miércoles, 19 de noviembre de 2014

Decimas

LA REINA DE LOS CIELOS

    En lo más alto del cielo
Un águila está volando
Y con sus ojos mirando
Para interrumpir el vuelo
Y lanzarse contra el suelo.
  Para recoger ratones
O bichos bobalicones
Para llevar a su nido
Y allí poder dar abrigo
A sus polluelos glotones

LA VIDA EN UN SUSPIRO

     Jamás quiero yo sentirme
Ni joven ni adolescente
A los ojos de la gente
Con temperamento firme
Trataré de resistirme.
  Caminando en este mundo
 Pasar de niño desnudo
A  viejo y rancio gruñón
Que tenga por profesión
La de escritor vagabundo.



lunes, 17 de noviembre de 2014

Ceguera

Ceguera

      Tan enamorada estaba
Una mujer con arrojo,
Que no le importaba nada
Tan solo se consolaba,
No queriendo abrir los ojos.

    Su marido la engañaba
Sin importarle su amor,
Usando su propia cama
Llevando allí aquella dama,
Para causarle dolor.

    Aquella con quien gozaba
Demostrándole su hombría,
Y el corazón desgarraba
A la que con él soñaba,
Y a la que por él moría.

    Erguida, siempre arrogante
A una joven saludaba,
Sabiendo que aquella amante
Era quien tenía delante,
Sin sentirse despechada.

Con el pasar de los años
La pareja envejeció,
Pero ella nunca vio
La prueba de los engaños.





