la tocó con su dedo para coger su poder

.- ¿coger su poder? ¿Cómo?

.- ahora estudia cuanto puedas, cuando seas mayor trabaja y vete ahorrando, cuando tengas suficiente dinero, estira el brazo y con tu dedo índice toca una estrella, eso te concederá todo su poder.

.- ¿y cómo sabré cuando tengo suficiente ahorrado?

.- intentando alzar tu brazo cada poco y algún día lo conseguirás, pero no tengas prisa, aún tiene que pasar mucho tiempo, ahora, sobre todo estudia y hazte un hombre de bien.

.- gracias abuela, algún día la  tocaré, entonces vendé y compartiremos su poder.

        Pasó el tiempo, cuando cumplió los doce años, su padre, lo acompañó hasta la ciudad, allí conocía a un señor que era el dueño de un gran aserradero, donde entró como aprendiz a cambio de cama, comida y un poco dinero que su padre se encargaba cada mes de ir a recoger.

     Cerca del aserradero, en un descampado cercano, había un pequeño taller de ebanistería, en sus ratos libres, al atardecer, aunque estuviese baldado se cargar con maderos toda la jornada, hacía una escapada para ir allí.  Se sentaba y admiraba como un señor tallaba la madera con rapidez y habilidad; era un tipo simpático, siempre le sonreía, siempre solo, parecía agradecer esa compañía.

     Un día, el señor se acercó y le dijo:

.- ¿te gustaría ayudarme?

.- ¿ayudarle?

.- si ayudarme, no te podre pagar, pero alguna que otra propinilla sacarás

.- pero…. Pero eso es muy difícil

.- ¿difícil? No, solo es cuestión de querer aprender

.- a mi no me importa aprender

.- pues si a ti no te importa aprender y a mí no me importa enseñarte, ya tenemos mucho camino andado. 

.-pero….

.- no hay peros que valgan, toma este pequeño formón, este pequeño martillo y este trozo de madera

.- ¿y ahora?

.- solo empieza a hacer surcos finitos y poco profundos en ella y recuerda que la suavidad  es lo más importante.

   Allí, en aquel pequeño local, con el tiempo fue donde talló con sus manos una caja de madera con dos tapaderas que se unían en el centro haciendo la forma de una estrella; en ella iba guardando todas las propinas, una especie de joyero que lo acompañaría toda su vida allí donde fuera.

     Llegada la hora, ya con los dieciséis cumplidos, decidió dejar el aserradero, trabajaría para él, y administraría su sueldo;  el  señor ebanista, lo recomendó para que trabajase en una fábrica de muebles modernos (de esos que se empezaban a estilar) que además tenía tienda, al otro lado de la ciudad.

    El sueldecillo los primeros años, solo le daban para pagar el alquiler de un pequeño piso, comer y vestir dignamente, por lo que muchas tardes, después de su jornada, acudía a ayudar a su maestro, para sacarse unas propinillas que siempre iban a parar a su caja de caudales.

     Como cualquier joven, se echó novia, se casó, tuvieron una niña, al tiempo tuvieron otra y así siguió pasando su vida.

  Como todas las familias de aquel entonces andaban apretadas, el sueldo no daba para más, por lo que todos los días se quedaba en la fábrica haciendo horas extra y cada noche, antes de acostarse rebuscaba en sus bolsillos alguna que otra moneda para meter en la caja, a la que ponía de nuevo el candado y volvía a guardar en el fondo del armario.

   Algunas noches, cuando todos dormían, se levantaba sin hacer ruido, subía a la terraza del edificio, miraba al cielo e intentaba estirar su brazo para tocar una estrella, pero todo era inútil.

             Se acercaba el día del cumpleaños de sus hijas, por una de esas casualidades de la vida, coincidían los dos, en el mismo mes, con un solo día de diferencia, ellas siempre habían pedido algo sobre todas las cosas: poder ir un día a bañarse en el mar, pero estaba el viaje, la pensión;   en fin, muchos gastos para un par de días.