El Viento



      Alberto, vivía junto a su madre, en una humilde casa de los Tiradores Bajos.   Los dos subsistían, gracias a una miserable pensión de viudedad concedida por Francisco Coloma, (entonces ministro del ejercito), pues su padre había sido considerado mutilado de guerra en el frente nacional.
          A la muerte de su madre, debido a las deficiencias físicas que arrastraba desde la infancia a consecuencia de una caída y su posterior amputación, a la altura del codo del brazo derecho.     Se le otorgó el derecho a un dinero en régimen de orfandad gracias  a Don Francisco Bermejo,  (párroco del  Cristo del amparo) que  decidió interceder ante el gobernador civil,  su Exea. D. Moisés Arrimadas Esteban.       El cual,  accedió gustosamente a realizar los trámites necesarios, para dicha concesión.
        Todos los días a media mañana, como siempre, con su pequeño transistor pegado al oído, se le veía bajar por medio de la calle, y tras cruzar el puentecito, parar y asomarse a esas traseras verdes voceando con la sana intención de saludar a los dueños de la lechería situada junto a la puerta Valencia.       Proseguía dando pausado paseo junto a la orilla del río Huécar hasta encaminar la rampa que lleva hasta el convento de los  Padres Paúles y  luego cruzar el puente de San Pablo, para llegar hasta la plaza mayor y allí sentarse un rato en las escaleras de la catedral.
                    Dependiendo de la temperatura y las ganas, volvía  por el mismo sitio, o se encaminaba a la calle Alfonso XIII, por debajo de los arcos del ayuntamiento, hasta llegar a los oblatos entre altos edificios coloridos, donde cogía el callejón de los resfriados para bajando callejuelas escalonadas, llegar al fin de nuevo al puente de la puerta Valencia y a su casa a comer.
              Cuando cayó enfermo, lo llevaron al hospital de Santiago (principalmente para gente sin recursos).   Allí paso varios meses en la primera planta, por una grave afección pulmonar.    Una gran sala, unas treinta camas con un amplio pasillo central  donde estaban todos  los hombres.
     Una vez empezó a levantarse, el médico le dijo que debía andar sin fatigarse y que todo iría bien, pero  gracias a aquel párroco, y debido a que vivía el solo en aquella pequeña casa a la que le faltaba de todo menos humedad, siguió ingresado hasta su total recuperación.
    Todas las mañanas después de desayunar se bajaba a la planta baja, (allí estaba el dormitorio de mujeres), en el centro había un bonito patio central con una preciosa fuente octogonal que dejaba brotar cuatro chorros de agua fresca, con unos de jardinillos flanqueándola.
           Enseguida hizo buenas migas con un señor bajito, (Celedonio), que era el jardinero.     Con él conversaba a diario y juntos oían su pequeño transistor. Celedonio le contaba historias, mientras cuidaba de las plantas y él para no molestar las oía sentado en la fuente, aunque aquello no le gustaba demasiado a las hermanas, pero hacían la vista gorda.
        Una vez le dieron el alta, cambió su ruta de paseo.
        Después de pararse y santiguarse ante el convento de las monjillas, seguía el curso del rió por la calle de los Tintes, hasta coger la calle que lo llevaba por la parte de atrás de correos y el banco de España, hasta la plaza del mercado y el gobierno civil, para acceder a la plaza de Cánovas y después de una pequeña cuesta visitar a su gran amigo en el hospital.   Nada más entrar, siempre decía lo mismo: .- si ves que molesto me voy.       Pero nunca era ninguna molestia, si no una compañía que agradecer.    Allí pasaba un rato y se iba, esta vez por carretería adelante, para llegar a la nueva iglesia de san Esteban y entre la diputación con sus dos grandes tejos a la entrada y  la escuela de Aguirre, donde había ido de pequeño, llegar al restaurante los claveles.    Le gustaba  pararse a mirar el pequeño escaparate, siempre limpio y lleno de manjares de la tierra que cambiaban poco a poco, dependiendo  de la época del año.   Después calle 18 de Julio adelante volvía de nuevo al punto de salida.
         Uno de esos días llego al hospital desolado y triste, unos gamberros se rieron de él y le tiraron el transistor al suelo. La carcasa de plástico se había roto.  
           Celedonio, le pidió a una monja por favor un poco de esparadrapo, pegó la carcasa, y le volvió a poner las pilas.  Cuando al girar la ruleta empezó a sonar, su cara se volvió luminosa, empezó a besarlo, como si hubiera hecho un milagro fuera del alcance de cualquier mortal.
            Debido a que las hermanas no ponían buena cara cuando lo veían llegar;  empezó a espaciar las visitas, no le echasen algún rapapolvo a su gran amigo,  que seguía como siempre atareado con aquellas plantas.
            Ya en verano, paseaba por la parte superior de la hoz del Huécar, pasada la cárcel en el barrio del castillo, cuando comenzaron a oírse unos alaridos pidiendo más que  auxilio, eran  estremecedores, todos los vecinos se acercaron a las rocas a ver qué pasaba.     En un mínimo despiste de la madre, un niño se había asomado a mirar el río desde la altura del precipicio y su cuerpo se había precipitado al vacío.  Por suerte había quedado colgado en el tronco de un pinacho que había nacido en la roca.
            Unos vecinos corrieron a llamar a la policía, otros a los bomberos, las mujeres consolaban y sujetaban a la madre para que no hiciera ninguna locura.
              Por la parte de las huertas no había acceso para los camiones con las escaleras y desde arriba la solución era bajar con cuerdas.  El tronco empezaba a debilitarse y un señor fue hasta su casa a coger una larga soga para estar preparados cuando llegase la autoridad.
     Alberto, dejo su transistor en el suelo, se agarró con fuerza de la punta de la soga con su único brazo y pidió que lo bajasen, para subir al pequeño, una vez llegó a la altura del chiquillo;  apoyó uno de sus pies con cuidado en la base del tronco y lo ató como pudo por debajo de los hombros dándole varias vueltas y diciéndole que se sujetase con todas sus fuerzas a la soga más o menos atada  dentro de sus posibilidades.    Se agarró también,   todos, hombres y mujeres empezaron a tirar con todas sus fuerzas.         Un poco antes de llegar arriba, notaron como el peso se aligeraba.     Al que había arriesgado su vida por aquel niño, se le  habían agotado las fuerzas y desfallecido por el cansancio abría su mano soltando la soga, quedaba solo como siempre, a merced del abismo hasta chocar bruscamente contra el suelo que lo acogía con sus brazos abiertos.
           Al día siguiente, el que tanto le ayudó, oficiaba su funeral.   El  Cristo del Amparo estaba lleno de gente rindiéndole homenaje en su despedida, siempre estaría presente en ellos su gesto valiente y desinteresado.
            Después de aquello, nadie puso una lápida ni una simple cruz con su nombre, en aquella tumba prestada, hecha para los que no tenían donde ser enterrados.
     En el día de de los difuntos, ni una flor sobre la tierra que lo cubría.      Quién sabe si en algún sitio se escuchó una oración por su alma o ni si quiera eso.
         Llegada la primavera empezaron a crecer hierbas, entre todas ellas, nacieron unos bonitos pensamientos, fruto de unas semillas que había traído el viento.
        Sí, el viento del abismo de los hocinos, el único que cada año depositaba sobre su tumba semillas. El viento de la hoz del Huécar que hacia un largo recorrido para llegar al cementerio. El viento, el único que se acordaba cada primavera de él.

      




     

domingo, 16 de noviembre de 2014

Sentencia de muerte

       Transcribo otra cosa que también escribí cuando tenía 15 años.
        Una noticia que salió por televisión, me hizo sentirme apenado de aquel hombre que sería ejecutado. Me imagino que sería un caso de Estados Unidos, ya que lo que sí recuerdo era que hablaba de un jurado y creo que aquí no existía ese modelo.
         Soy consciente que ahora le habría dado un enfoque totalmente distinto, los tiempos cambian y por suerte algunas formas de enfocar un problema social como la violencia de género también.
       Igualmente creo, que no hay nada mejor que recordar el pasado, para encauzar el presente, decidiendo que camino coger hacia el futuro para que nos lleve a lo que hace algún tiempo se consideró imposible.
   Seguro que si alguien hoy escribiese esto le caerían ostias por todos los lados, pero yo simplemente lo público, para que no se olvide lo que podía pensar un niño con una mentalidad de hace cuarenta años, con el único propósito que nos demos cuenta que hemos avanzado mucho, pero que aún queda mucho por delante que caminar.

Sentencia de muerte

   Por matar a mi mujer
Me quieren quitar la vida
Porque ella se volvió puta
 Y  yo me llené de ira,
    Sé que no tengo derecho
A matarla por la espalda
Y  me han de quitar la vida
Antes de ser enterada.
   Sin juicio me han condenado
Sin llamar a un abogado
El hombre por ser un hombre
La mujer por ser mujer
La muerte me han otorgado
Y al no saber lo que hacer
La sentencia yo he firmado,
    Mañana al amanecer
Antes de salir el sol
Se formará el pelotón
Y al llegar al paredón
Redoblarán los tambores
Y yo perderé la vida
Al cumplir la ejecución.
      En la celda con el cura
Yo comenzaré a rezar
Y algún manjar exquisito
Después yo podré cenar,
      Para cenar pediré
Magnolias envenenadas
Pero no las comeré
Hasta sentir en mi cuerpo
Que entran ya las cinco balas
Por si acaso no da tiempo
Las estrujaré en mis manos
Para que el veneno me entre
A la sangre por mis venas
Y yo muera envenenado.
     Los hombres no la querían
Nada más que como zorra
Y aunque les cobrase caro
Los hombres iban a verla
Pues se creían amados
Aun sabiendo que el dinero
No compra amor si no gusto
O placer embarazado,
     Las mujeres me acusaron
Por matar a una mujer
Perdón ya suenan tambores
Y a la muerte he de ir a ver
Para contarle mis penas
Antes de yo un muerto ser
Me dirá que hasta el infierno
A mí me acompañará
Y cuando llegue a la puerta
Con un beso despedirá
Al hombre que fue juzgado
Sin tener siquiera juez
Y al otro día fusilado
Por matar a una mujer.
Carlos Torrijos
15 de Abril de 1974


            La transcripción está hecha tal cual está escrita en una hoja cuadriculada, sin agregar ni una coma, por lo que os las tendréis que imaginar.





sábado, 15 de noviembre de 2014

Las cosas volverán

               Esto lo escribí cuando contaba con  15 años, fue a causa de oír una conversación (me imagino que en mi casa) de varias personas, entre las que se encontraba un hombre, que se había ido después o durante la guerra por motivos que mi edad no llegaban a entender y que después de mucho había podido volver a su tierra.
Las cosas volverán
     Un hombre se ha marchado
Quien sabe donde
Se fue por un camino
Hacia el horizonte,
Un hombre se ha marchado
Sin un destino
Pensando que otras tierras
Darán su abrigo.
     La fuente se ha secado
Ya no cae agua
La flor se ha marchitado
 El nacer el alba,
El pájaro no canta
Por no ser visto
El que sabe esconderse
Es el más listo.
     Volverá otra vez la paz
A este mundo cruel
Volverá a cantar el pájaro
Volverá el agua a correr
Volverán a florecer
De nuevo otra vez
Las flores que en el pasado
Se marchitaron también.
     Volverá el hombre a su tierra
Volverá con la ilusión
De ver como corre el agua
De ver como sale el sol
Poe detrás de las montañas
Donde ese hombre nació.
     Volverán todas las cosas
A los sitios donde estaban
Sonreirá quien reía
Y llorará quien lloraba.......