     Cuando llegó el fin de semana, mando a su esposa preparar una pequeña maleta con ropa, abrió su tesoro, cogió todo el dinero y de madrugada, se encaminaron hasta la estación de ferrocarril.

  Después de un largo viaje, al fin estaban frente a un inmenso paisaje, todo era arena blanca y al fondo una gran masa de agua azul.

   Pasaron toda la tarde, corriendo de un lado a otro de la playa, dejándose atrapar por las olas que rompían en la orilla, Chapuzándose en aquel agua tan salada,  haciendo castillos de arena y lo más importante, disfrutando  juntos, unidos en familia cada minuto.

    Cuando cayó la tarde, ya oscurecido, agotados se fueron a cenar algo, luego a la pensión, donde habían reservado dos habitaciones, una de matrimonio para ellos y otra de dos camas para sus hijas, en las que cayeron reventadas.

    A eso de la media noche, sigilosamente, se levantó para ir al servicio; de pie, por el ventanuco que en él había, pudo observar la inmensidad del mar, como brillaba y era el simple reflejo de la luna;  miró al cielo y vio una gran luna llena, como brillaba y también era un simple reflejo del sol; miró las estrellas y le parecieron insignificantes motas de polvo en el firmamento.

  Volvía a la cama, al pasar por la puerta de la habitación donde dormían sus hijas, entreabrió la puerta para ver como se encontraban. Sus caras resplandecían con una luz propia, que iluminaba su entorno, impregnando el aire de ilusión y felicidad, con tanta intensidad que incluso podía llegar a tocarla u olerla.


        Al día siguiente, en el viaje de regreso sus risas, parecían llenar todo aquel viejo vagón de tercera clase.

    Cuando llegaron a casa, él, sin decir nada, se dirigió a su habitación, quitó los pernos de las tapas de la caja y junto al candado y la llave, los tiró por la ventana  con fuerza;  luego en el fondo, pegó una foto de su boda, en cada una de las tapas, la fotografía de cada una de sus hijas, lo puso de lado, encima de una cómoda, a forma de portarretratos y seguidamente llamó a sus hijas.

    Las sentó a los pies de la cama, una a cada lado, cerró los ojos hasta que sus parpados no podían retener tras ellos más lágrimas de felicidad, entonces, cogió a sus niñas por la cintura, abrió los ojos y les dijo:

   .- perdonad mis pequeñas, he estado toda la vida estirándome para tocar una fugaz estrella y no me había dado cuenta que simplemente con llegar a casa podía tener dos soles entre mis brazos.

(2013) Para Raquel y Lucía.

FELIZ CUMPLEAÑOS

sábado, 27 de abril de 2013

Depresión 6/6


6.1- Consejos
(Creo que…)