Carlos Torrijos
12 de septiembre de 1974


jueves, 13 de noviembre de 2014

Celebración


    En  esta provincia, Cuenca
tan extensa como bella
desde los riscos serranos
a las llanuras manchegas.
tan diferentes paisajes
como su gastronomía,
tan hermanadas sus gentes
como Cristo con María.
son tantas sus diferencias
que causan admiración,
pero Cuenca solo hay una
y conquenses todos son.

      Rodeado de manjares
  sobre la mesa ya puestos:
      Morteruelo, ajo arriero
gazpachos y garbanzada,
zarajos, queso manchego
truchas de rio, unas gachas
y perdiz escabechada,
una ristra de chorizos
y al lado unas morcillas,
unas patatas con hongos
y unas migas serranillas.

     De postre tendremos puches
y pestiños con natillas,
leche frita, alajú,
y después unas torrijas.

    De la mancha vendrá el vino,
de la sierra el aguardiente,
sin faltar nuestro resoli
hasta terminar calientes.

    Pá los pequeños un zurra
con poquitos grados hecha,
que hay que cuidar a la infancia
de aquello que les acecha.

    Música tradicional
para acabar esta fiesta
un pasodoble, unas jotas
 y luego una buena siesta.

     Los padrinos Sole y Carlos
os invitan a este evento
donde reinara la paz
y estaréis todos contentos.

    Por el poder otorgado
Quely le pondrán de nombre
como símbolo de amor,
pureza, real grandeza
y sentido del humor.

    Con ello se comprometen
a cuidarla y educarla,
para que todo conquense
pueda sentirse orgulloso
donde ella los represente.

    Ahora unamos nuestras manos
con especial devoción,
puesto está Cristo en las andas
y empieza la procesión.

      Este compromiso fiel
que no caiga en el olvido,
la fiesta ya se ha acabado
cada mochuelo a su olivo.

     Que viva siempre este grupo
viva Cuenca y los conquenses,
la madre que parió a Quely
y a todos los asistentes.

   ¡Ah! y un  hurra por los padrinos
que creo se lo merecen
esperando que esta fiesta
la celebremos más veces.

                               Hip, hip. HURRA.
                                                             © Nacidos en Cuenca

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un encargo



     He recibido un encargo doloroso de realizar, me he de meter en el cuerpo de otra persona y escudriñar en su mente.  Poder encontrar ese rincón escondido donde oculta esa vieja probeta llena de un líquido oscuro, amargo y mal oliente, y así lograr destilarlo una y mil veces, hasta que del alambique sea capaz de sacar una simple gota transparente, dulce y con un aroma excelente.
       En caso de que sea salado, será una lágrima, pero llegó el momento.   Mejor llorar de dolor que seguir con una hipócrita sonrisa de indiferencia.

            Antes de empezar: perdón. Lo has pedido por favor y flaco favor te hago. Ahora me he poner el disfraz de escritor, pero si así lo quieres vamos allá.


   MADRE;
¿Por qué dejaste que naciese?
¿Por qué nunca oíste mis palabras?
¿Por qué tus ojos, no me vieron?
¿Por qué nunca se dignaron a leer mis poesías?
¿Por qué tus celos de rabia, por demostrarle mi amor a ese ser que es mi padre y siempre me protegió?
¿Por qué en vez de darme un beso, quisiste causar dolor?
¿Por qué no sentí  tu abrazo?
¿Por qué cerraste los labios  cuando quise oír un te quiero y mi nombre blasfemante, cuando el amor me invadió?
¿Por qué me has hecho sufrir, lo que tú tal vez sufriste, sin culpa de lo que hicieran los que por padres tuviste?
       Yo te seguiré queriendo
por más que siempre te pese
hasta en tus ultimas horas
estaré junto a tu almohada
esperando un simple abrazo
esperando oír te quiero
esperando el que tus labios
me den un beso sincero.
     Y lloraré  tu partida
maldiciendo ese momento
tal vez por no haber logrado
lo que siempre he echado en falta
lo que siempre fue mi anhelo.
Aunque así sea: Gracias.
         Gracias por enseñarme,
 lo que no se debe hacer,
a querer con toda el alma
a dedicarles mi tiempo
mi cariño y mi perdón
a que nunca ellos les falte
lo que nunca tuve yo.
       Jamás han de echar de menos
un beso, un simple abrazo
o cada noche un te quiero,
a la hora de dormir
cuando todo está en silencio.
         Por enseñarme a escucharlos
cuando  algo quieren contar
y demostrarles mi orgullo
de lo que hacen cada día
que sepan que soy su madre
y me llena de alegría.
        Gracias madre, sigo aquí
solo  espero un simple gesto
y que estas palabras mías
no te alteren el dormir.