          Hay una serie de enfermedades, de las que uno se avergüenza, entre ellas se encuentran las mentales, son tabú, la palabra loco, como muchas otras, (borracho, jugador, etc.)   Siempre se han utilizado arrojadizamente, por lo que el paciente tarda en reconocer su dolencia.
   Aclarado que es una enfermedad, no lo podemos tratar como otra cosa que un enfermo, intentando colaborar en su recuperación; tal vez pensemos que no le importamos, que no pone demasiado de su parte, pero tal vez, sea que no es capaz de hacerlo por propia iniciativa.
      Me referiré a él como enfermo, ÉL, sea hombre o mujer, con el fin de expresarme con más facilidad.
       Si vemos que actúa de forma poco usual y al preguntar varias veces al cabo de un tiempo ¿qué te pasa?, siempre responde: nada, no sé, evita la mirada, busca alguna excusa sin fundamento o simplemente da la callada por respuesta,   es que no quiere preocuparos, es el momento de no dejarlo pasar. Llama a algún especialista, vete tú a su consulta y si no te convence a otro, comprueba que el sitio y la atención pueda ser de su agrado, para que el primer paso le de esperanza y seguridad, luego coméntale el asistir a ella con ánimo, sin presión, como si fuera un juego en el que nunca pierdes; si hay algo, mejor cogerlo al principio y si no es nada, habréis ganado tranquilidad.
       Si demuestra apatía, no lo trates como a un vago,  no le pidas que se busque algo que hacer, ni le digas que te ayude, (no lo hará) ayúdale a ayudarte, cógele la mano con una sonrisa y dile: ven, haciendo que participe con tigo en lo que estés realizando, aunque esto te dé más trabajo, proponle salir a dar una vuelta, antes de que esté recostado en el sofá, aunque haga mal tiempo o no te apetezca.
      En las conversaciones, saca siempre temas de los que reíros, anécdotas del pasado, haz que florezca la niñez en su interior, aunque para ello te debas comportar como un adolescente quinceañero, haciendo cosas poco acordes con tu edad.
      Da igual que seas: amigo, padre, cónyuge, hijo;  un abrazo de vez en cuando aún sin venir a cuento, en el que no hace falta pronunciar ninguna frase, le demuestra que no pides nada a cambio, que simplemente puede contar con tigo.
        Puedes ir con él a la consulta, pero déjalo entrar solo, a no ser que el profesional te lo pida, y a poder ser, la primera vez nunca;   a la salida un simple.-que tal, sin insistir, él te contará lo que crea conveniente y enseguida se deja el tema y a otra cosa más amena. 
       Es él, quien tiene que hacer partícipe de la situación a su entorno, no tú, es la única manera que lo haga aceptando la realidad con naturalidad, sin miedo al qué dirán o a dar pena;  para que sepa del apoyo de los demás, no hace falta que se le diga, lo mejor es no cambiar de comportamiento con él.
        Habrá veces que saque el tema para desahogarse, dependiendo de con quién esté hablando, intenta entenderlo, de todas formas, después de un rato cambia de conversación, si vuelve a la anterior, intenta cambiarla de nuevo, con suavidad, intenta que no solo quiera hablar con tigo por ese motivo; corres el riesgo de conviértete en su paño de lagrimas, al que al final van todos los problemas familiares, (vulgarmente: el saco de las hostias; hostia pura, hostia santa, no de esas no, de las otras) ninguno de los dos salís beneficiados.
         Como todo en la vida, tiene altibajos, incítalo a arreglarse, que se asee, que se ponga guapo para ti; en estos casos los más convincentes son los hijos, a los que es más difícil negarles nada y con tal de que no den la vara, él lo hará.
        Supervisa que tanto el tratamiento, cómo el seguimiento del profesional, se lleva a cabo perfectamente, como una curiosidad, nunca como un control férreo, de forma que no llegue a sentirse acosado.
         Los mayores, deben sugerirle, que realice actividades con los pequeños y los peques, provocar que preste atención a las demandas de los mayores.
       Si pretendemos que se sienta importante, imprescindible, hemos de procurar que realice alguna actividad en la que sienta necesaria su ayuda; prestarnos ayuda a nosotros, es algo que según él, no necesitamos, la ayuda es él quien la necesita, pero si realiza alguna actividad solidaria como voluntario para gente, que él opina que está en peor situación, entonces se volcará en su labor;   no pensemos que le importan más que otros, NO, simplemente a nosotros no nos ve necesitados y en vez de celosos, nos debemos sentir orgullosos de su acción.

 

6.2 Conclusión
(La mía)

        Aunque se encuentre ya “curado” y con fuerzas, siempre sentirá el miedo a recaer, como pasa en muchas otras enfermedades, es algo que puede permanecer cerca de él toda la vida, una situación que es mejor aceptarla con naturalidad.
            Es como el “vecino del quinto” ese con el que nos cruzamos cada día en la escalera, en el portal, en la calle; lo conocemos y saludamos amablemente, pero sabemos que no debemos salir con él, un trato, más allá de lo imprescindible solo nos puede traer problemas; es un delincuente habitual y al final su compañía, nos hará cargar con la complicidad y responsabilidad de sus actos.

    OJO. Las personas, con los años pueden cambiar, se merecen una segunda oportunidad; las enfermedades mentales (depresión, alcoholismo, ludopatía, etc.) NO.    Querido amigo: si alguna de ellas, vuelve a llamar a tu puerta, intenta no abrirle, se te pueden cerrar todas las demás; si tienes dudas, solicita ayuda urgente, apóyate en los tuyos para vivir y disfrutar el presente y futuro. 

 

V I V E

 

              Espero no haberos aburrido demasiado y gracias por leerme.

Depresión 5/6

5.- Reflexión

 
       Hasta ahora esto ha sido una simple historia que todavía no tiene final, tal vez nunca lo tenga o quizás tampoco nunca tuvo principio y todo ha sido producto de la imaginación.
      Ahora entro en un terreno pantanoso, del que no sé cómo voy a salir librado, me da miedo, pero como dije al principio, no quiero que nadie se sienta mal por lo que hizo o dejó de hacer, nadie es culpable, víctima, ni verdugo, tan solo un mero actor en la obra de teatro que le ha tocado representar.
      Lo primero decir que siempre he sabido que soy un tipo con suerte, tengo una familia, que puede ser como todas, con defectos y virtudes, con errores y aciertos; para mí, está compuesta por grandes personas, o tal vez yo me sienta pequeño al lado de cada una de ellas, pequeño pero imprescindible, formo parte de un puzle, en el que son necesarias todas las piezas, por insignificantes que parezcan.
      Tengo pocos amigos, pero sé que siempre están ahí, sin necesidad de cercanía o hablar con ellos cada poco, simplemente estamos dispuestos en cada momento, sin la necesidad de decirlo.
      También tengo enemigos, cuantos y en qué grado, no me importa, hay cosas más importantes en las que pensar, y si alguno de ellos se aburre, o no sabe cómo llenar su vida, tiene todo el derecho a perder su tiempo amargándose por mi culpa.
       Escribir esto, me está favoreciendo, echar una mirada retrospectiva, te hace analizar detalles, situaciones por las que no quieres volver a pasar; por poner un simple ejemplo: cuando subo por la mañana a la parte de arriba de casa, donde se encuentran los dormitorios para hacer las camas, siempre a media escalera ya noto un agobio, algo que me presiona el pecho y me corta la respiración, pues bien, antes subía, hacía todo a la carrera y volvía a bajar, esto hacía que el mal estar persistiera por causa del cansancio y tenía que sentarme y perder un cuarto de hora. Hoy me he dicho: chato, con tranquilidad, he tardado cinco minutos más en hacer todo y hacerlo bien, he bajado como una rosa; conclusión, he ganado diez minutos y me permito el lujo de “perderlos” escribiendo.
         Como dije antes, ahora entro a soltar mis pensamientos sobre lo que creo, debiera haber sido, no estoy reprochando nada, pero si a alguien le sirven mis palabras me daré por satisfecho; me sigue quedando la duda de hacerlo o no, quien soy yo para dar consejos a nadie.

viernes, 26 de abril de 2013

Depresión 4/6


4.1- Diagnóstico y Tratamiento

 
 Lo que uno espera:
             Entrar en un lugar, en el que encontrarse cómodo, apacible, que favorezca la relajación, una salita de espera, donde el familiar pueda estar un rato a gusto leyendo una revista,  sentarse (solo) frente a un profesional amable, que te escuche y sepa diagnosticar cuál es tu verdadero problema, te dé una explicación sin tecnicismos e infunda en ti una confianza que haga que seas sincero, sin tapujos, para así, pueda regular la dosis idónea de la medicación o terapia que crea conveniente y un contacto cada cierto tiempo para observar la evolución.