De Carlos Torrijos, para una madre.
A mí, no me corresponde juzgarla
¿No quiso, no supo?…..ella sabrá.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Halago



    Mi última entrada publicada me ha hecho reflexionar.
          Alguien me ha hecho un halago y como tal me lo tomo: eres un buen escritor (ni es cierto ni lo pretendo).
     Considero que un buen escritor en aquel, que aparte de saber escribir, pone su talento, imaginación y cultura a disposición de sus lectores, para los cuales escribe.
     Ya que de talento y cultura ando un poquito escaso, añado a la imaginación, alma y corazón y simplemente comparto con mis lectores aquello que escribo para quien aún no me lee.
    La única finalidad es que esa niña, que está viviendo el lugar que le corresponde en su adolescencia. Con su mente en las preocupaciones basadas en sus primeros pasos en el sentimiento del amor y únicamente lee, lo sus estudios le exigen.       Algún día cuando a su sangre deje de afectarle la llegada de la primavera, lea lo que escribí, recuerde este momento y me conozca un poco mejor. 
             Un legado, para que pueda explicarle a sus hijos, quien era su excéntrico abuelo, inquietudes, aciertos y errores, estados de ánimo que superó y aquellos que lo desbordaron,  cal fue su lucha, cual su victoria y cual su derrota
    Quisiera que ese día, sea considerado por ellos como un sencillo transmisor de sentimientos y emociones.
     Pongo el listón bastante alto.  No sé, si lo conseguiré, pero intentaré llegar a ello.
               Qué más quisiera yo, que saber escribir, contar con un vocabulario extenso y comprensible por todos al mismo tiempo.      Pero cada uno es cada cual y adaptándome a las circunstancias, puede que logre no ser mejor ni peor, simplemente plasmar en mi diario las vivencias de manera diferente.
            Estimados lectores, gracias por leerme e intentar comprender mis interioridades, aunque muchos, no conozcáis ni mi  rostro.
       Seguiré esbozando historias, opiniones y poemas, para que esta etapa de mi tiempo, no sucumba en el olvido.

Que te vaya bonito



      Después de tanto elegir
ahora donde has caído
quisiste ser la princesa
y en sapo te has convertido,
brindaste tu juventud
siempre al galán más bello
rompiste mil corazones
vanagloriándote de ello.
    De chica de compañía
te vendiste por dinero
creyendo que alguno de ellos
te elevaría hasta el cielo,
jamás amaste a ninguno
jamás ninguno te amó
tú eras solo el modelito
tan solo te quise yo.
   Los años no perdonaron
la juventud se acabó
la tersura de tu piel
en arruga convirtió
la firmeza de tu cuerpo
en flacidez terminó
y ahora pretendes la vuelta
de quien tu mente olvidó.
   Llegas demasiado tarde
para volver al pasado
para encontrar un lugar
donde nunca tú has estado,
un sitio llamado amor
donde jamás te paraste
un rincón, felicidad
que con monedas compraste.
    Ahora es tarde , ya te digo
aquel joven que te amó
se quedó junto a tu olvido
hasta el diablo lo ignoró
cuando a cambio de tu amor
pretendió vender su alma
y hasta este la despreció.
        Suplícale su consejo
siempre estuviste a su lado
quizás el diablo te compre
lo poco que te ha quedado
lo que siempre estuvo en venta
pero nadie lo ha comprado
lo que ignoraste tener
y no ha sido subastado.
   Si encuentras un día a alguien
aunque sea un ser maldito
confórmate ya es bastante
olvídate de mi nombre
y que te vaya bonito.
En toda ficción hay algo de mí
por mas que busco, en esta no me encuentro.