 
Lo que uno se encuentra: (Me tocó bailar con la más fea))
            Llamas al timbre, te abre un señor que demuestra educación y respeto, la simpatía brilla por su ausencia, por el pasillo adelante tuerces el morro y resoplas, el familiar que te acompaña: .- bueno tranquilo.
       Con un gesto os indica que paséis los dos, el familiar no tiene otra intención que servir de ayuda y con ese propósito, entra tras de ti, a un despacho con muebles de estilo clásico, oscuros;  viendo el conjunto del doctor y la habitación, parece retroceder el tiempo a siglos pasados.
               .- Cuénteme (sin ninguna clase de empatía)
        Entre su aptitud y tu familiar sentado al lado, que cojones le vas a contar;  has ido a intentar salir un poco mejor de ánimo, no a que tu acompañante salga hecho unos zorros.
      Bueno, habrá que intentarlo, midiendo un poco la exposición, ya que se ha venido hasta aquí, quien sabe.
      Te pones a hablar, a relatarle lo que te ocurre, parece que simplemente te escucha; sigues contándole lo que sientes, de vez en cuando miras a la persona que tienes al lado y te das cuenta que ella si te presta toda la atención, pero él está a lo suyo, parece estar arto de oír siempre la misma historia,  no te sientes “su paciente” eres más de lo mismo, si ya se sabe mi historia, para que voy a seguir hablando.
         .-   Pues sí, tienes una enfermedad y como tal enfermedad, se cura, lo que te voy a recetar ayuda, pero eres tu el que tienes que querer salir, ¿no te importa tu familia? pues lo tienes que hacer por ti y por ellos. (Lo que te hace florecer el sentimiento de culpabilidad) cuando te levantes, ponte hacer cosas que te ilusionen (cuando lo difícil es levantarse) y bla, bla, bla.......    No se ha dado ni cuenta que uno, eso ya se lo sabe, lo que pide a gritos es AYUDA para realizarlo.
     Llega el momento del rancho, como en la mili, mismo menú para todos.
          .- te vas a tomar mañana y tarde una de estas y otras dos de estas,  este jarabe antes de comer, me llamas por teléfono dentro de un mes a ver cómo va la cosa y luego ya dentro de tres o cuatro meses vuelves a consulta.
        En ese instante, no lo mandas a la mierda, para que parezca que pones algo de tu parte, (aunque no te falten ganas) y para contentar al personal; compras las medicinas y las tomas todos los días.   Aún te queda un poco (poquito) de esperanza de que esas pastillas, sirvan de ayuda y vayan a solucionar algo.
      El jarabe, bendito jarabe;  simple, un estimulador del apetito, no es lo que esperabas, pero al menos vuelves a recuperar fuerza física, ganas unos kilitos, se te rellenan los pómulos y experimentas la alegría de tu familia al ver mejorado tu aspecto; eso sí que te da fuerzas, no ha cambiado casi nada en tu interior, pero de repente, por primera vez, te ves rodeado de un entorno propicio para empujar con ganas.
      Después de un mes, llamas de nuevo, a ver que se cuenta el señor, lo haces sobre todo por tener contenta a tu gente.  Se limita a subirte un poco la dosis y a esperar.
     Al segundo mes, a tomar por culo la bicicleta; algo que no se debe de hacer, y que por favor nadie lo haga si no está seguro de que todo va a salir bien y está dispuesto a afrontar las consecuencias en caso de equivocarse. Cortas radicalmente el tratamiento, con lo cual debes de experimentar algún trastorno, pasan los días y no aparece nada raro, te sientas y reflexionas.  
 

4.2- “Automedicación”

 

            Todavía no has terminado de salir del bache, (en realidad aún te ves en el pozo) hierro, para la buena oxigenación de la mente y un aporte de vitaminas para evitar carencias los días que uno está más inapetente, el jarabe, que no falte.
      Como de vez en cuando sientes algo de ansiedad, para prevenir, alguien de confianza, llamémoslo X (médico, farmacéutico) antidepresivos y ansiolíticos en una dosis mínima aunque solo te sirvan como efecto placebo.
        Está claro que es un problema mental y la mente lo va solucionando, pero estos años que podrían haber llenado de letras el doble incluso el triple de párrafos, se podían haber reducido si no hubiese existido la figura del incomprendido.

jueves, 25 de abril de 2013

Depresión 3/6


3.- Proceso
 

            El sujeto, entra en un profundo “peligroso” pero placido letargo, que se acrecienta según va examinando los elementos por separado que siempre estuvieron valorados, pero algunos de ellos, no lo suficientemente  definidos.
      En el fondo, quedan las piedrecitas de mayor o menor tamaño, las más pesadas, representan esas cosas que siempre le han importado, por las que ha luchado, para las que han ido dirigidos todos sus esfuerzos y pensamientos, dejando de pensar quien era él.
      Sobre ellas, residuos sólidos perceptibles, convicciones morales, de ética, comportamiento, inculcadas en su infancia por su familia,  y creencias “religiosas, ideológicas”.
      Luego, se hallan  partículas de diferente forma, tamaño, color........ Ahí se encuentran las reflexiones, opiniones y aprendizaje de las acciones u omisiones, experiencias varias de situaciones vividas que en forma de tamo se mueven entre una solución viscosa.
      Un líquido de color pardo claro (barquillo).  Lo que pudo ser y no fue, lo que fue y no debería de haber sido; intenta separarse del resto condensando en él la frontera entre la realidad y la ficción, una franja interesante de controlar, para determinar, que mostrar u ocultar en cada momento ante los ojos de los demás.
      Un espacio claro, transparente, sin impurezas, quiere pasar inadvertido, tu interior, el que no desea ser analizado, el que contiene toda tu verdad, la que no se deja ver, pretendiendo evitar el estudio de algo que jamás comprenderías.
      En la parte superior, todo lo contrario, fluidos aceitosos, forman hilos suaves como la seda de diferentes texturas, formas y figuras que intentan llamar tu atención con un movimiento lento pero continuo, pretenden que los observes con detenimiento, que sigas gastando tu tiempo en actos banales, sueños, ilusiones, cosas sin sentido.  Te absorben, te atrapan de tal manera, que es imposible no dejarse abrazar por esos suaves tentáculos, nada más tiene la mínima importancia, quedas sumido en un sueño hipnótico.
      Cuando quieres reaccionar, piensas que es demasiado tarde, desvías un segundo la mirada hasta la parte de abajo y ves como esas piedrecitas, han perdido peso, lo que siempre ha estado en el altar de un lugar sagrado, dentro de tus obligaciones, parecen perder consistencia, observas que todo empieza a mezclarse, de una forma traviesa, nada parece tener sentido, no reconoces tus sentimientos, afrontas lo que sucede a tu alrededor, con una indiferencia y frialdad inusitada, tan solo el sueño, la abstracción del mundo parece importarte.
     Cada mañana intentas reaccionar sin conseguirlo, cada noche realizas un acto de intereses, tengo que cambiar, pero el día siguiente vuelve a suceder lo mismo y así uno tras otro, cada momento de lucidez, se convierte en un infierno dominado por una inmensa culpabilidad que te hace renegar de ti mismo, el malestar es tan intenso, que para aliviarte, corres a refugiarte en tu sueño y cada vez que despiertas se acrecienta aún más  el desagradable pecado que otra vez has cometido y la tentación incontrolable de volverlo a cometer.
      Al final decides pedir ayuda, pero siempre recibes la misma respuesta: Tu eres quien tiene que poner la voluntad.    Y lo intentas, pero todo sigue igual, después de varios intentos solo encuentras una escapatoria que no tiene salida, fingir que todo está bien, ocultarte tras la mentira y buscar escusas para dar veracidad a lo inexplicable, piensas que esto es una mierda, perdón, que TÚ eres una mierda y lo peor es que no te falta razón.   
         La apatía, se convierte en un estado de ánimo habitual, empiezas descuidando tu vida y la de los tuyos, continuas pasando de comer, provocando un estado de debilidad que aún te hace más difícil levantar tus, ya deterioradas ganas de vivir.
     Tienes las manos atadas, en ese momento extremo, te martirizas esperando  que algo “divino” quiera coger las tijeras (a las que tu no llegas, por más que lo intentas) y corte esos tentáculos que ya no te permiten un solo movimiento;  deseas poder alejarte, poder frenar esa espiral, recolocar todo en su sitio, seguir hacia arriba, ver lo que aún no has visto: de que están formados los gases que se encuentran en la zona más cercana a la salida, los que habitan en el cuello de la botella, en caso de que exista dicho espacio.   Deseas salir de ese estado, pero ahora que sabes dónde deben de estar situadas las cosas, no vas a permitir que nadie te agite el cerebro para desordenar de nuevo tus prioridades, antes sabias que estaban y cuáles eran, ahora, además, sabes donde tienen que estar.
      Comentas al resto de familiares tu situación, con la única pretensión de informarles; has tardado demasiado en hacerlo, pero la intención de no preocuparlos ha ido dejando pasar el tiempo.     Todos te ofrecen palabras de apoyo, quieren poner en ti, un punto de esperanza, con realismo, es tarea complicada y no se deben esperar soluciones a corto plazo.
        En la mente de todos ronronea la misma pregunta, pero solo uno se atreve a plantearla:
          ¿Se te he pasado por la cabeza hacer alguna tontería?, la respuesta es simple:
     ¿Para qué voy a molestarme en quitarme la vida, si ya estoy muerto.
           Esa pregunta y la respuesta, analizada posteriormente, actúan como un resorte para volver  a intentarlo.
      Nunca es demasiado tarde y en un alarde de valentía o desesperación, llamas a la consulta de un “psi......” privado (por evitar la lista de espera) para que te de cita lo antes posible, ante la duda de arrepentirte y no acudir a ella si pasan unos días.
 

miércoles, 24 de abril de 2013

Depresión 2/6


2.- Desencadenante


1.-Tras una vida con altibajos, pero en relativa calma, las circunstancias provocan que los problemas se sucedan de manera inesperada, con tal rapidez que antes de asumir uno, ya está otro apareciendo.    Llega el momento en que la presión aumenta de manera brusca, como si fuera una olla, entra en ebullición;   debido a la acumulación de partículas, la válvula de escape se obtura;  tenemos tres alternativas:

              La más idónea, sería desatascar la válvula, lo difícil es reconocer el problema en sus primeros episodios, antes de que los residuos se solidifiquen.
         La menos comprendida, la que más interrogantes deja y por suerte (al menos para la familia) la que menos sucede, es que la olla revienta con o  sin motivo aparente externo, el suicidio es inminente, en unos casos, buscando antes un “culpable” a quien atribuirle sus culpas, en otros,  no sin antes llegar a pensar que todos los que lo rodean, experimentan su propio sufrimiento e intentar paliar el dolor de los suyos del mismo modo.
           La más habitual, es que la mente se auto proteja creando un cortocircuito, un corte de energía que haga bajar la actividad cerebral, escondiéndose tras cualquier hábito de los llamados indeseables (alcohol, drogas, juego...) o crearse una simple coraza, y dejar que pase el tiempo, para olvidarse de la realidad, al final todo sale y lo que era un montoncito de arena en una habitación, se ha convertido en un desierto.
     No cojas la pala, para cambiarla de sitio, pide ayuda, abre la ventana y lánzala fuera, con paciencia la habitación quedará limpia de nuevo.
       2.-  Después de mucho tiempo de incertidumbre, en el que por motivos varios, ha ido cerrando su círculo social, uno se encuentra con lo que siempre ha pretendido, llamémoslo estabilidad, los problemas cotidianos, con los que siempre ha tenido que lidiar, se van solucionando, suelen ser de poca importancia con respecto a otros de más relevancia, de tanta relevancia que no tienen solución, pero aún así, estos también demuestran una mejoría relativa o una simple estabilidad (que no es poco).
     La maquinaria, forzada durante años, de pronto empieza a detenerse, su cuerpo, en un acto de relajación  se deja caer sobre el sillón, un soplido largo y pausado, abre la espita de presión.  Ahora lo “lógico” sería disfrutar del momento, descansar plácidamente unas horas durante la noche y dedicarle el máximo tiempo posible a todo aquello que ha tenido que dejar de lado, bien haya sido por tiempo, por trabajo o por estrés emocional.
    Pero no, día a día, nota como el brebaje que contenía su marmita, deja de agitarse y comienza a girar lentamente y cada vez más y más pausado hasta que queda en absoluto reposo.     Entonces el listo, porque, es que hay que ser listo “idiota perdido”  se dedica a mirar a través del cristal dentro de sí.

martes, 23 de abril de 2013

Depresión 1/6


1.- Prólogo


        Comienzo ahora, a escribir pensamientos, reflexiones basadas en una situación transitoria, teniendo en cuenta mi poca información sobre el tema, con el único fin de que un día, pueda orientar sobre todo a los familiares y amigos de ese incomprendido, o yo por lo menos, lo considero así.

    Lo pretendía publicar todo junto, pero debido a las correcciones, he decidido hacerlo por partes, para que así además resulte un poco más ameno; lo dividiré en (6 partes).

1.- Prologo

2.- Desencadenante

3.- Proceso

4.1.- Diagnostico y Tratamiento

4.2.- Automedicación

5.- Reflexión

6.1.- Consejos

6.2.- Conclusión

    En ningún momento, espero incomodar a nadie, que nadie cargue con ninguna culpa, me dispongo a decir lo que pienso, sabiendo que nadie está en posesión de la razón absoluta y menos yo;   la interpretación de lo escrito depende de cada lector, cada cual que entienda lo que le interese en ese momento para estar en harmonía con sigo mismo, al final, es lo único que importa.

    La hipocresía que reina en toda sociedad, nos hace juntar en una misma probeta, (porque la vida no deja de ser un experimento) lo que uno piensa que está bien y lo que los demás le permiten realizar;   lo que uno piensa que está mal y lo que los demás le exigen hacer;  todo esto aderezado, con factores económicos, circunstancias familiares, amistades, centro de educación, convicciones religiosas, vocaciones altruistas, necesidades o enfermedades del cuerpo  e inquietudes del alma.

     Desde niños nuestro entorno en general, se encarga de agitar esta poción con fuerza,  está todo tan mezclado que no se aprecia diferencia entre un compuesto y otro;  cuando vamos siendo (o nos creemos) un poco mayorcitos, por si esto no estaba suficientemente enmarañado, entran otros elementos como el enamoramiento y la sexualidad, los cuales producen nuevas reacciones: celos, odios, reflexiones demasiado profundas en los problemas del corazón que nuestra mente no resistiría que llegásemos a entender individualmente, por lo que nuestra mejor medicación para dicha enfermedad es simple: por si el entorno no fuera suficiente, ya nos encargamos nosotros mismos de agitar todo con más fuerza.

   Los años pasan, y los problemas no se multiplican solos, creo, que los buscamos y acentuamos para no pararnos a pensar ¿Qué somos? ¿Qué hacemos aquí?, cuestiones a la que lo más seguro, no seriamos capaces de dar explicación, con un sinfín de preguntas que quedarían sin respuesta.